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Musulmanes: chivos expiatorios en una India laica dominada por hindúes.

Se despotrica contra el gobierno central chino por la represión ejercida contra los uigures musulmanes en Xinjiang y por los llamados »campos de concentración» a los que son enviados, pero ¿qué hay de los centros de detención para ”inmigrantes ilegales” en la India? Los indios musulmanes han sufrido violencia, hostigamiento y campañas de odio; son señalados de ser terroristas y de servir como espías para Pakistán; se les etiqueta de ”amenaza demográfica”, pues planean disminuir a la población hindú en la India; se les encierra en centros de detención por considerarlos inmigrantes ilegales; ahora, se les imputa la propagación de la COVID-19, y todo esto ocurre en su propio país.

primer ministro indio
Narendra Modi, primer ministro de la República de la India.
Foto: Mikhail Svetlov | Getty Images

Cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) recién había declarado pandemia al brote de la COVID-19 y en cuanto aparecieron los primeros contagios en México, mis familiares y amistades comenzaron a compartir conmigo ‘’información’’ a través de redes sociales, obtenida de fuentes de dudosa procedencia; eran opiniones sin fundamento, teorías conspirativas sobre la creación del virus en China, pues este país buscaba realizar movimientos importanes mientras el mundo estaba distraído en atender la emergencia sanitaria; en otra teoría conspirativa le atribuían el origen del virus a Estados Unidos, ya que Donald Trump había ordenado su creación para transportarlo a China con el fin de frenar a su economía y preservar la hegemonía mundial. (?)
Me llamó mucho la atención el gran ingenio detrás de estas historias, pues fueron creadas antes de que Estados Unidos y China comenzaran a culparse mutuamente por el origen del coronavirus.

Entiendo el desconocimiento de estas personas cercanas a mí, cuyo interés e inquietudes sobre el tema los llevó a preguntarme sobre la opinión que guardaba sobre dichas historias. Les contestaba sobre la importancia de no creer en teorías conspirativas y en noticias falsas, pero también expresaba que, sin duda, habría actores buscando aprovecharse de la situación: desde algún mandatario tratando de obtener algún tipo de beneficio político, hasta el empresario pretendiendo lucrar con ella.

Por tanto, esta situación, la dosis de noticias consumidas diarias por el autor y un artículo de The Economist titulado «Would-be autocrats are using covid-19 as an excuse to grab more power» me motivaron para escribir una serie de columnas donde desmenuzaré algunos casos de aquellos dignatarios que están explotando la pandemia a su favor.

La columna de hoy será inaugurada con Narendra Modi, un personaje carismático y popular entre los indios hindúes, un nacionalista, un liberal en lo económico y conservador en las cuestiones sociales. Un hombre que es símbolo de la meritocracia para los hindúes, pues en su infancia ayudó a sus progenitores a vender té en un puesto en la estación de ferrocarril de Vadnagar, pudo estudiar Ciencias Políticas en la Universidad de Delhi, escaló posiciones dentro de su partido, logró ganar cuatro mandatos consecutivos como Ministro General del estado de Gujarat (2001-2014) y hace 6 años, gracias a su fama de buen administrador e incorruptible, llevó al Partido Popular Indio (Bharatiya Janata Party, o por sus siglas en inglés BJP) a arrasar en las elecciones generales y, al ser líder de su partido, pudo convertirse en Primer Ministro de la India, cargo que volvería a ganar tras los comicios del año pasado. 

Él y los extremistas hindúes están usando a los musulmanes, 175 millones de habitantes o el 15% de la población en toda la India, como chivos expiatorios en medio de la pandemia. Todas las minorías en este país se ven afectadas por las políticas y estrategias de Narendra Modi y del partido gobernante, pero en esta ocasión sólo se hablará de los musulmanes.

En la India habita la tercer población musulmana más grande del mundo, sólo por detrás de Indonesia y Pakistán.

Para comenzar a entender el porqué los indios musulmanes han sido vilpendiados en su propio país debemos partir de la mención del Yamaat Tabligh, un movimiento islámico mundial fundado en 1926 en la región de Mewat, en el norte de India, cuyo objetivo es promover los ideales del Islam entre los musulmanes. Tiene seguidores en más de 80 países y cuenta con representaciones en cada uno de ellos, pero su centro espiritual es Markaz en la ciudad de Delhi.

