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Photo Melissa Phillip, Houston Chronicle

La verdadera amenaza en tiempos de COVID-19

Esta semana, ciudadanos de distintas edades se unieron para protestar en 11 estados del territorio estadounidense (Utah, Kentucky, Carolina del Norte, Indiana, Wisconsin, Pennsylvania, Texas, Ohaio, California, Minnesota y Washington) en contra de las recomendaciones y restricciones que las autoridades federales han implementado como estrategias para controlar el contagio comunitario de COVID-19 en Estados Unidos.

Ciertos sectores de la población expresaron su repudio en las calles respecto al uso del equipo de protección personal, P.P.E, por sus siglas en inglés; las restricciones en torno al libre tránsito en lugares públicos y al distanciamiento social.   Los manifestantes evidenciaron su inconformidad ante dichas medidas a través de carteles en los que se leía “Mi cuerpo, mi decisión. Trump 2020” junto a un dibujo elaborado a mano de un cubrebocas. En otro caso, una mujer que vestía una playera alusiva al personaje ficticio, Capitán América, levantaba fervientemente un letrero en el que la frase “Mi cuerpo, mi riesgo, mi decisión” se encontraba plasmada.

A pesar de que estas recomendaciones han sido impulsadas y avaladas por la Organización Mundial de la Salud para garantizar la seguridad de la población mundial, en Estados Unidos permanece la existencia de grupos escépticos que cuestionan la existencia del virus que ha paralizado la economía y alterado las relaciones interpersonales y sociales a nivel global. Tales grupos caen dentro de dos categorías: los grupos antigobierno y los grupos religiosos.

Según el Centro Legal sobre la Pobreza Sureña, los individuos que son miembros activos de las agrupaciones antigobierno se definen a sí mismos como la oposición al “Nuevo Orden Mundial”. El movimiento antigobierno está conformado por milicias y, en algunos casos específicos, se vislumbran rasgos xenofóbicos y racistas.

Dichos grupos, además de adherirse de manera voluntaria a doctrinas antigobierno radicales, se adscriben a la teorización conspiracional carente de fundamentos racionales y que, por lo tanto, proporciona información incomprobable. Para ejemplificar lo anterior, es pertinente mencionar que una de las creencias más populares entre estos movimientos se refiere a un supuesto plan global implementado por la Organización de las Naciones Unidas en conjunto con los gobiernos Estatales que tiene por objetivo la abolición de los derechos ciudadanos y sus libertades. Es claro que la mayoría de las teorías conspirativas de este tipo reflejan una de las preocupaciones históricas más sensibles para un sector amplio de la población de Estados Unidos: el control de las armas de fuego.  

En cuanto a los grupos religiosos, estos se subdividen en 2 categorías: los grupos cristianos y los Nuevos Movimientos Religiosos (NRM) por sus siglas en inglés.  Los primeros han desacatado las medidas de seguridad del gobierno federal estadounidense y se han rehusado a cancelar las congregaciones dominicales y las festividades de pascua.

La cadena de televisión CNN ha dado mayor claridad de la situación que el país atraviesa por medio de una entrevista realizada a una mujer que se encontraba saliendo de un estacionamiento  después de acudir a una misa religiosa sin ningún equipo de protección personal. Se le preguntó si sentía preocupación por la posibilidad de que ella pudiese infectar a otras personas debido a la exposición en la que se encontró durante la reunión, pero su respuesta se desvió de la interrogante. Afirmó que se encontraba protegida por la sangre de Jesús y se retiró del lugar sin dar oportunidad al reportero de una réplica. Esta es una breve muestra de las ideas religiosas que predominan en gran parte del territorio estadounidense, da cuenta de la magnitud de la negligencia y de la clara superposición de la fe religiosa sobre las recomendaciones de sanidad y la ciencia. 

Sin embargo, las congregaciones cristianas no son las únicas que retan a la autoridad federal.  Existen grupos religiosos en Estados Unidos (Nuevos Movimiento Religiosos) que centran sus creencias entorno al fin del mundo. Los sociólogos y académicos que se especializan en religión hacen énfasis en el uso del término “Nuevos Movimientos Religiosos” en vez de “cultos” puesto que el último tiene connotaciones negativas y discriminatorias. Los NMR son aquellas religiones que tiene un corto periodo de existencia y que son incompatibles con las religiones predominantes de una sociedad.

De acuerdo con información proporcionada por el Servicio de Seguridad e Inteligencia Canadiense, los movimientos religiosos apocalípticos se definen como movimientos religiosos que comparten la creencia de que el sufrimiento humano será eliminado en un cataclismo inminente, garantizando la salvación de la humanidad. Es importante mencionar que, aunque hay una gran variedad de grupos que se pueden denominar movimientos religiosos apocalípticos, es posible identificar ciertas similitudes entre todos ellos: creencias apocalípticas, la existencia de un líder carismático y hostilidad en contra de las autoridades cuando el grupo considera que sus predicciones se encuentran amenazadas por las acciones de estas.

