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COVID-19 y la resiliencia de los pueblos indígenas

 

 

Desde 1994, cada 9 de agosto se conmemora el Día Internacional de los Pueblos Indígenas. El tema principal del evento de este año fue COVID-19 y la resiliencia de los pueblos indígenas. A través de distintas conferencias virtuales en donde participaron organizaciones indígenas, agencias de la ONU, Estados miembros, sociedad civil y partes interesadas. Se discutieron las formas innovadoras en que los pueblos originarios siguen resistiendo y demostrando su fortaleza frente a la pandemia, así como al resto de las amenazas a su supervivencia.[1]

Con aproximadamente 851 mil decesos y cerca de 25.5 millones de contagios contabilizados a la fecha[2], la pandemia por coronavirus está afectando a las poblaciones de cada país. Más el efecto no es el mismo en todos. Ya que los países en desarrollo y en situación de crisis son aquellos que están y seguirán padeciendo mayor deterioro. En tal escenario, los sectores de la población más vulnerables son las mujeres; personas dependientes de la economía informal; incapacitadas; refugiadas; desplazadas y el resto de las minorías, en particular, las comunidades originarias.[3]

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Pueblo Tikuna en Leticia, departamento del Amazonas, Colombia. Fuente: Atalayar.

Según datos de Naciones Unidas, existen alrededor de 476 millones de indígenas viviendo a lo largo de 90 países. Pertenecientes a aproximadamente 5,000 grupos distintos, representan poco más del 5 por ciento de la población mundial y el 15 por ciento de los más pobres. Esto se visibiliza en que tienen un acceso deficiente a la atención sanitaria, y en caso de tener instalaciones médicas locales cercanas, están mal equipadas y/o no tienen personal suficiente; padecen tasas más altas de enfermedades transmisibles y no transmisibles; carecen de acceso a servicios esenciales y a productos clave para medidas preventivas como agua limpia, jabón, desinfectante, entre otros.[4]

La siguiente tabla sirve para ejemplificar la problemática mencionada. En ella se demuestra que en México es mucho mayor el porcentaje de muertes por COVID-19 en las y los pacientes que hablan algún idioma indígena y se hospitalizan, que en comparación con la población que no lo habla. La mortalidad del primer grupo es de 17.3%, mientras que la del último es de 10.8%.[5]

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Fuente: Proceso.

Lamentablemente, tales circunstancias no son los únicos peligros para su integridad, ya que continúan enfrentándose al estigma; discriminación; pobreza extrema; desplazamientos forzados (como es el presente caso de 1,236 personas Tzotziles en el municipio de Chalchihuitán, Chiapas)[6] entre otros problemas endémicos.

Cómo lo manifestó el actual Relator Especial de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas, José Francisco Cali Tzay ‘‘cada día estoy recibiendo más reportes desde cada lugar del mundo sobre cómo las comunidades indígenas son afectadas por la pandemia del COVID-19, y me preocupa profundamente saber que no siempre se trata por problemas de salud’’.[7]

¿CÓMO HA IMPACTADO EL COVID-19 A LAS COMUNIDADES ORIGINARIAS?

Pese a dichas adversidades, los pueblos originarios han actuado rápidamente para protegerse de la propagación del virus, utilizando sus propios mecanismos y conocimientos tradicionales de defensa. Mismos que han aprendido por generaciones en respuesta a la vulnerabilidad que padecen en cuanto a la violación de sus derechos humanos e infecciones virales. Así han demostrado que son comunidades fuertes y resilientes.

Sin embargo, tales cualidades no les han exceptuado de sufrir las consecuencias más graves de la pandemia. En los pueblos originarios amazónicos del Perú, la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (AIDESEP), indicó a finales de julio que se han detectado más de 10 mil contagiados y más de 400 decesos. Julio Cusuruchi, presidente de la Federación Nativa del Río Madre de Dios y Afluentes (FENAMAD) comenta al respecto:

