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¿Por qué en Marruecos no estalló una guerra civil tras la Primavera Árabe del 2011?

En el año 2011 estallaron diversas protestas en la región de Asia Occidental. La población, exigía más derechos políticos y la renuncia de sus líderes que, en la mayoría de los casos, llevaban décadas en el poder. La violencia e inestabilidad se apoderaron de Egipto, Libia, Siria, Yemen, Bahrein y Túnez. En el caso de Marruecos, se logró una transición a la democracia de forma pacífica con la aprobación de una constitución y nuevas instituciones que limitan el poder de la monarquía.

En Siria, después de los levantamientos contra el régimen del presidente Bashar Al Assad, la Guerra Civil adquirió dimensiones internacionales con la intervención de potencias como Rusia o Estados Unidos y la presencia de grupos extremistas como el Estado Islámico (ISIS). Además, se suscitó la mayor crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial. Las imágenes del éxodo sirio cobraron una relevancia mundial en los grandes noticieros y las discusiones de redes sociales.

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Refugiados sirios en las costas del Mediterráneo. Fuente: CNN

En Libia, después de las protestas contra Muamar Gadafi, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) intervino con una serie de bombardeos para ayudar a la captura y muerte del líder que gobernó autoritariamente al país por 42 años. Hoy en día Libia es un país inestable. Según Amnistía Internacional, “en todo el país, que está profundamente dividido, hay muchos conflictos armados y todas las partes han cometido crímenes de guerra y violaciones graves contra los derechos humanos”. [1]

En Egipto, miles de personas se reunieron en la Plaza Tahrir para exigir la renuncia del presidente Hosni Mubarak quien dimitió al cargo e, inmediatamente, el ejército tomó el poder. La división se hizo presente en la sociedad. “La tortura y otros malos tratos son moneda corriente […] cientos de personas han sido condenadas a muerte y, decenas de miles más, encarceladas por protestar o por estar presuntamente relacionadas con la oposición política”, escribe Amnistía Internacional en su publicación “La Primavera Árabe, cinco años después”. [2]

En Marruecos se lograron cambios institucionales, la aprobación de una nueva constitución, la monarquía cedió facultades y se atendieron ciertas demandas que exigió la sociedad civil durante las protestas de la Primavera Árabe de 2011. Pero entonces, ¿por qué Marruecos logró una transición democrática menos violenta que los países anteriormente mencionados?

Marruecos, un acercamiento histórico

Hassan II fue considerado un rey autoritario. Gobernó con mano dura, represión y tortura. A pesar de esto, la población de Marruecos considera a la monarquía una institución sagrada y al rey como una figura respetada. El reinado de Hassan II encontró diversas dificultades entre las que se encuentran: los constantes enfrentamientos con Argelia por cuestiones territoriales; las exigencias de los bereberes[3], el clamor general de la población por la ampliación de derechos humanos y libertades políticas.

Hassan II decretó al árabe como lengua oficial además del francés. Durante los últimos años de su reinado relajó el autoritarismo. Abrió el camino hacia la reforma, dio vida política al islam y acepto las exigencias sobre derechos humanos con la creación un Consejo Consultivo de Derechos Humanos. Ratificó la Convención de las Naciones Unidas sobre la Tortura. También liberó algunos presos políticos y emprendió una campaña de limpieza contra traficantes de droga, miembros corruptos y contrabandistas.

Hassan II murió el 23 de julio de 1999. Su hijo Mohamed VI heredó el trono y su primera acción importante como rey fue despedir al controvertido ministro del interior Priss Basri, símbolo del secretismo y la opresión durante el reinado de su padre. Durante sus primeros años de reinado, Mohamed VI emprendió una reforma más profunda por la liberalización política y el reconocimiento de mayores derechos humanos. Trató de cambiar la forma de gobernar de su padre. Fue más flexible, evitó la represión y mano dura.

El joven rey dio amnistía e indemnización a presos políticos del viejo régimen. Creó una Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH). Además, promovió un nuevo código de la familia —elevando la edad del matrimonio a 18 años, concediendo la igualdad jurídica de hombres y mujeres, evitando que las esposas pudieran ser repudiadas por sus maridos— pero aún no reconocía la mayoría de los derechos bereberes. [4]

Estos avances frenaron cuando el rey decidió unirse a la “lucha contra el terror” de Estados Unidos. Apareció de nuevo la represión y se documentaron cárceles secretas para interrogar y torturar prisioneros. Se aplicó la censura en los medios de comunicación. Un evento clave ocurrió en 2003 cuando unas bombas suicidas mataron a 45 personas en Casablanca. Al Qaeda se adjudicó los ataques.

Mohamed VI trató de hacer una reforma más lenta y progresiva. Aun así, mantuvo los poderes del monarca: el derecho a elegir el Primer Ministro; disolver el parlamento y legislar en su ausencia; declarar estado de emergencia y revisar la constitución mediante referendo. Finalmente, decretó al bereber como una lengua oficial junto al árabe y el francés. [5]

Durante su gobierno, el rey se rodeó de tecnócratas egresados de prestigiosas universidades de Estados Unidos. Emprendió una apertura económica con la solicitud de diversos préstamos al Fondo Monetario Internacional. Aceleró el proceso de liberalización económica. En cooperación con el Banco Mundial se pudieron realizar diversos proyectos de desarrollo.

