Share on facebook
Share on linkedin
Share on twitter
Share on whatsapp
Sin título-1_Mesa de trabajo 1

¿Será posible que América Latina logre replicar y consolidar un modelo similar al de la Unión Europea?

Diversos han sido los intentos por lograr en América lo que se logró en Europa: una unión económica, cultural y social. Sin embargo, así como diversos intentos se han gestado, diversas condiciones y hechos sucedidos en la región han impedido su consolidación. Entre los que destaca la creencia de que sería suficiente la integración regional en términos de zona de libre comercio, dejando de lado una integración multidimensional, la cual sin duda fue lo que ayudó a que la Unión Europea se convirtiera en una realidad.

La Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC) y la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI) fueron dos de los primeros intentos fallidos impulsados en América Latina. Sin embargo, los “límites estructurales de dichas organizaciones impidieron la puesta en marcha de sus objetivos”[1]. Uno de los factores primordiales en su fracaso se puede encontrar en la falta de un impulso político constante en los procesos de integración.

Si bien los Estados latinoamericanos comparten lazos creados a partir de la vivencia de experiencias similares, desde la época colonial, pasando por los golpes de Estado y dictaduras, así como la imposición de la democracia y la corrupción que sólo ha ido en aumento nada de esto ha sido suficiente, sobre todo si se toma en consideración que los proyectos de Estado parecen ser más de gobierno, o a lo mucho de partido político, lo cual sólo ha imposibilitado la articulación de estos proyectos a lo largo del tiempo ya que, conforme llegan se terminan al cambió de jefe de gobierno.

En 2008 se creó el Proyecto de Integración y Desarrollo de Mesoamérica, el cual “se definió como una iniciativa regional para implementar proyectos que resulten en beneficios concretos para las sociedades en materia de crecimiento económico, interconectividad y desarrollo social”[2]. Si bien, no abarca a América Latina en su totalidad, por lo mencionado con anterioridad, al menos el Proyecto si cuenta con el carácter transversal que a otras articulaciones le han hecho falta.

Por su parte, hasta el sexenio de Salinas, México tenía un discurso a favor de la integración Latinoamérica. Tal como se puede reflejar con el dicho pasado de generación en generación “México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”.  Sin embargo, dicho discurso no se dio en la práctica, debido a que en la práctica “la dinámica de mercados, empresas, trabajadores y comercio producían un proceso de integración progresivamente más denso entre las economías a los dos lados de la frontera norte de México”[3]. Con el paso del tiempo, dicho discurso comenzó a cambiar en parte porque la práctica, como se mencionó con anterioridad, era distinta a lo que se quería proyectar. Por lo que no fue de extrañar que dicho discurso prolatinoamericano cambiara a uno pronorteamericano favoreciendo la creación del pasado TLCAN con Estados Unidos y Canadá.

Se podría decir que la Cooperación Internacional Sur-Sur ha coadyuvado a estos esfuerzos de integración, sobre todo tomando en consideración que en los últimos años se ha posicionado como una de las formas predilectas en cuanto a cooperación se refiere. Si bien, una de las principales razones de su incremento se encuentra en los intereses comerciales, al buscar de forma legítima la promoción de las exportaciones de su Estado hacia nuevos mercados, ha brindado “acuerdos multilaterales de cooperación suscritos en el marco de organismos regionales como la Comunidad Andina de Naciones (CAN), Mercosur, el ALBA, entre otros”[4].

Si bien el carácter económico es un excelente punto por el cuál comenzar a la hora de implementar acuerdos regionales, es de suma importancia unir dichos esfuerzos en otras áreas. Un caso excepcional de lo mencionado se puede encontrar en México el cuál se ha integrado económicamente a Estados Unidos, alejándose política y económicamente de América Latina, pero sin lograr la anexión transversal que pudo haber logrado de seguir persiguiendo esta configuración latinoamericana, debido a que el pasado histórico latinoamericano es de mayor peso que el estadounidense.

Si se deseara lograr una Unión Latinoamericana, consolidada como la Unión Europea, es imprescindible lograr que los Estados latinoamericanos comiencen a ver sus Proyectos de Estado como tal y no como proyectos de partido político. Se necesita de la continuidad de los esfuerzos comenzados en cada periodo presidencial, priorizando así al Estado y no al partido político. Hasta que esto no suceda, la idea de una Unión Latinoamericana seguirá sin consolidarse, prevaleciendo los acuerdos económicos a los acuerdos transversales.


[1] Sharon Ahcar Cabarcas, Oriana Galofre Charris y Roberto González Arana. Procesos de integración regional en américa latina: un enfoque político. revista de economía del caribe nº. 11 (2013) pp. 77-99.

[2] Michelle Ruiz Valdes y Sergio Vázquez Maneley. ¿De qué otra forma analizar el Proyecto Mesoamérica? Reflexiones desde la economía política internacional británica. OASIS, ISSN: 1657-7558, E-ISSN: 2346-2132, N° 31, Enero – Junio de 2020, pp. 31-50

[3] Martín Puchet Anyul, Juan Carlos Moreno-Brid y Pablo Ruiz Nápoles. La integración regional de México: condicionantes y oportunidades por su doble pertenencia a América del Norte y a Latinoamérica. Economía UNAM, México , v. 8, n. 23, p. 03-36, agosto 2011.

[4] Fernando Nivia-Ruiz, F. La cooperación internacionaL Sur-Sur en américa Latina y eL caribe: una mirada deSde SuS avanceS y LimitacioneS hacia un contexto de criSiS mundiaL. re vist a de economía del caribe nº 5 (2010) pp. 188-236.

Compartir artículo

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

Artículos relacionados