Entre el 18 y 19 de marzo fue subido un audio al canal de YouTube Delhi Markaz, en el cual el jefe del Yamaat Tabligh, Maulana Saad, llamó al coronavirus un castigo de Dios y alentó a sus seguidores a continuar asistiendo a las mezquitas para rezar. También, calificó como falsa la afirmación de que la congregación de personas en estos centros religiosos provocaría más contagios del virus.1

Desde marzo, el Yamaat Tabligh ha sido blanco de ataques de una gran parte de la población india, pues, de acuerdo con autoridades gubernamentales, una celebración organizada por dicho movimiento en su centro espiritual provocó una importante transmisión de coronavirus entre los asistentes. Las fechas de la festividad varían entre los medios, pero se cree que empezó desde el 1 de marzo y se prolongó hasta el día 21 del mismo mes.
De los 4,440 casos positivos confirmados en la primera semana de abril en la India, un tercio de ellos estaba relacionado con esa celebración.2


musulmanes en india 20 de marzo
Indios musulmanes abandonan la mezquita de Jama Masjid en Nueva Delhi, el 20 de marzo de 2020.
Foto: Yawar Nazi | Getty Images

Por otro lado, una peregrinación masiva a una mezquita en Kuala Lumpur, Malasia, se convirtió en otro gran foco de contagio. 16 mil personas y 1,500 extranjeros se congregaron y cientos de nuevas infecciones en países del sudeste asiático como Brunei, Camboya, Filipinas, Singapur, Tailandia y en la misma Malasia tuvieron a esta celebración como origen de infección. 

La reunión religiosa se realizó a finales de febrero y fue organizada nada más y nada menos que por Yamaat Tabligh. Miembros del movimiento islámico viajaron a la India después de este evento, específicamente a la ciudad de Markaz para una nueva celebración (previamente mencionada)3 y el gobierno indio confirmó la visita de más de 8 mil personas, incluidos extranjeros, a esta ciudad.4 

Además, el 26 de marzo, el Ministerio del Interior reveló que alrededor de 2 mil miembros de Yamaat Tabligh provenientes de Bangladesh, Indonesia, Malasia y Tailandia ingresaron a la India con visa de turista y eran potenciales portadores de COVID-19, esto de acuerdo con una carta enviada por el ministerio a los estados indios afectados por el virus.5

Después de hacerse pública toda esa información, el movimiento islámico y los casi 200 millones de indios musulmanes fueron vilipendiados en la India por diversos líderes gobernantes del Partido Popular Indio (BJP), por los medios de comunicación y por indios hindúes. Las redes sociales fueron atiborradas con noticias falsas, alimentando a las teorías conspirativas. Difundieron videos donde supuestamente indios musulmanes estornudan y tosen a la gente, escupen a la policía o a los mismos alimentos que ellos mismos comercian para propagar el virus a propósito; estos videos e información han sido bajados de Twitter por violar sus políticas. Así mismo, hubo un reenvío constante de mensajes de WhatsApp en los que se alentaba a la población a boicotear a las empresas cuya propiedad fuera de musulmanes.


#CoronaJihad y #CoronaTerrorism fueron tendencias en Twitter. Se contabilizaron los tuits con la primer etiqueta del 28 de marzo al 3 de abril: fueron 300 mil y, potencialmente, fueron vistos por 165 millones de personas, según datos presentados por activistas de Equality Labs a la revista Time.6

Llevar a cabo dos reuniones religiosas cuando ya había sido declarada pandemia mundial fue un acto de irresponsabilidad tremenda de Yamaat Tabligh. Sin embargo, académicos, expertos en salud y miembros de la sociedad civil también culparon al gobierno central por su respuesta tardía y por haber permitido a extranjeros ingresar al país, en especial a los que provenían de países con altos casos de coronavirus. El 24 de marzo, Narendra Modi declaró  el confinamiento total para toda India y, apenas un día después, comenzaron a evaluar a las personas alojadas en Markaz.

Los musulmanes no han sido el único grupo en India que ha ignorado las instrucciones de distanciamiento social; lamentablemente, es el único señalado como chivo expiatorio.

El 25 de marzo, Yogi Adityanath, gobernador general de Uttar Pradesh, asistió a una gran celebración hindú en un templo.