La cifra de 10 mil contagiados entre los pueblos amazónicos es la que las organizaciones manejamos con la información que tenemos, pero la cifra real debe ser bastante mayor. No se hacen pruebas en todas las comunidades y en las que se hacen se realizan pocas. En una comunidad se hicieron 24 pruebas y 19 estaban infectados. En otra comunidad, de 30 pruebas, 15 fueron positivas. Las comunidades se están infectando en forma acelerada y no tenemos apoyo de las autoridades. No tenemos asistencia médica ni medicina, nos estamos curando con plantas, eso nos está ayudando muchísimo, sino tendríamos muchos más muertos.[8]

La Nación Navajo, población originaria más grande de los Estados Unidos y que comprende los estados de Arizona, Nuevo México, Colorado y Utah, superó a Nueva York al tener más de 3,100 casos confirmados de coronavirus y una mortandad de 1000 personas a mediados de mayo. Con 300 mil navajos empadronados, se convierte en el pueblo indígena con el índice per cápita de contagio más alto del continente americano.[9]

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Anuncios pidiendo a la comunidad navajo que se resguarde y advirtiendo sobre un toque de queda en el Lago Casamero, Nuevo México. Fuente: Insider.

Las comunidades originarias del Sureste Asiático también se enfrentan a múltiples riesgos además del COVID-19. En Myanmar, la población indígena sobrelleva la cuarentena mientras sigue desarrollándose una guerra civil en donde el Tatmadaw (Ejército birmano) aumenta sus ofensivas contra el Ejército de Arakán.[10] En Filipinas, el pueblo Mangyan (grupo de ocho tribus en la isla de Mindoro) ha sido ignorado en la entrega de alimentos y suministros por parte del gobierno. A pesar que en mayo se reportó el primer caso positivo de un niño indígena infectado.[11] Y en abril, en las montañas del norte de Tailandia, las comunidades originarias batallaron contra los incendios forestales, sin tener una ayuda significativa de las autoridades gubernamentales.[12]

La preocupación mayor de las y los líderes indígenas en el sur de África es la decisión de la mayoría de los gobiernos de cerrar mercados. Lo cual ha tenido un fuerte impacto en sus economías frágiles. Ya que en las áreas urbanas pobres, la gente experimenta inseguridad alimenticia. Y en las áreas rurales, pese a que la población cuenta con sus propios recursos, las restricciones al comercio y la circulación ejercen presión sobre estos. Además, en la región del Sahel (hogar de múltiples pueblos identificados como indígenas) la prevención de la pandemia es difícil de priorizar dado sus problemas de inseguridad y conflictos armados.[13]

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Campaña de información sobre los cuidados ante la pandemia de COVID-19 en Chad. Fuente: UNESCO.

Desafortunadamente las situaciones mencionadas solo constituyen una mínima parte del enorme cuadro de casos en que se puede ilustrar la complicada situación para los pueblos originarios dentro de la pandemia. Aunado a los demás problemas que los han acechado antes del COVID-19. Si bien no son menos importantes, el objetivo del presente artículo va más allá de abordar las consecuencias de la actual coyuntura en sus territorios. Al contrario, retomando el tema principal del Día Internacional de los Pueblos Indígenas, se expondrán algunas de las formas en que las comunidades originarias, en diversas latitudes del globo, se han organizado para protegerse, como grupo y como individuos, de la pandemia.

Lo que cobra mayor relevancia al saber que ‘‘los pueblos indígenas con población reducida, los pueblos aislados o en contacto inicial, algunos transfronterizos, corren serio riesgo de ver afectada su propia existencia’’.[14] Basta recordar que la viruela, el sarampión y otras enfermedades desaparecieron al 80% de las poblaciones nativas en América tras su contacto con la gente de Europa. O que la pandemia de influenza H1N1 de 2009 resultó de 3 a 6 veces más mortal entre las comunidades originarias que en las poblaciones no indígenas de América y el Pacífico. [15]

Pese a los embates de la colonización, la formación de Estados independientes, la modernidad y la globalización, los pueblos originarios en general han conservado su identidad y tradiciones. Ello ha demostrado su capacidad de innovación, adaptación y resiliencia. Una definición pragmática de este último concepto, según el sociólogo Stefan Vanistendael, es “la capacidad de una persona o un grupo para superar grandes dificultades y crecer a través o en presencia de ellas de manera positiva’’.[16]

Para los grupos indígenas, un elemento fundamental de su resiliencia es el conjunto de conocimientos y prácticas ancestrales, generadas y transmitidas a través de la historia. Lo cual les ha servido para el manejo, ordenamiento y uso sostenible de los recursos [17] o bien, para hacer frente a las amenazas epidemiológicas.

