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Diseño sin título (5)

Latinoamérica a la “conquista” del espacio ultraterrestre

Han pasado ya poco más de 50 años desde que Yuri Gagarin se convirtió en el primer hombre en orbitar la tierra, generando a su vez, no solo un hecho histórico para la humanidad, sino también el inicio de una carrera espacial entre Estados Unidos y la Unión Soviética, que tuvo su punto culmine con la llegada de Neil Amstrong a la luna, y que se extendería durante más de 30 años.

Un hecho irrefutable es que, durante gran parte del siglo XX, el control del espacio ultraterrestre se encontraba bajo dominio de los dos principales antagonistas de la Guerra Fría. No obstante, a 20 años de la caída de la “gran cortina de hierro” y con la pérdida de protagonismo de la Agencia Espacial y Aeronáutica Nacional (NASA, por sus siglas en ingles), diversos países se han lanzado ya a la “conquista” del espacio exterior.

Si bien existen cerca de cincuenta agencias espaciales alrededor del mundo, tan solo diez cuentan con las capacidades tecnológicas para la exploración ultraterrestre: China, Estados Unidos, Francia, India, Irán, Israel, Japón, Rusia, Ucrania y la Unión Europea. Sin embargo, semanas atrás se dio a conocer una noticia de relevancia nacional. México, en cooperación con Argentina, impulsarían la creación de la Agencia Espacial Latinoamericana y del Caribe (ALCE), la cual buscaría posicionarse como un punto de encuentro para la cooperación regional en materia de investigación aeronáutica.

A pesar de no existir una fecha específica de arranque para el proyecto, la declaración firmada por el Secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, así como por su homónimo argentino, Felipe Solá, representa un paso agigantado para que la región tenga su propio proyecto espacial.

Si bien existen agencias nacionales, como la Agencia Espacial Mexicana o la Comisión Nacional de Actividades Espaciales, en Argentina, tan solo por mencionar algunas, la ALCE fungirá como un impulsor para la cooperación regional en materia de investigación y explotación del espacio ultraterrestre en conjunto de todos los miembros de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).

A pesar de lo ambicioso del proyecto, existen una serie de desafíos que la ALCE tendrá que enfrentar para posicionarse como una agencia referente a nivel internacional en los próximos 15 años. Uno de ellos es la monopolización del espacio ultraterrestre, así como el gran avance tecnológico de grandes potencias. Lo cierto es que este acontecimiento coloca a México y a Latinoamérica en la carrera por el aprovechamiento de nuevos espacios estratégicos.

La construcción de nuevos espacios de poder

En la geopolítica clásica existen espacios definidos en donde los Estados proyectan y ejercen su poder. La tierra, el mar y el aire han sido sujetos de teorizaciones que han llevado a naciones enteras a emprender estrategias para hacerse de su control a cualquier costo.

Lo cierto es que las dinámicas de poder se modifican a diario y la contienda por la hegemonía mundial ha llevado a los Estados a emprender disputas bajo nuevos paradigmas. Actualmente, el espectro de estudio de la geopolítica se ha ampliado para hacer frente a los nuevos fenómenos cernidos en las relaciones internacionales. Es por ello que hoy diversos teóricos apuntan a un nuevo espacio de estudio, la geopolítica del espacio ultraterrestre o, en palabras más exactas, la astropolítica, la cual se centra en el estudio de las relaciones entre Estados con respecto al cosmos.

Si bien, estos conceptos podrían parecer nuevos, lo cierto es que las regulaciones respecto al uso y la explotación del espacio exterior se encuentran plasmadas en un documento de hace más de 50 años. Los Tratados y Principios de las Naciones Unidas sobre el Espacio Ultraterrestre, de 1967, son una serie de acuerdos entre los miembros de la ONU, cuyo fin ulterior no es más que la regulación en la exploración y explotación del espacio exterior por parte de los Estados.

El Tratado representa el marco jurídico básico, en términos de derecho internacional, para el correcto funcionamiento de las relaciones internacionales en dicha materia, pues coloca al espacio ultraterrestre como una “Res Nullius” (cosa de nadie), prohibiendo estrictamente que algún Estado reclame jurisdicción sobre el mismo.[1]

De igual manera, el Tratado prohíbe la colocación o prueba de armas nucleares o de destrucción masiva, el establecimiento de bases militares, instalaciones o fortificaciones, que pongan en juego la paz entre naciones en relación con el espacio exterior.[2]

Tal parecería que dicho documento logra esquematizar y guiar de manera adecuada las relaciones entre Estados con respecto a su participación en la exploración y explotación ultraterrestre. Sin embargo, al igual que gran parte de los tratados internacionales, la realidad supera a la teoría

Existe un “reparto” desigual con respecto al cosmos. Como se mencionó, tan solo 10 agencias espaciales poseen amplio dominio en el control del espacio exterior y las telecomunicaciones satelitales. 5 de esos 10 son, según palabras de Brzezinski, actores geoestrategicamente activos[3], los cuales poseen intereses específicos que proyectan, ya no solo en los espacios geopolíticos definidos (tierra, mar, aire), sino también en espacios considerados, teóricamente, como “pacíficos”

Es bien sabido que la manera clásica de emprender una guerra ha quedado rezagada por nuevas formas de conflicto. Si bien, la industria militar de los países sigue en auge, el incremento tecnológico y económico que cada país pueda poseer resulta ser vital para la reconfiguración hegemónica mundial. Si bien el Tratado prohíbe cualquier práctica bélica, no impide que los Estados se disputen una mayor presencia en el espacio ultraterrestre bajo otras prácticas.