Desde la perspectiva estatal, estos grupos en algunos casos deben ser vigilados debido a que representan una amenaza a la seguridad pública de distintas maneras, esto sucede cuando:

1.- El movimiento amenaza a la gobernanza al asociar enemigos abstractos con entidades estatales, lo cual implica la alteración del orden y revueltas contra el Estado.

2.- Se adquieren armas (armas de fuego, explosivos, armas químicas y biológicas).

Aunque estos fenómenos sociales no son nuevos, es pertinente señalar que en el caso de los movimientos antigobierno, a partir del 2008, cuando Barack Obama, el primer presidente negro llega a la presidencia de los Estados Unidos de América, se registró un claro incremento en la cantidad adeptos a estas corrientes de pensamiento principalmente porque se exacerbaron los sentimientos de odio y racismo en contra de los ciudadanos estadounidenses con ascendencia africana. En ese sentido se podría afirmar que los Movimientos Antigobierno (MA) siempre han presentado hostilidad contra las autoridades.

Sin embargo, durante el mandato de Donald Trump hubo cambios sustanciales respecto a la relación que el Estado tiene con los grupos más radicales y conservadores del territorio. Por primera vez en tiempos modernos, la figura máxima del gobierno estadounidense demostró no sólo apoyar a estos sectores de la población (nacionalistas, clase media rural, cristiana, xenófoba y racista), sino ser parte de esta. Los comentarios racistas, misóginos, cristianos y conservadores del Presidente Trump han tenido una especial resonancia en este público. Estas nuevas condiciones políticas han fungido como caldo de cultivo para el resurgimiento y el fortalecimiento de distintas corrientes de pensamiento en Estados Unidos. El  gobierno republicano le ha devuelto la fuerza a los movimientos sociales y a las causas más conservadoras. 

A pesar de que las milicias y los MA encuentran fuertes incompatibilidades con las medidas de sanidad y seguridad pública implementadas, estos grupos no perciben a Donald Trump como un enemigo estatal.  Este argumento es comprobado incluso de manera gráfica al leer los carteles que, por una parte, rechazan las restricciones y por otro apoyan la candidatura de Trump en el 2020.

En el contexto actual, se puede afirmar que este tipo de corrientes de pensamiento y movimientos son una amenaza a la seguridad de Estados Unidos debido a que se encuentra una correlación entre los lugares donde se llevaron a cabo protestas (por lo tanto se infiere que no se acatan las recomendaciones de la OMS y de las autoridades de Salud en la cotidianidad) y los estados donde se han registrado los mayores casos de infección. Ver Tabla 1.1 y Gráfico 1.1

Número de caso de COVID-19 en Estados Unidos

Tabla 1.1

Gráfico 1.1

Número de caso de COVID-19 en Estados Unidos

Este mapa muestra casos confirmados y probables registrados por los Estados Unidos. Cada departamento de salud estatal reporta en que medida el virus se ha difundido en su comunidad

21 de abril, 2020

Ante este panorama sumamente preocupante, aunamos que el presidente Trump hizo declaraciones a través de su cuenta de Twitter en apoyo a algunos de los estados en los que hubo manifestaciones. Los hechos suscitados dan la impresión de que Donald Trump ha estado tratando la crisis del COVID-19 como un tema de campaña y ha fallado en proyectar una postura de unidad y en congruencia con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud.

Se calcula que tan solo en Washington se reunió un total de 2,000 personas para manifestarse. Esto implica que las estimaciones respecto la cantidad de contagios y muertes por COVID-19 será aún mayor a la que expertos de la Universidad Massachusetts Amherst llevaron a cabo el 15 de abril. Antes de las protestas, se pronosticaban 47, 500 muertes como consecuencia del COVID-19 en el territorio estadounidense para el primero de mayo.

En este escenario, Estados Unidos tiene la obligación de manejar y establecer estrategias de acciones puntuales para enfrentar el complejo reto que representan los Nuevos Movimientos Religiosos, las ramas del cristianismo más conservador y los movimientos antigobierno para evitar que se perjudique la seguridad pública nacional.  Sin embargo, la verdadera amenaza no es el COVID-19 ni estos sectores radicales de la población, lo es el irresponsable liderazgo del presidente de los Estados Unidos, el deficiente esfuerzo del gobierno estadounidense por evitar la difusión de noticias falsas y el terrible error de invalidar a la ciencia durante todo su mandato. 

Esta aversión por la ciencia es un elemento que ha caracterizado al gobierno de Donald Trump, basta con recordar aquellas declaraciones en las que afirma que el Cambio Climático es una construcción del gobierno chino o tener presente que, quien ha sido el encargado de sobrellevar la Crisis del COVID-19, el Vicepresidente, Mike Pence,  también es escéptico de la ciencia. Cabe mencionar que durante su gestión como gobernador de Indiana se registró una de las peores crisis de VIH en el estado hasta la fecha a causas de negligencia.

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