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¿Por qué Noruega es el único país que no se endeudará por la pandemia?

La pandemia ocasionada por la COVID-19 empujó a las economías a un gran bloqueo que, si bien ayudó a contener el virus y salvar vidas, también provocó la peor recesión desde la Gran Depresión. Ahora mismo, más del 75 por ciento de los países están reabriendo al mismo tiempo que la pandemia se está intensificando en muchos mercados emergentes y economías en desarrollo, por lo tanto, discutir alguna eventual recuperación económica es fútil.

Lo que es peor todavía, es el hecho de que los pronósticos realizados al comienzo de la pandemia fueron erróneos. Los nuevos análisis económicos apuntan a una recesión más profunda de la estimada, así como una recuperación mucho más lenta que la prevista. Tan solo en Estados Unidos, por ejemplo, el PIB cayó un 32% en el segundo cuarto del año – la peor caída desde que se tiene registro.  Adicionalmente, se prevé una pérdida acumulativa para la economía global de más de $12 billones de dólares [1], es decir, más de un 10% del valor mundial neto.

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La línea superior indica el crecimiento esperado con base en los índices de enero. La línea inferior son los ajustes realizados, mientras que el área en azúl son las pérdidas acumulativas.

Ante esta situación, han sido bastantes los gobiernos que han tenido que poner en marcha diversos estímulos económicos que han sido en su mayoría créditos. Esto representa un riesgoso panorama para la década en curso, especialmente para países en vías de desarrollo como lo son México, Brasil y el resto de Latinoamérica. En este contexto, la comunidad internacional atestiguará niveles de deuda pública superiores incluso a los alcanzados al término de la Segunda Guerra Mundial.

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En verde y dorado la deuda promedio para economías desarrolladas y en desarrollo, respectivamente.

Y a pesar de que existen iniciativas para ayudar a liberar tensión económica sin intereses de por medio como lo es aquella propuesta por Macron y Merkel dentro de la Unión Europea, la única manera de evitar estancamiento alguno tanto en el corto como largo plazo es a través de la existencia de fondos nacionales que sirvan de respaldo para este tipo de situaciones. Noruega es uno de los Estados que posee un fondo soberano de inversión cuyo objetivo es hacer frente a contingencias económicas como la que se vive en este año.

Noruega no se ha salvado de los estragos ocasionados por la pandemia, de hecho, ha sido doblemente afectada: en una primera instancia, por los bajos precios que se registraron en la industria petrolera a principios de año; en segunda instancia, por el cese a las actividades económicas como consecuencia de la cuarentena bajo la cual ha estado un gran número de países en el mundo. Puesto en cifras, se prevé una contracción del 5% para el PIB noruego. Como referencia, el año anterior Noruega registró $410 mil millones de dólares en producto interno[2], por lo cual las pérdidas por la pandemia sobrepasarían los $20 mil millones.

 Por fortuna, como se mencionó anteriormente, Noruega no requerirá adquirir más deuda para hacer frente a esta situación dado que actualmente el valor de mercado del fondo soberano de Noruega supera el billón de dólares. Es decir, el fondo equivale a 2.5 veces el valor nominal del PIB de Noruega, por lo que un 5% no debería representar mayor problema.

El fondo noruego es en realidad el FSI (fondo soberano de inversión) más grande del mundo y gran parte de la cifra proviene de los dividendos que ha generado la industria petrolera en el país. No obstante, la relación de Noruega con el petróleo no supera las 5 décadas de existencia.

De Peces a Petróleo

A fines de la década de 1950, muy pocas personas creían que se pudieran descubrir ricos depósitos de petróleo y gas en la plataforma continental noruega. El Servicio Geológico de Noruega incluso escribió al Ministerio de Relaciones Exteriores en 1958 afirmando que la posibilidad de encontrar carbón, petróleo o azufre en la plataforma continental frente a la costa noruega podría descartarse. Por fortuna, el descubrimiento del campo de gas de Groningen en los Países Bajos en 1959 abrió los ojos de la gente ante la perspectiva de que podría haber hidrocarburos bajo el Mar del Norte.

En mayo de 1963, el gobierno noruego proclamó la soberanía sobre la plataforma continental noruega. Se adoptó una nueva ley que estableció que todos los recursos naturales en ella pertenecían al estado noruego y que solo el Rey (en la práctica, el Gobierno) tiene la autoridad de otorgar licencias para la exploración y la producción. La primera ronda de licencias de Noruega se anunció el 13 de abril de 1965 y se otorgaron 22 licencias de producción que abarcan 78 áreas delimitadas geográficamente (bloques)[3].

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Distribución espacial de licencias en el Mar del Norte.

Las licencias otorgaron el derecho exclusivo para explorar, perforar y extraer petróleo y gas en las áreas a las que se aplicaron. El primer pozo de exploración se perforó en el verano de 1966, pero resultó estar seco. Más tarde se dio el primer descubrimiento de petróleo en la plataforma noruega, en 1967, sin embargo, no se consideró económicamente viable en ese momento. Las exploraciones continuaron su curso, aunque tenían grandes dificultades para realizarse- olas de más de 15 metros de altura y vientos de hasta 110km/h volvían a la región uno de los mares más hostiles[4].