El gobernador del estado más poblado e importante de la India es una de las principales figuras islamófobas en su país, también, es muy cercano a Narendra Modi y se le considera un posible sucesor del primer ministro. Adityanath ha hecho declaraciones como esta:

’’si matan incluso a un hindú, nosotros mataremos a 100 [musulmanes]’’.7

Estas expresiones de islamofobia en la India son sólo una muestra de lo que viven los musulmanes desde el ascenso de Narendra Modi y el Partido Popular Indio (BJP). Así lo demuestra un artículo publicado en Strategic Studies8, pues el estado de los musulmanes se ha deteriorado significativamente.

La violencia y la discriminación han aumentado, convirtiéndose en algo común. Los incidentes contra las diversas minorías a manos de grupos extremistas hindúes son diarios y múltiples; las agresiones y la intolerancia se han convertido en algo aceptable; se ha normalizado tanto la situación que estas agrupaciones cuentan con el apoyo, de una forma u otra, de políticos importantes del partido gobernante, pues alientan, elogian y protegen a los perpetradores de odio en vez de condenarlos.

Se recuperan informes de derechos humanos de organizaciones internacionales, como el de 2018 de Human Rights Watch, donde se señala la complicidad del gobierno en actos de violencia. 

Las actitudes y comportamientos del Partido Popular Indio (BJP) frente a las minorías se explica en gran parte por el Hidutva, la ideología hindú extremista bajo la cual se fundó esta organización, cuyo objetivo es formar una nación india basada en el hinduismo, logrando la absorción y asimilación de las múltiples religiones y culturas que habitan la India. Si bien la palabra ‘’Hindutva’’ ha adquirido significados completamente diferentes para diversos grupos, esta es la connotación más extrema y defendida por la Asociación de Voluntarios Nacionales o Asociación Patriótica Nacional (Rastriya Swayamsevak Sangh, también conocida por las siglas RSS). Esta agrupación se considera así misma como una organización cultural, sin fines políticos, pero es una de las varias organizaciones extremistas hindúes existentes en el país y varios miembros de esta agrupación formaron en 1980 al Partido Popular. Narendra Modi comenzó como activista en la RSS en 1969, después se convirtió en militante y llegó a ser propagandista de esta.

El partido en el poder ha defendiendo el Hindutva a través de sus miembros igualmente afiliados a la RSS, intentan retratar a los hindúes como el único modelo de indio aceptado y al que todos deberían de aspirar a ser.
El BJP creció como partido y ganó popularidad en la última década del siglo XX gracias al miedo que infundaron ellos mismos con su discurso del aumento de la población musulmana en la India.

Desde entonces, los atropellos a las minorías, sobre todo a los musulmanes, existen; sin embargo, su importancia y extensión se ha intensificado con el gobierno del BJP.

En el artículo de Strategic Studies también se señala que

»los políticos del BPJ apelan al extremismo hindú para apaciguar a las masas hindúes.
El debilitamiento de las minorías se ha convertido en una estrategia política para ocultar los fracasos en los objetivos de desarrollo centrados en la mayoría, de modo que si el desarrollo no funciona, entonces el BJP-RSS empuja conjuntamente la política de Hindutva, movilizando la polarización comunitaria mientras reclama la integración a través del desarrollo».

Uno de los últimos actos realizados por el BJP contra los musulmanes fue la aprobación de la Ley de Enmienda de Ciudadanía (Citizenship Amendment Act, o por sus siglas en inglés CAA) el 11 diciembre de 2019, donde se propone que población de las minorías hindú, sij, budista, parsi, jain y cristiana de países como Afganistán, Bangladesh y Pakistán que han ingresado a la India como migrantes indocumentados puedan obtener la nacionalidad, pero aquellos que profesan el Islam son excluidos cuando la constitución de la India garantiza la igualdad de todas las personas  y prohíbe la discriminación religiosa. Durante la discusión sobre la enmienda a esta ley, el ministro del interior, Amit Shah, anunció la realización por parte del gobierno de un Registro Nacional de Ciudadanos (National Register of Citizens, o por sus siglas en inglés NRC) a nivel nacional, interpretado por muchos como un censo para identificar a inmigrantes ilegales, en especial a los musulmanes, para detenerlos o expulsarlos.

Ese mismo día estallaron protestas en la capital de la India y en algunos estados del norte del país en donde civiles se enfrentaron con las fuerzas de seguridad. Varias personas perdieron la vida, siendo la mayoría musulmanes.