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La medicina tradicional fue incluida por el Parlamento Latino como alternativa de combate al COVID-19. Fuente: Punto U.

LA RESILIENCIA INDÍGENA EN ACCIÓN

La comunidad Kankuama de la Sierra Nevada de Santa Marta, Colombia, ha adoptado las siguientes medidas para evitar y tratar el virus. Su primera acción es controlar el ingreso y salida de cada persona; en segundo lugar ‘‘se hace una armonización espiritual y pagamentos a los sitios sagrados en todas las comunidades indígenas a lo largo y ancho del país, donde se le pide permiso a la Madre Tierra para manejar el virus y para que llegue la sanación’’; el tercer paso es el uso de plantas cuando se genera un desequilibrio en el cuerpo y en el cuarto, se da entrada a la interculturalidad, al conjugar el uso de la medicina tradicional con medicamentos específicos para cada etapa de la enfermedad. En palabras de Ydyd Ramos, indígena kankuama, quien recibe todas las recomendaciones, consejos y conocimientos de las mayoras (médicas y médicos tradicionales) del país, para difundirlo en las comunidades originarias en todo el territorio. Cuando las personas no tienen el virus o son asintomáticas, además de las recomendaciones generales, pueden tomar un té o infusiones de una planta conocida como primavera. O en caso de que se presenten síntomas graves del virus, como dificultad respiratoria o dolor de garganta, empieza un tratamiento en el que ‘‘se tienen que hacer gárgaras de bicarbonato con limón o limón con ajo, molido en agua, y vaporizaciones con cordoncillo o matico, yerbamala, manzanilla, yerbaluisa, eucalipto, y medicamentos como aspirinetas y naproxeno’’.[18]

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Pueblos indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta, Colombia. Fuente: Semana Sostenible.

A las ‘‘primeras naciones’’ en Canadá, como la nación Niisaachewan o Mohawk, les fue mejor en la primera ola de la pandemia que al resto de la población no indígena en este país. La provincia de Columbia Británica es un ejemplo de ello. En los primeros 6 meses de 2020 solo se reportaron 90 casos de COVID-19 entre las personas de las comunidades originarias. Dichos números bajos fueron atribuidos a las extraordinarias medidas de salud adoptadas por estas comunidades. Acorde al Dr. Nel Weiman, subdirector médico interino de la Autoridad de Salud para las Primeras Naciones, la experiencia en epidemias pasadas, en las que aldeas enteras casi desaparecen, hizo que la gente fuera especialmente cautelosa con el virus y lo tomara en serio. Así, estas comunidades fueron creativas para idear maneras de seguir conectadas virtualmente, instalaron remolques para cumplir el autoaislamiento, bloquearon las carreteras para controlar el acceso a sus territorios, e incluso ahora que el resto de la provincia ha reabierto, ellas luchan por permanecer cerradas. Además, alentaron a las personas a quedarse en casa mediante la entrega de comidas y recetas médicas para la población anciana. Asimismo, recurren a su medicina tradicional, como tés de hojas de cedro, los cuales les ayudan a prevenir las infecciones por COVID-19.[19]

La actual coyuntura también ha sido difícil para las comunidades originarias de Nepal. Quienes han tenido que respetar reglas que antes no aplicaban a su estilo de vida. Por ejemplo, no acostumbran lavarse las manos todo el tiempo porque su cultura es más cercana a la Madre Tierra y porque la mayoría del tiempo no cuentan con suministro de agua corriente. Además, en palabras de Pratima Gurung, activista por los derechos de los pueblos indígenas y mujeres con discapacidad en Nepal y Asia, el principal problema es el acceso a la comunicación. Ya que el grueso de las noticias sobre el COVID-19 es difundida principalmente en Nepalí e Inglés, en un país donde se hablan 123 lenguajes diferentes. Esto dificulta la llegada de la información al resto de la población. No obstante, la Red de Radios Comunitarias Indígenas (ICRN) produjo mensajes referentes a la salud en varios de los idiomas de los pueblos originarios y los transmitió en 24 estaciones de radio comunitarias indígenas. Facilitando la comunicación a comunidades que viven en zonas remotas.[20]

