Pandemia, finanzas y números rojos en el Vaticano

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Finanzas Fe y Pandemia en el Vaticano

La covid-19 ocasionó vastos estragos en todo el planeta. Líderes de países de todo tipo, ricos y en desarrollo, se vieron obligados a medidas drásticas para sobrellevar la crisis financiera derivada de esta situación. Y al igual que gran parte de estos países, la Ciudad del Vaticano también terminará el 2020 con sus finanzas públicas en una condición precaria.

La diferencia principal con otros países es que, por ejemplo, el Vaticano no podrá recibir algún estímulo fiscal como el de la Unión Europea o no puede emitir bonos para saldar sus deudas. Aunado a ello, es difícil saber con exactitud la situación económica dado que los últimos datos de acceso público datan del 2015. En aquel año, el Estado de la Ciudad del Vaticano alcanzó un superávit presupuestario de casi 60 millones de euros. No obstante, estos números verdes se alcanzaron en gran medida por los ingresos generados en los museos del Vaticano. Aunque la recaudación exacta permanece confidencial, se estima que anualmente las ventas de entradas generan poco más de 80 millones de euros.

Debido a la pandemia, los museos llevan meses cerrados. Incluso cuando han llegado a estar abiertos, debido a las restricciones en el número de visitantes y la escasez de turistas en Roma, han vendido muchas menos entradas de lo normal. Todo esto significa que la ciudad-Estado bien podría terminar con un déficit de 15 millones de euros o más para 2020. Tales pérdidas tendrán que ser absorbidas por las reservas que han acumulado. Los excedentes del Vaticano se han utilizado hasta ahora para ayudar a financiar los gastos de la otra mitad del Vaticano: la Santa Sede – la administración central de la iglesia cristiana más grande del mundo.

A diferencia de los museos en el Vaticano, la Santa Sede cerró el 2019 con 11 millones de euros en números rojos. Incluso después de las contribuciones del Vaticano, un dividendo del Banco de la ciudad-Estado y las donaciones mundiales de todos los fieles. Asimismo, la gestión del Papa Francisco, quien busca cambios estructurales en la Santa Sede, ha reducido a la mitad el alquiler de las propiedades que posee la Santa Sede y en las que depende de aproximadamente un tercio de sus ingresos.

Aunado a la mala racha se suma la pérdida de ingresos por actividades comerciales, como la venta de publicaciones y las contribuciones de las diócesis de la iglesia católica ya que menos fieles han podido asistir a los servicios religiosos. Sin olvidar que la población que profesa el catolicismo ha estado en declive en los países que representan la mayor parte de ingresos de la Santa Sede. Con ello en mente, muchos analistas prevén que el 2020 sea el año más catastrófico en la historia de la Santa Sede y el Vaticano.

Pero la pandemia no es la única culpable de la situación financiera del Vaticano y la Santa Sede, entre los causantes figura la corrupción. Moneyval, la comisión europea de lavado de dinero, ha mantenido una investigación sobre las finanzas de la ciudad-Estado durante los últimos dos años. Consciente de la situación general de la iglesia católica, el Papa Francisco, quien fuera elegido en 2013, ha instado a una reorganización de la Santa Sede.

Uno de sus primeros movimientos fue delegar el trabajo que significaba la “renovación” administrativa del Vaticano en un consejo de asesores que provenían principalmente de fuera de Roma.  Después de siete años de esfuerzo, los asesores del pontífice están trabajando actualmente en el borrador final que se espera que forme la base en 2021 para una Constitución Apostólica, el tipo más solemne de edicto papal. Sin embargo, con el duro golpe que han recibido las arcas del Vaticano y de la Santa Sede, resulta imposible no preguntarse si los cambios serán suficientes y si llegarán a tiempo.

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