La visibilidad de lxs actores de la disidencia sexo-genérica en las relaciones internacionales

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Las organizaciones de la disidencia sexual

En el mes de junio ante el Día del Orgullo, celebrado el 28 de junio, las personas pertenecientes a la disidencia sexual reciben una mayor atención en la arena internacional. Las empresas transnacionales, los organismos internacionales y distintos actores se cuelgan de las coloridas banderas asociadas al movimiento. Por su parte, las marcas y empresas son líderes del pinkwashing. Por otro lado, los organismos intentan que sus agendas tengan cobertura de los derechos de esta población. Estos actores se adueñan de un discurso que no les pertenece, aunado reciben una mayor cobertura de las organizaciones provenientes de este sector.

En la disciplina de las Relaciones Internacionales estos actores desde y por la disidencia sexual no suelen ser conocidos o estudiados. A lo largo de nuestra vida académica no se suelen enseñar a lxs sujetos y actores fuera de la heteronorma en la arena internacional.  Poco se habla de asociaciones como ILGA World (Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex) cuyas acciones desde y para el colectivo tienen presencia en todas las regiones.

Otras formas de organización también suelen ser dejados de lado. Existen actores de la disidencia sexual que ocurren en los escenarios más desoladores. Esta es la situación del TQILA, por sus siglas en inglés, el Ejército De Insurrección y Liberación Queer. El TQILA es la subunidad militar LGBTTTIQ+ surgida del Las Fuerzas de la Guerrilla Popular Revolucionaria Internacional (IRPGF) creada para luchar contra el grupo yihadista en los territorios de Siria [1]. Sin embargo, estas organizaciones al no ser entes institucionalizados se les dota de una menor importancia en los estudios.

La ”G” del colectivo LGBTTIQ+

Por lo general las personas de la disidencia sexo-genérica suelen ser asociadas al colectivo LGBTTTIQ+ (Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transexual, Travesti, Trangénero, Intersexual, Queer). Empero, estas siglas no representan toda la disidencia del sistema sexo-género.  Existen individuos que no se identifican con ninguna de las siglas LGBTTTIQ+. Esto surge del acaparamiento de atención que se ha centrado en la ‘’G’’ del movimiento, es decir lo gay. Es menester también nombrar a las lesbianas, a lxs no binarios, a lxs pansexuales, asexuales, intersexuales, bisexuales, trans y queer

A pesar de la variedad de identidades en estas siglas aún se dejan otras alternativas fuera de ellas. Un ejemplo es el movimiento marica en el sur global que puede ser ubicada en Bolivia. Al respecto, los indígenas bolivianos Edgar Solís y Roberto Condori declaran:

‘’como maricas, creemos que lo gay ha llegado como un estereotipo, ha entrado en la población homosexual como una identidad estereotipada, blanqueada, occidentalizada, para la que tienes que cumplir ciertos preceptos para asimilarte. Las instituciones y colectivos LGBTI también se manejan bajo estos parámetros. Como marica: ¿Dónde entras tú pobre e indígena?”

Edgar Solís y Roberto Condori en Es Racismo

Estos individuos retoman una palabra dotada de una carga peyorativa y denigrante para resignificar con un sentido político donde otras categorías tengan cabida. No todas las identidades de la disidencia sexual deben ser enmarcadas dentro de la comunidad LGBTTIQ+ ni viceversa.

Contranarrativa de la cis-heteronormatividad de las relaciones internacionales

Durante el estudio de las relaciones internacionales se estudian las regiones del mundo y se examina de manera superficial la historia de los países. No obstante, en la revisión de la historia de los países poco se habla de las luchas por los derechos de las personas homosexuales o trans. Menos se habla de la condición actual en la aceptación de los derechos de estos sectores en el Derecho Internacional o en las legislaciones nacionales. Inclusive, en las aulas y espacios académicos aún no se discute la gravedad de violaciones de derechos humanos hacia los colectivos e individuos LGBTTIQ+ en distintos países.

En la narrativa cis de la cultura de los países aún no sé habla lo suficiente de los individuos fuera de la heteronorma como les muxe de México o los hijra en India. De igual manera no se habla de los frentes de disidencia que surgen en los grupos indígenas como los “dos espíritus” que siempre han existido en los grupos indígenas de Norteamérica o los epu pullu del sur global.

En este punto, es necesario enfatizar en que las agrupaciones sexo divergentes conformadas por personas racializadas son atravesadas por dos subordinaciones: la ”raza” y la sexualidad. Estas condiciones atribuyen a su invisibilidad a nivel nacional e internacional. No obstante, su visibilización no debe recaer en sus opresiones sino en el terreno fértil que han tenido para sus derechos. De manera paulatina su visibilidad se ha ganado en distintos medios pero en la academia se necesita una correcta visualización sin extractivismo epistemológico ni condescendencia a una minoría sexo-genérica. Hace falta una contranarrativa hacia la heteronorma de las relaciones internacionales que aún es posible escribir. Empero, el compromiso con este sector debe ser todo el año no solamente en el mes del orgullo.

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