En cuanto a África, en la República Democrática del Congo, las comunidades indígenas en Kananga, Tshikapa y la región Kasai han incrementado su consumo de ‘’Vernonia amigdalina’’ (vernonia amarga), una planta tradicional usada para curar distintas enfermedades y aliviar los síntomas del COVID-19. Situación similar en Etiopia, donde sus pueblos originarios están usando raíces y cortezas de árboles para enfrentarlo. En Marruecos, las plantas de desinfección y purificación utilizadas por la comunidad Berebere ahora tienen un papel más importante en la prevención de la propagación de la pandemia[21] (OHCHR 2020).

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Vernonia amygdalina. Fuente: Comboni Missionaries.

Otra de las consecuencias de la pandemia y la cuarentena es que han afectado a la preservación y desarrollo de la cultura Sami (único grupo indígena reconocido en la Unión Europea. Ubicado en Laponia, una región transfronteriza que se extiende por el norte de Noruega, Suecia, Finlandia y la península de Kola, al noroeste de Rusia). Muchas personas y organizaciones sami se ganan la vida preparando o actuando en sus festivales, mercados, conferencias y/o seminarios. Los cuales representan importantes puntos de encuentro para su comunidad. Pero como consecuencia de la cuarentena, estas actividades no han podido llevarse a cabo. Afectando así a los ingresos de las y los artistas sami, como sus artesanas y artesanos, quienes esperan dichos eventos para vender sus productos. Sin embargo, una medida positiva adoptada a través del Instituto Internacional de Cine Sami, fue invitar a cineastas de esta comunidad a solicitar una subvención mínima para realizar un cortometraje sobre la situación del COVID-19. Dando por resultado 15 cortos que muestran las experiencias del encierro y la situación de la pandemia desde una perspectiva sami. La serie se llama Oru lea bouret go jodi (Hogar, dulce hogar).[22]

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Fuente: International Sámi Film Institute.

Por último, los pueblos originarios de México también han demostrado su capacidad de resiliencia frente a la pandemia. Las comunidades zapotecas de Villa Talea de Castro, Guelatao de Juárez y Villa Díaz Ordaz Tlacolula en Oaxaca, pese a no contar con infraestructura médica ni un plan gubernamental para frenar a la pandemia en territorios indígenas, la han contenido con éxito. La clave en su logro radica en la eficacia de sus mecanismos comunitarios. Entre los que destacan los retenes o filtros sanitarios en las entradas de sus comunidades y el auto abastecimiento de víveres (mediante el cultivo de hortalizas en sus hogares) para evitar salir a otras localidades. También implementaron toques de queda, la reducción de los horarios de apertura y cierre de comercios, la pausa de actividades en lugares turísticos, el uso obligatorio de cubrebocas y el reparto de plantas comestibles y semillas a la comunidad para el autoconsumo de hortalizas.[23]

REFLEXIONES FINALES

La propagación mundial del COVID-19 ha revelado diversas problemáticas insertas en la sociedad desde hace mucho tiempo. Pero en el caso particular de las comunidades originarias, la pandemia agravó sus formas de vida, al grado de poner en peligro su existencia y su cultura. A pesar de las desventajas adicionales, con las que han tenido que lidiar desde la colonización, y de las bajas inevitables por el virus, siguen siendo un ejemplo claro de lo que es la habilidad para adaptarse y sobreponerse a los retos cotidianos y nuevos. No obstante, es pertinente destacar las formas específicas de cada pueblo autóctono en que han respondido a la actual coyuntura. Ya que como se ha visto, cada uno se ha servido de sus propios conocimientos y prácticas ancestrales para salvaguardar su cultura. Esto sin dejar de lado el aprovechamiento de la interculturalidad, utilizando las medidas sanitarias y medicamentos de la medicina occidental.

