Los ricos se hacen por suerte, no por mérito

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desigualdad economica

Hoy día existe una suerte de regla – no escrita – que asegura que el éxito económico proviene de una mezcla de esfuerzo y talentos.   Décadas continúas de este discurso han encontrado eco en la sociedad y se ha terminado por aceptar que tal cosa como el mérito existe. Sin embargo, no hay nada más alejado de la realidad que pensar que ser inteligente, gozar de talentos o trabajar duro allanarán el camino hacia un próspero futuro. La riqueza en el mundo se genera gracias a la suerte.

La distribución global de la riqueza, al igual que muchos otros fenómenos, se rige por la regla del 80-20. Es decir, tan solo el 20% de la población mundial posee el 80% de la riqueza total, mientras que el restante 80% de la población posee únicamente un 20%. Sí, se trata de un esquema total de desigualdad que ha perdurado por siglos.  Y por si tal cifra no fuera lo suficientemente cruenta, cabe mencionar que tan solo 85 personas de las más de 7 mil 500 millones tienen en su haber tal riqueza como aquella equivalente a la de la mitad del mundo.

El mito meritocrático podría hacernos creer que si 85 personas poseen tanta riqueza es porque así lo han merecido. Ora por sus talentos e inteligencia, ora por su duro esfuerzo. No obstante, un modelo informático de creación de riqueza ha revelado aquello sobre lo cual diversos académicos y filósofos habían podido especular únicamente: estas personas han tenido suerte. Con tal aseveración no se pretende demeritar los logros de aquellos que han amasado grandes fortunas, sino que se trata en realidad de esclarecer cómo lo han logrado. Para ello, y ante cualquier argumento, basta echar mano de meros índices estadísticos.

La distribución de la inteligencia entre los humanos, al igual que el resto de las habilidades, sigue una distribución normal, es decir, no existe una gran diferencia entre los valores más bajos y altos con respecto del promedio. Por ejemplo, en cuanto a coeficiente intelectual (CI) respecta, el promedio es 100. Sin embargo, no encontramos a nadie con un CI que supere al promedio con diferentes órdenes de magnitud (1,000 o 10,000). En cuestión de “esfuerzo” ocurre lo mismo si es que se mide por horas trabajadas. Hay quienes trabajan 8 o 9 horas como promedio, mientras que algunos trabajan un poco más o un poco menos. Pero nuevamente, no existe quien trabaje 1,000 o 10,000 horas más que los demás.

Los ricos se hacen por suerte, no por mérito
En una distribución normal la frecuencia disminuye conforme el valor se aleja de la media.

Curiosamente, cuanto se evalúa la riqueza de las personas, encontraremos que existen personas que no solo tienen mil o diez mil veces más riqueza que el promedio, sino que existen quienes poseen millones y miles de millones más veces la cantidad de riqueza que el promedio. Si la riqueza se genera por mérito, ¿por qué entonces las proporciones de inteligencia, esfuerzo y riqueza no son equivalentes entre sí?

La respuesta a esta pregunta la encontró Alessandro Pluchino junto a algunos colegas suyos en la Universidad de Catania, en Italia. El equipo de Pluchino diseñó un modelo informático que replica el talento humano y la forma en la cual las personas usan sus habilidades y oportunidades en la vida.

¿Cómo funciona el modelo de Pluchino?

El modelo es en realidad bastante sencillo. La simulación consta de n cantidad de personas, donde cada una de ellas posee diferentes niveles de talentos y habilidades. Estos niveles se distribuyen con base en un promedio y una distribución normal, por lo que algunas personas son más talentosas que la media y otras un tanto menos; tal como sucede en la vida real.

El modelo informático genera una simulación de 40 años – el equivalente a la vida laboral de un individuo promedio. Durante este tiempo, cada persona experimenta tanto eventos afortunados como desafortunados. Los primeros representan una oportunidad para aumentar su riqueza, mientras que los segundos la menoscaban. Ambos eventos ocurren de manera totalmente aleatoria para todos y cada uno de los individuos simulados.

Acabada la simulación de los 40 años, Pluchino y su equipo analizan los niveles de riqueza conseguidos por los individuos dentro de la simulación y realizan un registro de los resultados. Acabada la simulación, el equipo de investigadores la repite una y otra vez para reducir al máximo los márgenes de error.

Sin importar cuantas veces se haya generado la simulación, los resultados son siempre idénticos: la riqueza se distribuye bajo la regla de 80-20. Una vez que los resultados son analizados a fondo, el equipo de investigadores concluyó que el 20% no suele ser el más talentoso, sino el más afortunado. “El máximo éxito nunca coincide con el máximo talento y viceversa.”

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