La biopolítica de Europa: ¿cómo surge la otredad inglesa?

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Reunión Boris Johnson

A lo largo de la historia europea, la etnicidad, la raza, el idioma y las diferencias de clase han sido caldo de cultivo para los escenarios más violentos y revolucionarios de esta región. Si hacemos una breve retrospectiva a la historia de las hegemonías europeas, encontraremos los ingredientes de la coyuntura que tiene el 2021 para este continente.

La hegemonía holandesa del S. XVI sirvió como un referente intelectual y cultural para naciones como Alemania, Francia o Suecia, poco a poco esta influencia cultural y modelo de libertad inspiró a decenas de autores europeos, y específicamente franceses. Siendo el corazón de la República de las Letras durante el S. XVII, Francia, desafió la hegemonía holandesa como modelo cultural. La población europea tenía ahora un nuevo modelo a seguir; sin embargo, la rivalidad entre Países Bajos y Francia pronto tendría otro tinte.

Los orígenes de la otredad inglesa.

La condición insular de Gran Bretaña y el papel de su burguesía influiría drásticamente en el pensamiento colectivo de su población; mientras que en la masa continental la aristocracia moldeaba las tradiciones, la cultura y el arte mirando a la vida en palacio como musa; en las islas británicas, la burguesía se tendría de inspiración a sí misma. Este factor repercutiría en lo que las clases medias urbanizadas leían y conversaban diariamente, la función simbólica que tuvo la sangre real fue clave, mientras que las revueltas del S.XVIII contra el absolutismo sucedían en Europa continental, Gran Bretaña y su burguesía acordaban la separación de la administración económica y política.

La biopolítica de Europa: ¿cómo surge la otredad inglesa?
Toma de las Tullerías el 10 de agosto de 1792, por Jean Duplessis-Bertaux. La pintura ilustra la insurrección contra Luis XVI en Francia.

Esta división evitó una revolución en el interior del territorio británico, la plenitud tecnológica y comercial inglesa, aunada a esta sabia decisión regulativa del poder político y del poder económico, conllevó a una exitosa administración militar que procuró la existencia colectiva del reino, además de que neutralizó al enemigo exterior francés.

Foucault, en su obra “Historia de la sexualidad” identificó dos polos en la historia de la humanidad, uno intelectual correspondiente al S.XVI con (recordemos) el contexto histórico de la hegemonía holandesa y otro político en el XVIII, donde nacen las decisiones regulativas del Estado y el poder que se encuentran íntimamente vinculadas con los procesos biológicos. Pues bien, este polo coincide con el ascenso de la hegemonía inglesa y coincide no sólo con la historia británica sino también con el proceso evolutivo del capitalismo. Gran Bretaña no sólo resultó vencedora de una guerra, la interpretación biopolítica de este acontecimiento fue el asesinato legítimo de quienes significaban una amenaza para la sociedad inglesa. Esto no es nuevo, toda guerra se puede traducir como una decisión sobre los cuerpos, la vida y la muerte a merced de las naciones; pero el hecho novedoso es ahora el reconocimiento de la existencia de esto.

Para cerrar este preámbulo, podemos decir que la otredad inglesa es resultado del factor geográfico que la aisló de los conflictos y las costumbres continentales; también es resultado del factor económico, ya que la burguesía inglesa presentó diferencias significativas con respecto a otras en Europa, e influyó en las decisiones de la corona; y finalmente del factor monárquico, la destreza en las técnicas políticas que la casa reinante ha podido hacer a través de sus instituciones como el gobierno, el Estado y la familia.

Europa unida: ¿estrategia o convicción?

La Unión Europea ha nacido, atrás quedaron las estrategias individuales. La realidad del mundo es que Europa está en medio de los conflictos hegemónicos; el último período de treinta años de guerra ha sido diferente a los otros periodos de guerra con igual duración, como resultado: la hegemonía abandonó Europa. Este hecho coyuntural, ha propiciado el nacimiento de una utopía supranacional, la normatividad de las instituciones nacidas de esta utopía ahora supera las fronteras, en Frankfurt se deciden las normas de tipo económico, en Bruselas las de tipo político y en Luxemburgo se vela por el cumplimiento de la legalidad.

Las fuerzas materiales de la Unión norman qué productos consumir, como distribuir los ingresos y qué medidas económicas para la atención de emergencias y crisis se han de instaurar en los Estados miembro. Sin embargo, la diversidad en la riqueza de los miembros ha propiciado problemas de tipo político; como consecuencia de la crisis económica de 2008, se tuvieron que aprobar paquetes de rescate económico para Grecia, prontamente surgirían nuevos problemas de este tipo con las economías de Italia y España.

Si bien la Unión nace con el ideal de cooperación de por medio, el descontento de las fuerzas políticas por el rescate financiero de las naciones europeas menos prósperas es notorio. El hartazgo fue tomando forma en los discursos de diferentes políticos ingleses, hasta llegar a emanar de la máxima figura política: el primer ministro. El referéndum como apuesta de luchas políticas a través de afirmaciones del derecho fue un producto sesgado por los grupos hegemónicos británicos, razón por la que una diferencia del 1% fuese motivo suficiente para que Theresa May invocará el artículo 50 del Tratado de Lisboa.

La biopolítica de Europa: ¿cómo surge la otredad inglesa?
Serie de protestas en 2019 contra la decisión de Theresa May.

El Brexit como fenómeno es complejo, pues se disfraza de democracia una técnica de poder que pretende tener el mismo impacto que una victoria de guerra. No, no se ha derramado sangre, una superestructura tal como lo es el capitalismo permite ahora otra esfera de acción, el abandonar la Unión significa también una pérdida económica para la Europa continental, es un golpe a la economía de las naciones que necesitan el apoyo financiero de la Unión. El Reino Unido ha decidido sacrificar a las sociedades que representan un peligro financiero para el bienestar de la sociedad inglesa. Aquí se rompe la utopía.

El objetivo es traer de vuelta la plenitud económica a la vida de los ingleses, quienes, recordemos, son un pueblo compuesto por quienes siempre han vivido en la otredad, celosos con su cultura y sus costumbres, y compuesto también por quienes han vivido toda su vida como ciudadanos europeos. Para los primeros, la estrategia que se vio en la Unión Europea, ha fracasado, ¿la convicción? sesgada por la otredad. Para los segundos, la convicción toma forma en ideologías que buscan tener fuerzas materiales para no ser invisibilizados por el Estado hegemónico que se ha formado a partir de 2008.

¿Qué depara a Bruselas?

El Brexit ha puesto en evidencia la falta de cohesión política al ulterior de los Estados, ha denotado que las diferencias étnicas, raciales, idiomáticas y culturales están presentes, que necesitan ser representadas y más aún: canalizadas. Aún queda pendiente el analizar el papel de la monarquía, una clase noble que es representada por una reina que ha vivido lo suficiente para traer al presente las tradiciones y los ideales más añejos, factor que sin duda ha condicionado el cómo es manejado el sentimiento de otredad en las nuevas generaciones y las nuevas instituciones.

El Brexit es una coyuntura producto de determinadas relaciones de fuerza, y no tiene por qué significar un final de la supranacionalidad de la Unión Europea, en mi opinión, no considero que esto pueda llegar a tener un efecto dominó, pues si bien existen escenarios similares en Bruselas, recordemos que la Europa continental tiene sus propias características y necesidades. La supervivencia continental es una estrategia obligada y aunque cree imaginarias convicciones, es una fórmula necesaria para afrontar nuevas disputas por la hegemonía global, aunque estás ya no estén en Europa.

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