En consecuencia, los pueblos originarios siguen manteniendo vigentes sus estilos de vida, identidades, cultura e ideología. Y lo han hecho de manera excepcional, volviéndose un referente de funcionalidad y eficacia ante las crisis epidemiológicas. Pues entre ellos se prioriza la colectividad como un principio ordenador de su cosmovisión. Dicho factor ha perdido peso en el discurso y en las formas de organización social de las poblaciones centralizadas como la nuestra. Donde predomina un clima de hiperindividualización que conlleva a un egoísmo, el cual fractura el tejido social. Que se evidencia en la precaria responsabilidad en el seguimiento de las medidas y recomendaciones sanitarias.

La importancia de reivindicar y visibilizar la resiliencia de las comunidades indígenas no se limita a una categoría de victimización porque como ya se ha mencionado, su actuar ante la pandemia fue en una considerable medida independiente de la respuesta del Estado. Sino que, la trascendencia de su existencia se observa en su relación con el medio ambiente, con el cual tienen una forma de interacción bidireccional que asegura la supervivencia de su pueblo y la sostenibilidad de los recursos naturales. Se tiene que considerar que la porción del territorio en que habitan los pueblos originarios coincide con el 80% de la biodiversidad planetaria.[24] Esto se vuelve una justificación importante si reconocemos que la protección del medio ambiente es la principal vía para prevenir futuras pandemias.    



Fuentes de información [1] United Nations, ‘‘International Day of the World’s Indigenous Peoples 2020’’, https://www.un.org/development/desa/indigenouspeoples/international-day-of-the-worlds-indigenous-peoples/2020-2.html, consultado el 20 de agosto de 2020.

[2] Rtve.es, ‘‘El mapa mundial del coronavirus: más de 25,5 millones de casos y más de 851.000 muertos en todo el mundo’’, 1 de septiembre de 2020, https://www.rtve.es/noticias/20200901/mapa-mundial-del-coronavirus/1998143.shtml, consultado el 1 de septiembre de 2020.

[3] Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), ‘‘Coronavirus vs. Desigualdad’’, https://feature.undp.org/coronavirus-vs-inequality/es/, consultado el 23 de agosto de 2020.

[4] United Nations, Op. Cit.

[5] Flores, Rogelio y Vera, Rodrigo, ‘‘Cifras letales en medio año de pandemia’’, Proceso, no.2287 (2020), pp. 13-14.

[6] Bellinghausen, Hermann, ‘‘Indígenas desplazados, entre agresiones de grupos paramilitares y el COVID-19’’, La Jornada, 7 de mayo de 2020, https://www.jornada.com.mx/2020/05/07/politica/009n1pol, consultado el 24 de agosto de 2020.

[7] Office of the United Nations High Comissioner for Human Rights (OHCHR), ‘‘COVID 19 is devastating indigenous communities worldwide, and it’s not only about health – UN expert warns’’, 18 de mayo de 2020, https://www.ohchr.org/EN/NewsEvents/Pages/DisplayNews.aspx?NewsID=25893, consultado el 24 de agosto de 2020.

[8] Noriega, Carlos, ‘‘La pandemia de coronavirus arrasa con la amazonia peruana’’, Página 12, 26 de julio de 2020, https://www.pagina12.com.ar/280884-la-pandemia-de-coronavirus-arrasa-con-la-amazonia-peruana, consultado el 24 de agosto de 2020.

[9] Díaz, José, ‘‘Nación Navajo sería el pueblo indígena más impactado por el COVID-19’’, Servindi, 11 de mayo de 2020, https://www.servindi.org/actualidad-noticias/11/05/2020/nacion-navajo-seria-el-pueblo-indigena-mas-impactado-por-el-covid, consultado el 25 de agosto de 2020.

[10] EFE, ‘’La COVID-19 no logra detener la incesante guerra civil de Birmania’’, 3 de abril de 2020, https://www.efe.com/efe/america/mundo/la-covid-19-no-logra-detener-incesante-guerra-civil-de-birmania/20000012-4212685, consultado el 25 de agosto de 2020.

[11] Bociaga, Robert, ‘‘For the Philippine’s Mangyans, COVID-19 extends a long history of discrimination’’, Mongabay, 7de agosto de 2020, https://news.mongabay.com/2020/08/for-the-philippines-mangyans-covid-19-extends-a-long-history-of-discrimination/, consultado el 25 de agosto de 2020.

