Hacia un nuevo consenso internacional sobre la vida silvestre

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A más de un año de la pandemia de coronavirus, los vínculos entre la crisis sanitaria mundial y la explotación de vida silvestre siguen estando en el centro del debate científico.

El primer informe oficial de la Organización Mundial de la Salud (OMS) respalda que el Sars-Cov-2, tal como el síndrome respiratorio agudo grave (SARS) o el síndrome respiratorio del Oriente Medio (MERS), tiene su origen en el contacto directo o intermediario de un animal.

Múltiples especialistas como el Dr. Johathan Kolby, ex oficial de aplicación de la ley de vida silvestre del Servicio de Pesca y Vida Silvestre de los Estados Unidos (USFWS) y especialista en políticas CITES, aseguran que el tráfico de vida silvestre ha propiciado, de hecho, el aumento de choques en la dinámica animalia-sapiens1.

La consecuencia es lógica: más enfermedades zoonóticas se unen al listado de problemas de salud año tras año y su tratamiento, médico y jurídico, se torna cada vez más complejos.

El síndrome respiratorio agudo grave (SARS)  o el síndrome respiratorio del Oriente Medio (MERS) son algunos precedentes del riesgo global de la depredación de la vida silvestre.
Cadenas teóricas del surgimiento de coronavirus humanos. Fuente: José Eduardo Oliva Marín/Revista Alerta.

En efecto, la demanda mundial por alimentos, la falta de regulaciones nacionales, y el crecimiento casi exponencial del comercio internacional sobrepasan cualquier marco regulatorio: el tráfico ilícito de vida silvestre se posiciona como el cuarto comercio ilegal más grande del mundo con la suma de $26 mil millones anuales (2019, WWF).

Por ello, crear un nuevo consenso que regule el comercio de vida silvestre es imperativo para prevenir futuras pandemias y preservar el equilibrio local de los ecosistemas. Cerrar los mercados húmedos, penalizar internacionalmente la depredación grave de flora y fauna, y reformar la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES) son algunos pasos claves.

Un alto riesgo para la salud global

El crecimiento de canales de interconexión transnacionales, además de ofrecer ventajas y oportunidades, conllevan altos riesgos globales y niveles de incertidumbre. La pandemia de coronavirus impactó transversalmente el mundo. Con más de 156.272.647 de casos reportados a nivel global; el desempleo, la deuda pública, así como la desigualdad económica han aumentado dramáticamente, agudizando las crisis locales y el malestar social en los países más castigados por el virus.

De hecho, aunque las posiciones representantes de Estados Unidos o Reino Unido expresan su escepticismo entorno al origen espontáneo del virus, aproximadamente un sesenta por ciento de todas las enfermedades humanas conocidas hasta la fecha encuentran su origen en animales2, siendo, en gran parte, por la alteración del orden natural de la vida silvestre.

En este sentido, el primer paso para un nuevo consenso internacional sobre vida silvestre pasa por cerrar los espacios que hacen posible los saltos de microorganismos de animales a los seres humanos: los mercados húmedos o wet markets.

Un mercado húmedo es un espacio donde se comercializa y consume vida silvestre sin controles sanitarios3. Estos mercados no solo existen en Asia; también en África y América Latina, y según se definan, pueden ser identificados en prácticamente cualquier parte del mundo.

Los mercados húmedos tienen un impacto negativo en la salud pública.
Los mercados húmedos tienen un profundo impacto negativo en la institucionalidad y en las economías locales. Fuente: Toronto Star Journal.

Irónicamente, aunque muchos discuten la crueldad y el riesgo que contemplan estos espacios, pocas o ninguna noción se ha impulsado para clausurarlos en las distintas microrregiones: ningún país, incluyendo los latinoamericanos, han discutido el cierre o reforma hasta la fecha.