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El rey Mohamed VI. Fuente: Vanity Fair

Marruecos contaba con un déficit comercial de 15 billones de dólares en 2008. Francia era su principal socio comercial con una concentración del  75% de las exportaciones marroquíes. El PIB per cápita era de 2236 euros. Según datos oficiales el 15 % de la población vivía bajo la pobreza. Sin embargo, otras observaciones no oficiales coincidían en que esta cifra era aproximadamente del 30 %. La participación política en elecciones constaba de menos del 50 %. Había una despolitización entre los jóvenes quienes no distinguían entre izquierda o derecha. La fuga de cerebros hacia Estados Unidos y Europa era una constante por las pocas oportunidades laborales que brindaba Marruecos. Finalmente, la mayoría de los egresados universitarios estaban en paro. [6]

La Primavera Árabe marroquí y la nueva constitución

En diciembre de 2010 un comerciante en Túnez se auto inmoló. Las protestas estallaron.  La entusiasta exigencia de reformas rápidamente se expandió — por un efecto bola de nieve de democratización — hacia Egipto durante enero de 2011 y los países más cercanos de África del Norte y Asia Occidental.

El 20 de febrero de 2011 comenzaron las protestas en Marruecos. La sociedad estaba cansada de la falta de empleo, la corrupción oficial, la destrucción de los derechos bereberes y la monopolización de la política por la monarquía. Surgió el Movimiento 20 de febrero compuesto por una coalición de gente joven, miembros de clase media laica-occidentalizada, partidos políticos — como el Partido de Justicia y Desarrollo (PJD) —, una élite educada y hombres de negocios. [7]

Las principales demandas del Movimiento 20 de febrero se concentraban en mayores oportunidades de trabajo, democracia y reformas constitucionales. El rey se enfrentó a la seriedad de estas demandas. Hubo tensión y temor acerca de que las protestas tornaran a mayor violencia y provocaran inestabilidad — como en los otros países que estaban viviendo la ola de protestas de la Primavera Árabe. Ante esto, Mohamed VI decidió ceder a la presión de la sociedad civil organizada. El 9 de noviembre de 2011, anunció la creación de una comisión para la redacción de una nueva constitución.

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Protestas en Marruecos contra el rey. Fuente: El País

Algunos de los cambios constitucionales que ampliaban los derechos democráticos fueron los siguientes: a) el Primer Ministro sería elegido mediante elecciones y tendría autonomía; b) se limitaron los poderes del rey para intervenir en la política; c) se reforzaron los poderes legislativos del parlamento; d) se concedió mayor independencia al sistema judicial; e) el rey seguiría siendo el árbitro supremo y conservando ciertos poderes; f) se resolvió el lugar ocupado por el islam y los bereberes.

La nueva Constitución, no fue del agrado del Movimiento 20 de febrero. Consideraban que no tenía legitimidad popular. Se había perdido la oportunidad de instaurar una monarquía parlamentaria y el rey seguía concentrando la mayoría de los poderes ya que únicamente había cedido al Primer Ministro la capacidad de disolver el Parlamento, de nombrar a algunos ministros y otros altos cargos. [8]

Ideas finales

El rey es una figura muy importante en Marruecos y tras el estallido de las protestas de la Primavera Árabe en 2011 —con la violenta escena internacional, la OTAN asediando a Muamar Gadafi y las potencias internacionales buscando intervenir en la Guerra Civil de Siria—, la monarquía marroquí vio amenazada su existencia.

El rey Mohamed VI con inteligencia y astucia, derivado del análisis de la coyuntura en otros países similares decidió ceder a las presiones sociales antes de continuar con la represión y ocasionar más muertos. La presión mediática internacional en ese momento condenó a Hosni Mubarak, Muamar Gadafi y Bashar Al Assad. La represión violenta por parte del rey lo hubiera puesto en esa categoría por lo que posiblemente hubiera amenazado la estabilidad política y su propio poder al frente de la casa real marroquí.

El Movimiento 20 de febrero tuvo un papel importante como actor. Este agrupó las demandas de los sectores de la sociedad que exigían cambios desde el reinado de Hassan II. Además, el contexto internacional fue clave para lograr que Mohamed VI cediera ante nuevos cambios constitucionales. El proceso de democratización ha sido paulatino desde el reinado de Hassan II. Marruecos enfrenta grandes retos y la juventud será clave para el porvenir democrático.

[1] Amnistía Internacional, “La Primavera Árabe: Cinco años después”, Organización Amnistía Internacional, 2017, obtenido de https://www.amnesty.org/es/latest/campaigns/2016/01/arab-spring-five-years-on/.’

[2] Ibid.

[3] Los bereberes son un conjunto étnico del Norte de África denominados tamazightz, según Susan Gilson el 40% de la población marroquí se identifica como bereber y habla una lengua de origen bereber. En la historia moderna, los bereberes han exigido mayor reconocimiento y que su lengua sea nombrada oficial.

[4] Susan Gilson, Historia del Marruecos moderno, Madrid, Akal, 2015.

[5] Ibid.

[6] Susan Gilson, Op. Cit.

[7] Ibid.

[8] El Mundo, “Los jóvenes del movimiento 20 de febrero dicen ‘no’ a la nueva Constitución”, 2017, obtenido de http://www.elmundo.es/elmundo/2011/06/18/internacional/1308388249.html.

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