Mientras la disputa sobre la Ley de Enmienda de Ciudadanía ocasionó los disturbios, el jueves 24 de diciembre de 2019 una nueva controversia volvió a encender los ánimos de los musulmanes, pues el gobierno indio dio luz verde sobre la actualización del Registro Nacional de Población (National Population Register, o por sus siglas en inglés NPR), algo definido por el gobierno como una ‘’lista de residentes habituales del país’’.

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En Nueva Delhi continuaban las protestas, mientras Donald Trump y Narendra Modi celebrabran un mitin ante 100 mil personas en el estadio de cricket más grande del mundo, Sardar Patel, en Ahmedabad el 25 de febrero de 2020.
Fotos: EFEGetty Images.

El asunto de la Ley de Enmienda de Ciudadanía (CAA), del Registro Nacional del Población (NPR) y del Registro Nacional de Ciudadanos (NCR) es algo complejo y ha ocasionado muchas confusiones en la India, fomentando aún más la incertidumbre de los indios musulmanes. Para entender esto debemos explicar en qué consiste cada uno de ellos y definir también al censo poblacional planeado para 2021.


El Registro Nacional de Población (NPR) es una lista de «residentes habituales» del país. Todos los ‘’residentes habituales’’ – un residente habitual se define como una persona que ha residido en un área local durante los últimos seis meses o más, o una persona que tiene la intención de residir en esa área durante los próximos 6 meses o más- están obligados a registrarse, esto incluye tanto a ciudadanos indios como a ciudadanos extranjeros. El objetivo del NPR es crear una base de datos de cada residente habitual en el país, siendo en 2010 la primera vez que se recolectaron por el gobierno y debe hacerse cada 10 años.

La información que se tome en este registro son meramente datos demográficos como nombre del censado, nombre de los padres, nombre del cónyuge (si está casado), sexo, fecha de nacimiento, estado civil, lugar de nacimiento, ocupación, nacionalidad, dirección de la residencia actual, etc.

No se requieren documentos para ser registrado, pues cualquier información proporcionada por el encuestado se considera correcta y no son requeridos tampoco datos biométricos, sin embargo, se puede multar a las personas que se niegues a proporcionar información para el registro o que deliberadamente brinde información incorrecta. Si bien el proceso de NPR y del censo poblacional comenzaría simultáneamente en abril de este año, no es un único registro.

La diferencia entre el Registro Nacional de Población (NPR) y el Registro Nacional de Ciudadanos (NRC) yace en que el primero es una base de datos de personas que viven en la India, sean ciudadanos o no, pero el NRC es una base de datos de ciudadanos indios. En el proceso de registro para el NRC se exigen pruebas de ciudadanía a los encuestados, y aquellos que se encuentran sin pruebas pueden enfrentarse a ley.

La controversia surge porque varios líderes de la oposición han declarado que el NPR puede estar sentando las bases para el NRC, además, si el gobierno así lo desea, en cualquier momento puede utilizar legalmente los datos recopilados del NPR para el NRC

Ahora bien, la diferencia entre el Registro Nacional de Población y el censo es que este último contiene una gran variedad de información estadística sobre diferentes características de la población como actividad económica, alfabetización, servicios de vivienda, etc. y se realiza cada diez años, mientras que el NPR sólo contiene información demográfica. El censo de 2021 estaba planeado para realizarse en dos fases; en la primera de ellas se llevaría a cabo junto con el NPR, realizándolos casa por casa de abril a septiembre de 2020, en la segunda fase, la enumeración de la población se realizaría en febrero de 2021.

Los indios se han preguntado el porqué se realiza el NPR si existe el censo, funcionarios del Ministerio del Interior afirman que el primero ayuda a identificar la demografía actual de los residentes reales que pueden ser beneficiarios directos de cualquier esquema lanzado en el área.

Por otro lado, no existe relación directa entre el Registro Nacional de Ciudadanos (NRC) y la enmienda a la Ley de Ciudadanía (CAA), no obstante, se cree que cuando se excluya a las personas del registro final de ciudadanía, la CAA puede ayudar a los no musulmanes para solicitarla a través del CAA y los musulmanes serían abandonados.9

Sin embargo, en el estado de Assam, gobernado por el Partido Popular Indio de Narendra Modi, ya se ha llevado a cabo un proyecto de verificación de ciudadanía similar al planteado en el Registro Nacional de Ciudadanos (NCR) desde el 2018, y ha excluido a casi dos millones de personas, tanto a hindúes como a musulmanes, siendo estos últimos la mayoría. Muchos de ellos denuncian que han demostrado ser legales, pero sus solicitudes han sido rechazadas y están siendo enviados a centros de detención para personas declaradas extranjeras cuando en realidad no lo son.