No fue sino hasta 1969 cuando, justo antes de navidad, la compañía Phillips Petroleum informó a las autoridades noruegas del descubrimiento de Ekofisk, que resultó ser uno de los mayores yacimientos de petróleo en alta mar jamás descubierto. La producción del campo comenzaría el 15 de junio de 1971 y partir de ese momento la historia de éxito de Noruega comenzaría.

En un principio las empresas extranjeras dominaban las actividades de exploración y eran responsables del desarrollo de los primeros campos de petróleo y gas. No pasaría mucho tiempo antes de que Noruega estableciera el principio de que el estado debía tener una participación del 50 por ciento en cada licencia de producción. Aunado a ello, el gobierno noruego optó por permanecer fuera de la OPEC, así como crear su propia empresa petrolera en 1972 – Statoil.

En ese mismo año, en septiembre de 1972, el parlamento noruego sometió a referéndum la cuestión de si Noruega debía unirse a la Comunidad Económica Europea. La propuesta fue rechazada con un margen delgado, ante lo cual el gobierno noruego procedió a negociar un acuerdo comercial con la UE que daría a las empresas domésticas acceso a los mercados europeos. Con el tiempo Noruega renegoció y refinó este acuerdo, uniéndose finalmente a la Asociación Europea de Libre Comercio y al Espacio Económico Europeo.

Conciencia a futuro

En 1990, el gobierno noruego creó el Fondo del Petróleo (Oljefondet) conocido hoy como el Fondo de Pensiones del Gobierno Global (GPF-G por sus siglas en inglés) o bien, conocido también como el Fondo Soberano de Noruega. El objetivo del fondo es invertir partes del gran excedente de la industria petrolera y con ello generar dividendos para continuar la reinversión y ayudar a completar posibles déficits presupuestarios. Esto crea un importante amortiguador y garantiza que la economía de Noruega no esté a completa merced del precio mundial del petróleo.

El fondo es administrado por una división del Banco Central de Noruega. Es el fondo de pensiones más grande del mundo, aunque, claramente, no es un fondo de pensiones típico dado que, en lugar de basarse en contribuciones individuales, se basa en las ganancias del petróleo. El gobierno puede gastar como máximo hasta un 3% del rendimiento del fondo ajustado por inflación.

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Norges Bank muestra el valor del fondo en vivo en su página web

El primer retiro del fondo tuvo lugar en 2016 cuando el gobierno tuvo que tomar cerca de $780 millones de dólares. Esto fue para contrarrestar una recesión económica causada por los bajos precios mundiales del petróleo. De esta manera, el fondo cumplió exactamente con una de las funciones con las cuales fue creado.

En pleno año en curso Noruega planea sacar un récord de $37 mil millones de dólares de su fondo soberano, o lo que es lo mismo, el 3.7% del valor del mercado al momento. Para disponer de tal fondo, el gobierno habrá de embarcarse en una venta histórica de activos para generar efectivo. Tal acto pone de manifiesto la magnitud del daño económico causado por la crisis de Covid-19 y el colapso en los mercados mundiales de petróleo, con el mayor exportador de crudo de Europa occidental ahora enfrentando su peor depresión económica desde la Segunda Guerra Mundial.

El fin de la gallina de huevos de oro

El fondo soberano es un buen comienzo para garantizar el futuro de la economía de Noruega. Actualmente, con un valor superior al 250% del PIB de Noruega, el país podría cerrar efectivamente durante casi tres años y no tener que preocuparse. Este es un buen amortiguador, pero no es suficiente a largo plazo.

Por fortuna para la gente noruega, el país se encuentra en una posición adecuada para la transición a un mundo sin petróleo dado que el 98% de la electricidad del país proviene de la energía hidroeléctrica y un gran número de consumidores elige vehículos eléctricos. De hecho, uno de cada tres coches adquiridos en el país es eléctrico, lo que coloca a Noruega como el segundo mercado más grande para vehículos eléctricos (tan solo por detrás de China, un estado con una población 270 veces mayor que la del Estado nórdico). Adicionalmente, la industria petrolera representa únicamente un 20% del total del producto interno bruto [5].

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Noruega atrae a miles turistas al año gracias a sus coloridos paisajes.

Noruega también tiene por objetivo alcanzar una industria libre de emisiones, así como una flota mercante bajo el mismo estándar. Curiosamente, dado que la flota naviera representa casi todo el uso de petróleo de Noruega, cuanto más se acerque el país a este objetivo la relación costo/beneficio será aún mayor.

La industria del turismo, que explota el paisaje increíblemente hermoso de Noruega, continúa expandiéndose y lo hará por algún tiempo. Finalmente, la antigua base de la economía, la industria pesquera, continúa siendo bastante sólida. Pase lo que pase, distintos organismos, como el FMI, creen que la transición de Noruega debería ser relativamente suave siempre y cuando tenga al menos un ojo puesto en el futuro.

[1] World Economic Outlook Database, April 2019″. IMF.org. Fondo Monetario Internacional. Revisado el 03 de agosto de 2020.

[2] World Economic Outlook Database, April 2019″. IMF.org. Fondo Monetario Internacional. Revisado el 03 de agosto de 2020.

[3] Hodne, Fritz. An Economic History of Norway, 1815-1970. Tapir: Trondheim, 1975.

[4] Hodne, Fritz. The Norwegian Economy, 1920-1980. London: Croom Helm and St. Martin’s, 1983.

[5] Grytten. Ola Honningdal. “The Gross Domestic Product for Norway, 1830-2003.” Norges Bank: Occasional Papers, no. 1 (2004b)

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