A nivel multilateral, el desempeño ha sido igual de decepcionante. El intercambio de opiniones sobre un nuevo marco legal más abierto y transparente es prácticamente nulo en espacios intergubernamentales, siendo el lobby civil y científico los principales actores de discusión. Curiosamente, el Departamento de Estado durante la era Trump llegó a incluirlo de manera fugaz en su política exterior. En el contexto de las tensiones geopolíticas y tecnológicas con China, el ex secretario de Estado Mike Pompeo sostuvo:

“El cierre de estos mercados (en China y en el exterior) reduciría los riesgos para la salud humana (…) y desalentaría el consumo de vida silvestre y productos de vida silvestre traficados”.

Mike Pompeo, ex secretario de Estado de EE.UU (19 abril 2020)

Si bien la administración Trump no llegó a tomar acciones sustantivas; la cita del ex secretario estadounidense nos permite analizar una dinámica fundamental: la rentabilidad de estos mercados está íntimamente ligada a la salud del tráfico y consumo de vida silvestre a nivel mundial.

Ninguna medida nacional puede, pues, ser totalmente efectiva sin restricciones adicionales al comercio internacional de vida silvestre. Esto llevaría a una eventual clandestinidad, donde los mercados húmedos que hoy observamos estarían menos regulados generando mayores riesgos.

Reformas a la regulación de comercio: el elefante en la habitación

Desde 1975, el comercio internacional de vida silvestre está regulado por la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES). Con más de 183 países firmantes, la CITES puede considerarse como el acuerdo más importante en materia de conversación de especies: toda importación, exportación, reexportación o introducción de especies procedentes del Apéndices I y II de la Convención está amparada legalmente de un permiso o licencia para evitar su sobrexplotación4.

El problema de la CITES, no obstante, es la exclusión de criterios referentes a la salud pública en la selección de dichas especies. El acuerdo toma en cuenta como criterio general el estado de conversación de los organismos, más no así los riesgos consecuentes en la salud de otras especies cuya conservación no está en riesgo.

Por ejemplo: La exportación de la rata de Gambia (Cricetomys emini), un roedor en preocupación menor, y, por tanto, fuera del listado de especies de la CITES, llevó al surgimiento del primer caso de viruela de simio en el hemisferio occidental en 2003, posibilitado gracias al contacto y hacinamiento de dichos roedores con otros antes de ser enviados a sus destinos dentro y fuera de los Estados Unidos.

Investigadores, activistas y ex empleados de aduanas alrededor del mundo coinciden que esta falta de modernización ha permitido que el comercio ilegal prolifere en una suma de $ 26 mil millones al año, por lo que hay que tener al menos tres aspectos al momento de reformar el comercio de vida silvestre:

  1. Invertir el orden del listado. Es decir, incluir únicamente aquellas especies en las que se permite el comercio y no las que están en peligro. Esto abriría espacio a exigir a aquellos que quieran comercializar a hacerlo de manera sostenible.
  2. Mayores controles en los mercados domésticos. Dichos espacios están fuera de la jurisdicción de los marcos regulatorios internacionales cuando los animales comercializados internamente han cruzado fronteras6.
  3. Armonización de protocolos aduaneros. La convención todavía se basa en un sistema de permisos en papel cuya integración muchas veces no coincide con los protocolos aduaneros internacionales, lo que genera una falta de transparencia y trazabilidad en la industria.

Asimismo, líderes y abogados como John E. Scanlon, CEO interino de la Fundación Elephant Protection Initiative, proponen reconocer los delitos contra la vida silvestre como un delito grave e integrarlo en el marco del derecho penal internacional. Actualmente no existe un acuerdo legal global sobre los delitos contra la vida silvestre.

Número de equivalentes de pangolín enteros incautados y número de incautaciones anuales, 2007-2018.