No obstante, probar la ciudadanía no es algo fácil. Una investigación realizada por The New York Times10 da cuenta del proceso que han seguido millones de indios musulmanes y la serie de arbitrariedades bajo las cuales se decide si son o no ciudadanos. Primero, son llamados a un tribunal llamado ‘’Tribunal de Extranjeros’’, después, deben llevar una serie de documentos que comprueben una línea de ascendencia que se remonte a varias generaciones como certificados de registro de refugiados, de nacimiento y de matrimonio, así como registros de posesión de  tierras y documentos judiciales;  dichos documentos deben ser entregados a un funcionario designado por el gobierno y él decide si el solicitante es ciudadano indio o extranjero.
El equipo de The New York Times también realiza una entrevista a una de esas funcionarias encargadas de la verificación de ciudadanía. Esta persona emitió decisiones en más de 600 casos, en los cuales encontró a la mayoría como ciudadanos indios. Tras ello, fue despedida; declara que su despido se debió por no haber declarado a suficientes musulmanes como extranjeros. No obstante, se habló con otros cinco funcionarios más que, como ella, acusaron al Estado de atacar a los musulmanes. Sólo uno de ellos aceptó aparecer en la cámara, pues los demás temían represalias.

Indios musulmanes acusan a las autoridades de cometer intencionalmente errores tipográficos en documentos oficiales; al momento de presentarlos son rechazados por esas equivocaciones y, por ende, no aparecen en las listas de ciudadanía, por ello algunos han terminado, y se teme que muchos más lo harán, en centros de detención que están siendo construidos en el país.

En el mismo estado de Assam están erigiendo otro centro para albergar a 3 mil personas. El complejo se extiende en un espacio de 2.5 hectáreas, está rodeado por altos muros con torres de vigilancia. Albergará a hombres y mujeres detenidos, y será instalado un hospital y una escuela dentro del centro. Es inadmisible que los recursos públicos sean destinados a la edificación de lo que algunos llaman ‘’campos de concentración’’, pues este ha tenido un costo de aproximadamente 465 millones de rupias (6.5 millones de dólares estadounidenses) cuando Assam, un estado dedicado al cultivo de té, es uno de los más pobres de la India, y su crecimiento ha sido uno de los más bajos del país.11

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Así es como lucía el centro de detención para extranjeros de Goalpara en el estado de Assam, India, en diciembre de 2019.
Foto: Utpal Parashar | Hindustan Times

Un centro para 3 mil personas, pero ¿qué pasará con lo dos millones de seres humanos que quedaron fuera de la lista? Personas han pasado años en esos centros y han descrito las condiciones inhumanas bajo las que las mantienen: decenas de ellas hacinadas en un cuarto, condiciones higiénicas detestables y sin alimento suficiente para todas. 

Y el Primer Ministro de India, Narendra Modi, negó la existencia de estos hace apenas unos meses, en diciembre de 2019 durante un discurso:

«No se envía a ningún musulmán indio a centros de detención y tampoco hay centros de detención en este país’’12

Debar quedar claro que Modi nunca ha incitado al odio o a la violencia directamente, pero su silencio y ausencia de condena frente a los actos contra las minorías revelan su conservadurimo y su desprecio por los no hindúes.

Centros de detención para extranjeros en la India, (2020).

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Diez centros de detención se encuentran operando, tres están bajo construcción o están listos para iniciar operaciones y la localización de otros tres ha sido identificada.
Fuente: Bloomberg, (2020).

¿Cómo entender la intolerancia religiosa en la India? Quizá el antecedente más próximo se podría rastrear desde la imprudente partición del Raj Británico y del que surgirían India y Pakistán como Estados soberanos. Los británicos, después de 300 años de dominio en el subcontinente, decidieron llamar a un abogado británico de Londres, Sir Cyril Radcliffe, para dibujar las fronteras de un lugar en el que nunca había estado antes en su vida; a Radcliffe le tomó tan sólo cinco semanas llevar a cabo esta labor. Basándose en mapas y datos de censo de las diversas regiones para ver qué identidad religiosa predominaba en cada región, decidió que el Raj se dividiría conforme a la dos mayores religiones profesadas, es decir, en una India para los hindúes y una Pakistán para musulmanes, pero en muchas regiones no predominaba con claridad alguna: vivían tanto musulmanes, cristianos, sijs, hindúes, etc.
El 15 de agosto de 1947 llegó el Día de la Independencia de India y Pakistán. Millones de personas sufrieron una migración forzada, dejaron sus hogares y sus posesiones. Se desató la violencia y reinó el caos. Se estima el número de muertes en dos millones. 

