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Desigualdad de género

Desigualdad de género en el marco del Covid-19

En el contexto actual, las mujeres han sido uno de los grupos más afectados por las consecuencias de la pandemia ya que las  medidas de confinamiento han promovido la convivencia prolongada entre agresores y sobrevivientes de violencia doméstica, pero también porque las consecuencias económicas del COVID-19 han profundizado la desigualdad de género y las medidas de sana distancia han fomentado los roles de género.

Desigualdad de género: Introducción al trabajo reproductivo

En principio, es necesario definir que el rol de género se refiere a las diferencias culturales que una sociedad establece tomando como única referencia el sexo del individuo.  Estas diferencias biológicas entre hombres y mujeres no implican por sí mismas una desigualdad social o una incapacidad de ninguna índole.

Las concepciones peyorativas hacia el género femenino son asignadas por efecto de la cultura, por lo que la falta de equidad de género no es más que el resultado de una lógica machista y un sistema jerárquico patriarcal que se basa en la distinción de los sexos para asignar funciones a cada uno. [1]

Cabe mencionar que, si bien sabemos que el género se debe abordar como un elemento independiente de las características biológicas de los individuos, en la gran mayoría de las sociedades aún persiste un sistema social dicotómico en el que los únicos géneros reconocidos son el femenino y el masculino.

Por consiguiente, la división del trabajo se encuentra vinculada a los criterios que la sociedad patriarcal plantea. En este sentido, podemos distinguir dos tipos de trabajos: el trabajo productivo y el reproductivo.

El trabajo productivo se refiere a aquellas actividades que generan bienes o servicios remunerados, por otra parte, el trabajo reproductivo, vinculado al rol de género femenino, hace alusión a todas “las actividades relativas a garantizar el bienestar de las personas, pero es la parte de la economía que permanece oculta, invisible.” [2]

Se dice que el trabajo reproductivo es invisible, porque, aunque se ha comprobado que el denominado trabajo doméstico contribuye a la economía, este se tiende a ignorar y desvalorizar. Sin embargo, “[e]n términos económicos el INEGI calcula que representa el 20.5% del Producto Interno Bruto (PIB).” [3]

Asimismo, el trabajo reproductivo se divide en dos categorías, la reproducción biológica (gestación, parto y lactancia) y la reproducción social (actividades del cuidado de los individuos: alimentación, educación, etc.)

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Roles de género en el marco de la pandemia

Como resultado de las medidas implementadas por el gobierno federal mexicano, el ciclo escolar de todos los niveles educativos se llevará acabo de manera remota hasta que las condiciones sean óptimas para el regreso a clases de manera presencial. Sin embargo, al contrario de cómo las autoridades lo plantean, la actual estrategia educativa implica graves problemas para la sociedad.

Por una parte, las desigualdades sociales, de por sí ya bastante profundas, se acentúan. El confinamiento ha incrementado los desafíos para garantizar la buena calidad de la educación pública en México y es probable que las condiciones sociales de los estudiantes en México, en combinación con la imposibilidad de asistir a clases de manera presencial, propicien el rezago académico de miles de niñas y niños.

En este contexto, la nueva dinámica del sistema educativo reafirma los obstáculos que las mujeres han enfrentado históricamente ya que las clases a distancia de los niveles básicos implica un aumento en la carga de trabajo reproductivo al sumar el rol de profesora a las demás funciones domésticas. Esta situación es preocupante ya que la desigualdad entre hombres y mujeres en la división del trabajo del hogar era ya de por sí abismal.

El Instituto Nacional de las Mujeres (INMUJERES) indica que el 73.3% de las personas que proveen del cuidado a niñxs de entre 6 y 14 años son mujeres. En el caso del cuidado de menores de entre 0 y 5 años, las cuidadoras representan el 77.2%, quienes además son integrantes del mismo hogar. [4]

Sin embargo, las mujeres no sólo adoptan el rol de cuidadoras de los menores en mayor proporción que los hombres, también dedican un mayor tiempo a estas actividades que el género masculino. “El [Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI)] calcula que las mujeres dedican 28.8 horas a la semana a cuidar a otras personas y al trabajo doméstico, mientras que los hombres dedican 12.6 horas.” [5]

En cuanto a las labores no remuneradas para el mantenimiento del hogar, el INEGI señala que en el año 2018 las labores domésticas y de cuidados realizadas por mujeres representaron el 54.3%. [6]

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Por consiguiente, la pandemia afectará la vida profesional y/o académica de las madres mexicanas ya que:

1.- La situación actual obligará a miles de mujeres a renunciar a sus empleos para garantizar el bienestar de su familia a través del trabajo reproductivo.  (A este fenómeno se le denomina “piso pegajoso” porque las condiciones y obligaciones que emanan de los roles de género representan un obstáculo para la realización de los objetivos profesionales y/o académicos de las mujeres.)

2.- Las mujeres que tengan un empleo remoto sufrirán un aumento exponencial en su carga de trabajo reproductivo. Es decir, además de cumplir con el trabajo remunerado tendrán que absorber la carga de trabajo no remunerado (educación y cuidado de los menores), a diferencia de los hombres.

3.- En el mejor de los casos, las madres no tendrán que renunciar a sus objetivos profesionales ni académicos porque contarán con el apoyo de otro familiar para brindar cuidados a los menores, sin embargo, esto también repercute en el ámbito de la desigualdad de género porque quien tenderá a absorber la carga de trabajo reproductivo será otra mujer, casi siempre la abuela. De acuerdo con el INMUJERES, en el año 2013, el 33.3% de los menores fue cuidado por su abuela. [7]

4.- Julio Santaella Castell, presidente del INEGI, señala que el sector que ha presentado mayores afectaciones por la crisis ha sido el terciario, en el cual la participación de la mujer es más elevada. Ellas ocupan el 47% de los empleos en el sector del comercio y el 46% en el de los servicios.