Según el reporte de vida silvestre de Naciones Unidas (2020) las detenciones de pangolines (mamíferos pequeños) se ha disparado desde el año 2014.
El tráfico ilegal de pangolines se ha disparado desde 2014 ante la popularización de sus fines curativos. Fuente: UN Wildlife Report 2020

Asimismo, el tráfico ilegal de vida silvestre ha demostrado no ser espontáneo ni aislado. Es un negocio organizado transnacionalmente, sostenido por la corrupción institucional; y con efectos devastadores sobre las comunidades locales, la seguridad, la salud pública y ecosistemas completos5.

El pangolín, por ejemplo, pese a ser el mamífero más protegido por la CITES es, a la vez, el más traficado del mundo. Las redes de depredación extraen al pangolín de África subsahariana hasta el sudeste asiático través del contrabando y la corrupción aduanera. Actualmente las tres especies de pangolines están en peligro de extinción.

Hacia un nuevo consenso

La Conferencia de las Partes de 2022 es la próxima gran oportunidad para la vida silvestre. Los países latinoamericanos y caribeños dispondrán del espacio para expresar de una manera autónoma y autosuficiente sus preocupaciones. Las propuestas de reforma a las CITES deben ser presentadas por al menos uno de los países signatarios en la conferencia7, siendo, de preferencia, un país del área de distribución y/o sin intereses ideológicos o comerciales de peso para facilitar su probabilidad de éxito.

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Además, combatir los graves delitos ambientales también sería posible incluyéndolos en la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional (Convención de Palermo). Sin embargo, ningún esfuerzo puede ser efectivo sin medidas locales. Las campañas para la reducción de su consumo son indispensables como medio complementario a nivel nacional para crear políticas más restrictivas que las que cualquier orden internacional puede realizar.

Es imperativo discutir la necesidad de un proyecto más inclusivo; establecer medidas para detener la depredación; y hacer sostenible el comercio y moderar el consumo ilegales de vida silvestre en función de mantener la relación biológica en los ecosistemas (calidad del agua, temperatura, suelos).

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1. Tommy Tsan-Yuk Lam, Marcus Ho-Hin Shum. 2020. Identifying SARS-CoV-2 related coronaviruses in Malayan pangolins. (Nature, 2021) pág
3 y Johnathan Kolby, “To prevent the next pandemic, it’s the legal wildlife trade we should worry about”, https://www.nationalgeographic.com/animals/article/to-prevent-next-pandemic-focus-on-legal-wildlife-trade, (consultado el 21 de abril de 2021).
2. World Health Organization, “Of all human diseases, 60% originate in animals – “One Health” is the only way to keep antibiotics working”, WHO, https://www.euro.who.int/en/health-topics/disease-prevention/food- safety/news/news/2018/11/of-all-human-diseases,-60-originate-in-animals-one-health-is-the-only-way-to-keep-antibiotics-working (consultado el 21 de abril de 2021).
3. The Guardian, “What is a wet market”, The Guardian, https://www.theguardian.com/global-development/2020/apr/16/what-is-a-wet-market-coronavirus (consultado el 21 de abril de 2021).
4. John. E. Schalon, “Virtual U.S. Caucus Hearing on COVID-19 and wildlife trade”, https://www.linkedin.com/pulse/virtual-us-caucus-hearing-covid-19-wildlife-trade-oral-scanlon-ao/ (consultado el 28 de abril de 2021)
5. CITES, “Apéndices I, II y III de la CITES”. https://cites.org/esp/app/index.php (consultado el 30 de abril de 2021).
6. Willow Outhwaite, Addressing corruption in CITES documentation processes, TRAFFIC, https://www.traffic.org/site/assets/files/12675/topic-brief-addressing-corruption-in-cites-documentation-processes.pdf (consultado el 30 de abril de 2021).
7. Mongabay Newrs, “Campaigners push for reform of outdated CITES wildlife trade system”, MN https://news.mongabay.com/2019/08/campaigners-push-for-reform-of-outdated-cites-wildlife-trade-system/ (consultado el 6 de abril de 2021).
8. UNODC, World Wildlife Crime Report 2020: Trafficking in Protected Species, United Nations (Viena: Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, 2020) pág 14.

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