[12] ASEAN Today, ‘‘Southeast Asia’s indigenous calls for support in their fight against COVID-19’’, 22 de abril de 2020, https://www.aseantoday.com/2020/04/southeast-asias-indigenous-groups-call-for-support-in-their-fight-against-covid-19/, consultado el 25 de agosto de 2020.

[13] United Nations Educational, Scientific and Cultural Organization (UNESCO), ‘‘African voices – UNESCO’s indigenous partners in Africa’’, 8 de agosto de 2020, https://en.unesco.org/news/african-voices-unescos-indigenous-partners-africa, consultado el 25 de agosto de 2020.

[14] Rodríguez, Ana, ‘‘Comunidades indígenas en América Latina: resiliencia o cómo crecer en la adversidad’’, Atalayar, 30 de junio de 2020, https://atalayar.com/content/comunidades-ind%C3%ADgenas-en-am%C3%A9rica-latina-resiliencia-o-c%C3%B3mo-crecer-en-la-adversidad, consultado el 25 de agosto de 2020.

[15] Kaplan, Hillard, et.al, Voluntary collective isolation as a best response to COVID-19 for indigenous populations? A case study and protocol from the Bolivian Amazon, 2020, p-17.

[16] Universitat de Barcelona, ‘‘Stefan Vanistendel: La resiliencia no se construye a cualquier precio, siempre tiene una dimensión ética’’, 9 de mayo de 2011, https://www.ub.edu/web/ub/es/menu_eines/noticies/2011/Entrevistes/stefan_vanistendael.html , consultado el 26 de agosto de 2020.

[17] Fondo para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de América Latina y el Caribe (FILAC), ‘‘Myrna Cunningham: Innovación, adaptación y resiliencia fundamentales para lograr el Desarrollo Sostenible’’, 22 de agosto de 2020, https://www.filac.org/wp/comunicacion/filac-informa/myrna-cunningham-innovacion-adaptacion-y-resiliencia-fundamentales-para-lograr-el-desarrollo-sostenible/, consultado el 26 de agosto de 2020.

[18] FILAC, ‘‘La medicina tradicional con la que pueblos indígenas de Colombia hacen frente al COVID-19’’, 3 de junio de 2020, https://www.filac.org/wp/comunicacion/actualidad-indigena/la-medicina-tradicional-con-la-que-pueblos-indigenas-de-colombia-hacen-frente-al-covid-19/, consultado el 27 de agosto de 2020.

[19] Banning, Jolene, ‘‘Why indigenous communities seeing few cases of COVID-19’’, CMAJ News, 10 de agosto de 2020, https://cmajnews.com/2020/08/07/covid-indigenous2-1095891/, consultado el 27 de agosto de 2020.

[20] Sunuwar, Dev, ‘‘United Nations praises community media in Nepal for COVID-19 response’’, Cultural Survival, 17 de agosto de 2020, https://www.culturalsurvival.org/news/united-nations-praises-community-media-nepal-covid-19-response, consultado el 27 de agosto de 2020.

[21] OHCHR, COVID-19 and indigenous people’s rights, OHCHR, 2020, pp. 2-3.

[22] The Arctic Council, ‘‘The impact of COVID-19 on Saami communities’’, 16 de julio de 2020, https://arctic-council.org/en/news/the-impact-of-covid-19-on-saami-communities/, consultado el 28 de agosto de 2020.

[23] Miranda, Fernando, ‘‘En estos municipios zapotecas la organización comunitaria mantiene a raya la pandemia’’, El Universal, 30 de julio de 2020, https://oaxaca.eluniversal.com.mx/municipios/30-07-2020/en-estos-municipios-zapotecas-la-organizacion-comunitaria-mantiene-raya-la, consultado el 30 de agosto de 2020.

[24] Suarez, Gerardo, ‘‘El 80% de la biodiversidad del planeta está resguardada por pueblos indígenas’’, CCMSS, 29 de mayo de 2017, https://www.ccmss.org.mx/80-la-biodiversidad-del-planeta-esta-resguardada-pueblos-indigenas/, consultado el 30 de agosto de 2020.

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