Innovación y gestión – El gran desafío de la ciudades en contexto de COVID 19

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Las ciudades inteligentes se transformaron en el concepto predilecto del siglo 21 para describir la fusión entre tecnología y gestión municipal. En un mundo donde la digitalización y las nuevas tecnologías tienen cada vez mayor peso, aquellos municipios capaces de incorporar estas nuevas  tendencias para mejorar la vida de sus ciudadanos, se ganaron la etiqueta de ciudades inteligentes.

Los gobiernos locales se encuentran en primera línea ante el combate al COVID 19 (ONU) ya que presentan densidad poblacional y espacios públicos compartidos que favorece la propagación del virus. Actualmente más de la mitad de la población mundial vive en ciudades y se prevé que en 2050 siete de cada diez personas vivirá en municipalidades (Word Bank).

Los núcleos urbanos densamente poblados, representan un ambiente ideal para la propagación de epidemias. La ciudad de Wuhan es un claro ejemplo, ya que fue el primer centro de transmisión del COVID 19, y se trata de una megaciudad de 11 millones de habitantes. Luego Milán, Madrid y Nueva York, también ciudades altamente pobladas y conectadas, enfrentaban cuarentena y distanciamiento social como consecuencia del aumento exponencial de casos.

El crecimiento de las manchas urbanas trae consecuencias que ponen a dura prueba la gestión municipal: sobrepoblación, contaminación, escaso acceso a la vivienda,  pobreza, desigualdades sociales, bajos índices de desarrollo, escaso planeamiento, incremento de la inseguridad. El COVID se ha sumado a estas problemáticas desafiando el desarrollo sostenible de las ciudades y el cumplimiento del ODS 11: “Ciudades y comunidades sostenibles” el cual reconoce el rol protagónico de los gobiernos locales para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible. 

Aunque el panorama parezca poco optimista, las ciudades representan núcleos de innovación tecnológica, avances académicos y albergan centros empresariales generando un contexto prometedor para el desarrollo. La sinergia entre actores permite generar intercambio de datos proveniente de diferentes fuentes tecnológicas, como pueden ser sensores, aplicaciones, cámaras inteligentes, geolocalización, etc.

Singapore supo ser resiliente luego la epidemia de SARS ocurrida en el 2003 y así tener herramientas para la generación de datos de la ciudadanía sobre contagios y contacto con portadores del virus. La aplicación Contact Tracing es un claro ejemplo, ya que permite al usuario acceder información sobre las personas que se encuentran a su alrededor compartiendo los datos con el Ministerio de Salud.

Las ciudades que no habían incorporado la innovación se vieron obligadas a hacerlo. Podemos decir que la pandemia aceleró el proceso de digitalización de los gobiernos locales. Un claro ejemplo es la municipalidad de San Pablo, que lanzó la aplicación Meu Corujão que permite agendar turnos médicos y ver resultados de exámenes proveídos por el Sistema Único de Salud (SUS), lo cual permite reducir las transmisiones. 

Brasil, con su número creciente de casos, es un ejemplo de la descoordinación entre los diferentes niveles gubernamentales. Ante este escenario, las ciudades disponen de cierta capacidad de ser tomadoras de iniciativas para mejorar la vida de los ciudadanos. Así como San Pablo, Curitiba actuó de manera inteligente siendo la primera capital de Brasil, a ofrecer video consulta a los pacientes con COVID con la finalidad de reducir el contacto.

Los gobiernos locales tienen la capacidad de liderar el trabajo en conjunto entre diferentes stakeholders y de este modo coordinar sinergias para la generación de soluciones innovadoras. El contexto local es propicio para la gestación del ecosistema GovTech donde diversos actores (startups, organizaciones internacionales, instituciones académicas, ciudadanía, ONG ‘s, etc) trabajan en conjunto para la transformación y digitalización de los servicios gubernamentales contribuyendo al paradigma de las ciudades inteligentes. 

Es crucial resaltar la importancia de alianzas como así también de la participación de los ciudadanos en los procesos de innovación. Ciudades guiadas por el hambre de tecnología o de ganar al adjetivo de Smart pueden pecar impulsando políticas con altos componentes tecnológicos pero perpetuantes de desigualdades y exclusión. Singapur, mencionada anteriormente como Smart City por excelencia, es ejemplo de una gestión donde la innovación es guiada por un enfoque top- down  resulta excluyente para ciertos sectores sociales como los inmigrantes.

La pandemia obligó a las ciudades a implementar medidas innovadoras y aliarse con nuevos actores para sobrepasar las exigencias de esta nueva realidad. El contexto sirvió de acelerador de la incorporación de soluciones tecnológicas para brindar servicios al ciudadano, pero también resaltó la importancia del capital humano como componente de una ciudad inteligente y humana donde el ciudadanos es escuchado y participa de la formulación de políticas públicas. Dicho contexto generó terreno fértil para una nueva generación de ciudades al servicio del ciudadano donde la gobernanza y el capital humano son aliados de la tecnología para el desarrollo de ciudades inteligentes.

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