El lanzamiento de satélites, misiones espaciales, así como los planes de colonización de diversos cuerpos celestes son ejemplos claros de las estrategias emprendidas por las grandes potencias y generan un abanico de posibilidades para que estas se posicionen favorablemente respecto a otras. No obstante, estas disputas dejan relegados a países que, indudablemente, dependerán del avance tecnológico de las grandes potencias, así como de los resultados de esta nueva “carrera espacial”.

Nuevas posibilidades

Al igual que muchos de los proyectos impulsados por algún gobierno, el escepticismo que ha recaído sobre la creación de la Agencia Espacial Latinoamericana y del Caribe es grande. Mucho se argumenta acerca de la poca viabilidad del proyecto debido a los altos costos de financiamiento que conllevaría. Con una crisis económica de escala global en curso, las prioridades resultan estar ampliamente marcadas.

A pesar de dichas concepciones, es menester recalcar los beneficios que dicho proyecto traería a nivel regional y, aún más importante, a nivel nacional. En primera instancia es importante recalcar que, la mayoría de las telecomunicaciones del país se encuentran concentradas en industrias privadas. México cuenta únicamente con 4 satélites artificiales puestos en órbita, un número insignificante si lo comparamos con los más de 1400 satélites con los que cuenta nuestro vecino del norte.[4]

Paises con mas satelites en el espacio
Países con más satélites en el espacio exterior. Nota: los datos mostrados en esta imagen fueron tomados con base en el año 2018, actualmente, algunas cifras han cambiado.
Fuente: Statista

La poca inversión en infraestructura espacial ha generado que, gran parte de las telecomunicaciones, monitoreo ambiental, el transporte, entre otras tantas cosas se encuentren terciarizadas. Es decir, a manos de empresas privadas, o países que ofrecen su infraestructura a costa de un pago.

Argentina es el país sudamericano que más satélites en órbita tiene, con un total de doce[5]. La cooperación entre ambos países, así como la unión de los miembros del CELAC, propiciaría un incremento significativo en el potencial regional con respecto al espacio ultraterrestre. Contrario a lo que se piensa, el financiamiento, así como la creación de infraestructura no será unilateral ni recaerá en los países promotores, sino que se tratará de un trabajo conjunto que ayudará a los países latinoamericanos a alejarse un poco de la dinámica de interdependencia tecnológica.

Se debe considerar que este proyecto no se creará en un par de años. Se trata de un compromiso que traspasará administraciones. Quizá, en una década, la Agencia Espacial Latinoamericana y del Caribe se posicionará como un ejemplo de integración regional, demostrando que Latinoamérica tiene la capacidad de generar tecnología propia y no está resignada a un rol secundario como continente.

[1] Naciones Unidas, Tratados y Principios de las Naciones Unidas sobre el Espacio Ultraterrestre, Art. II, 1967
[2] Op. Cit. Art. IV
[3] Véase, Brzezinski, Z, El gran tablero mundial, 2010, editorial Paidós,
[4] UCS Satellite Database, disponible en: https://www.ucsusa.org/resources/satellite-database
[5] Ibídem
Fuentes consultadas
Blinder, D. Geopolítica y recursos naturales espaciales, Paakat: revista de tecnología y sociedad, vol 8, no. 15, 2018. Disponible en: http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S2007-36072018000300085
Forbes, México y Argentina anuncian Agencia Espacial Latinoamericana, Forbes México, 2020. Disponible en: https://www.forbes.com.mx/noticias-mexico-argentina-agencia-espacial-latinoamericana/
Gallego Cosme, M. Hacia una geopolítica del cosmos: confrontación multipolar en la última frontera geográfica y tecnológica, Revista de Geopolítica, Vol 4, no. 2, 2013. Disponible en: http://www.revistageopolitica.com.br/index.php/revistageopolitica/article/viewFile/87/86
Naciones Unidas, Tratados y principios de las Naciones Unidas sobre el espacio ultraterrestre, 1967, disponible en: https://www.unoosa.org/pdf/publications/STSPACE11S.pdf
Velázquez Elizarráz, J. El derecho del espacio ultraterrestre en tiempos decisivos: ¿estatalidad, monopolización o universalidad?, Anuario Mexicano de Derecho Internacional, Vol. 13, Disponible en: http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1870-46542013000100014

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