Asimismo, cabe mencionar que el desempleo femenino masivo también representa la pérdida de autonomía económica, la cual es vital para este sector de la población dado el contexto de injusticia y violencia.

5.- Las mujeres que no puedan acceder a un empleo formal, se verán obligadas a recurrir a la informalidad, lo cual representa la pérdida de seguridad social. “Casi el 65% de las personas que han superado la edad de jubilación y no reciben una pensión de forma regular son mujeres.” [8]

De acuerdo con cifras proporcionadas por el Observatorio laboral Covid – 19, de los 5, 571, 490 de empleos que se perdieron en México en el periodo de marzo – junio, 3,489,148 de estos le pertenecían a una mujer, es decir, el desempleo femenino representó el 62.62% del desempleo total. [9]

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En resumen, el COVID-19 ha encrudecido los fenómenos del sistema patriarcal en la sociedad mexicana puesto que los efectos de la pandemia han limitado la participación de la mujer en el ámbito económico.

Esto no afecta únicamente a los ingresos inmediatos de las mujeres, sino también a su futura seguridad económica. Para las mujeres, la elección o la obligación de priorizar el trabajo de cuidados no remunerado, o de aceptar empleos a tiempo parcial o de carácter informal para tener la flexibilidad de asumirlo, les resta capacidad para contribuir económicamente a los sistemas de protección social o acumular bienes o riqueza.” [10]

Por otra parte, la situación actual ha afianzado los roles de género femeninos que afectan a las figuras femeninas de los núcleos familiares, pero también a las infantes ya que se ha comprobado que “los cierres de las escuelas durante periodos largos pueden tener un impacto permanente en la vida de las niñas, quienes son obligadas a realizar tareas del hogar, lo cual reduce las posibilidades de que retomen su educación.” [11]

El panorama actual es verdaderamente preocupante ya que la pandemia ha significado un retroceso para los avances en materia de equidad de género. Difícilmente se podrá resolver esta problemática en los próximos años dado que las autoridades continúan implementando políticas públicas sin perspectiva de género e invisibilizando las necesidades y las condiciones de desigualdad para la mujer en México.

No obstante, es pertinente reconocer la labor de la sociedad civil y de las organizaciones no gubernamentales, quienes a pesar de los obstáculos institucionales y la falta de priorización de los temas concernientes a este tipo de fenómenos en la agenda pública, han continuado generando espacios para el diálogo y estrategias para apoyar a este sector de la sociedad.

[1] Seminario DeGenerando la Ciencia Política, “Seminario Anual de Estudios de Género y Feminismo – Segundo Encuentro” Universidad de Buenos Aires, 7 de junio de 2018, video, 1hr45m2s, https://www.youtube.com/watch?v=lwXNKBVbJ9Q

[2]Blazsek, Andrea y María Valentina Saenz. 2016. “Cuando el trabajo productivo es trabajo reproductivo. Estrategias de trabajadoras domésticas del Gran Mendoza.” Ponencia pronunciada en Jornadas Nacionales de Investigación en Ciencias Sociales en la Universidad Nacional del Cuyo, 25 y 26 de agosto de 2016. Disponible en: https://bdigital.uncu.edu.ar/objetos_digitales/10065/saenz-mariavalentina.pdf consultado el 12 de septiembre de 2020.

[3] Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI), 2014. “Encuesta Nacional de Uso del Tiempo 2014”. Disponible en: http://www.inegi.org.mx/est/contenidos/proyectos/encuestas/hogares/especiales/enut/enut2014/default.aspx consultado el 10 de septiembre de 2020.

[4] Instituto Nacional de las Mujeres (INMUJERES). 2013. “El trabajo de cuidados ¿responsabilidad compartida?” Acceso el 13 de septiembre de 2020. http://cedoc.inmujeres.gob.mx/documentos_download/101231.pdf

[5] Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI). 2015.“Encuesta Nacional de Uso del Tiempo 2014”. Acceso el 10 de septiembre de 2020. http://www.inegi.org.mx/est/contenidos/proyectos/encuestas/hogares/especiales/enut/enut2014/default.aspx

[6] Ibidem

[7] Instituto Nacional de las Mujeres (INMUJERES). 2015. “Desigualdad en cifras” Acceso el 13 de septiembre de 2020. http://fommur.gob.mx/uploads/files/INMUJERES_Boletines_130f45bf9b.pdf

[8] Oxfam. 2020. “Tiempo para el cuidado. El trabajo de cuidados y la crisis global de desigualdad”. Acceso el 10 de septiembre de 2020. https://oxfamilibrary.openrepository.com/bitstream/handle/10546/620928/bp-time-to-care-inequality-200120-es.pdf

[9] Observatorio laboral Covid – 19. 2020. “Desagregación de empleo perdido por género” Acceso el 12 de septiembre de 2020. https://observatoriolaboral-bid.herokuapp.com/empleo_por_genero/

[10] Oxfam. 2020. “Tiempo para el cuidado. El trabajo de cuidados y la crisis global de desigualdad”. Acceso el 10 de septiembre de 2020. https://oxfamilibrary.openrepository.com/bitstream/handle/10546/620928/bp-time-to-care-inequality-200120-es.pdf

[11] Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). 2020. “Desarrollo Humano y Covid-19 en México: Desafíos para una recuperación sostenible”. Acceso el 13 de septiembre de 2020. https://www.mx.undp.org/content/mexico/es/home/library/poverty/desarrollo-humano-y-covid-19-en-mexico-.html

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