Apenas dos meses después de la partición, India y Pakistán estaban librando la primera de tres guerras (1947, 1965 y 1971), siendo la disputa por la región de Cachemira la razón tras ella. Las tensiones entre estos países escalaría hasta amenazarse con destruirse mutuamente en una guerra nuclear, pues India hizo detonar su primera arma nuclear en 1974 y, 24 años después, detonaría su primera arma termonuclear; Pakistán respondió con seis ensayos nucleares al año siguiente (1998). Hasta ahora las tensiones entre estos dos países continúan.

Las diferencias religiosas al interior de la India se han expresado en episodios impactantes dejando una marca en la historia del país; tal el caso de los siguientes acontecimientos:

El asalto de las fuerzas armadas indias al Templo Dorado, el lugar más sagrado para el sijismo, en 1984 tras la Operación Estrella Azul; esta fue vista por los sijs como un ataque directo contra su religión.

Militantes armados sijs, liderados por Jarnail Singh Bhindranwale y partidario del movimiento de Jalistán -movimimiento nacionalista político sij, nacido en 1940, cuyo objetivo es crear un estado independiente para los sijs (República Federal de Jalistán) dentro de la actual India- se instalan en el complejo del Templo Dorado (Harmandir Sahib) en la ciudad de Amritsar.  Indira Gandhi, la entonces primera ministra de la India, ordenó el ataque y el asesinato de Bhindranwale.

La operación tuvo un saldo de 87 muertes de miembros del ejército indio y 400 bajas civiles, según informes oficiales. Cada año los sijs conmemoran este episodio sangriento y triste. 

Indira Ghandi sería asesinada el 31 de octubre de 1984 por dos de sus guardaespaldas sij como acto de venganza por la operación. Este hecho desembocaría en la Masacre antisij, una ola de disturbios en la capital india comenzada apenas unas horas después de la muerte de la primera ministra. Se desató una masacre en las calles contra la población sig, murieron cerca de 3 mil de ellos.

También, los disturbios entre hindúes y musulmanes en Bombay, ya entonces convertida en una metrópoli y el centro financiero más importante de la India, en diciembre de 1992 y en enero de 1993, que estallaron después de que un grupo de radicales hindúes destruyó la antigua mezquita de Babur, construida en el siglo XVI, en la ciudad de Ayodhya, en el norte de India, el 6 de diciembre de 1992. La mezquita fue construida en un sitio que también es sagrado para los hindúes.

Al menos 2 mil personas murieron, y el 12 de marzo de 1993 los musulmanes contraatacaron al hacer detonar 13 bombas en la ciudad, matando aproximadamente a 260 personas y dejando 700 heridos.

En otro, los enfrentamientos en 2002 cuando musulmanes incendiaron un tren en Godhra, en el estado de Guyarat, en el que viajaban peregrinos hindúes provocando la muerte de 58 de ellos , y llevó a enfrentamientos entre hindúes y musulmanes dejando miles muertos, propiedades destruidas y saqueos en varios estados de la India. En ese entonces el Ministro General era Narendra Modi y fue fuertemente criticado por algunos países por no haber actuado para frenar la tragedia.

Para terminar esta primera columna de la serie Explotando la Pandemia sólo resta por decir que la utilización de los musulmanes como chivos expiatorios es una vía de fortalecimiento de la base del BJP, atraerlos para elecciones futuras y poder empujar la agenda basada en el Hindutva.
La serie de injusticias contra los musulmanes son ya un rasgo común en los procesos institucionales y forman parte de un sistema dominado por el Partido Popular. Por ahora, las protestas en la India fueron apagadas por las medidas tomadas para contener a la COVID-19 en la India y Narendra Modi y el BJP se enfocan en la tercer fase sanitaria.
Ojalá los musulmanes y las otras minorías religiosas puedan armar un frente común para exigir el respeto a su derecho de vivir en un espacio que han habitado por siglos.


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