La biodiversidad de los territorios, nuestra mejor protección ante el Coronavirus

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Actualmente, en pleno siglo XXI, estamos viviendo un momento sin precedentes en el mundo entero. Jamás nos hubiéramos imaginado que podría desatarse una pandemia mundial que sacudiría todos los aspectos de nuestra vida.

El Covid-19 se cobra a diario cientos de vidas por todo el mundo, y deja a miles de personas con problemas crónicos de salud. La economía mundial se ha paralizado. Los trastornos mentales y de sueño se han disparado de manera desorbitada, y los patrones culturales están experimentando un profundo cambio hacia esa “nueva normalidad”.

Pero tal vez sí nos advirtieron. 

Científicos de todo el mundo comenzaron a predecir estas situaciones hace aproximadamente treinta años, cuando el surgimiento de enfermedades emergentes comenzó a acelerarse por distintas partes del planeta, con un nivel de incidencia muy distinto entre países y poblaciones.  

Es evidente que la situación requiere de medidas urgentes. Pero no basta con buscar soluciones cortoplacistas, como la competición entre países y empresas por producir la mejor vacuna del momento. Necesitamos buscar soluciones a medio y largo plazo que hagan frente a las consecuencias reales y, además, nos permitan comprender qué hay detrás de esta gran amenaza para la humanidad y para el conjunto del planeta.

Biodiversidad de los territorios y proliferación de enfermedades

Para la redacción de su último libro, “La fábrica de pandemias”[1], la periodista Marie Monique Robin entrevistó a 62 científicos de todo el mundo, expertos en distintas disciplinas: médicos, infectólogos, epidemiólogos, veterinarios, parasitólogos, etc.

Absolutamente todos ellos coinciden en la misma premisa: la pandemia que estamos viviendo es sólo el comienzo de todo lo que se avecina, y el mejor antídoto para hacer frente a los próximos desafíos es, sin duda, la conservación de la biodiversidad.

De hecho, se ha descubierto el impacto directo del ser humano sobre el desequilibrio medioambiental, y cómo la destrucción de la biodiversidad mediante la deforestación y la devastación de bosques tropicales en África, América Latina o Asia, están originando las zoonosis [2].

En este sentido, la actividad humana modifica seriamente los ecosistemas, lo que se traduce en alteraciones en la fauna, la flora y el clima, y todo ello nos repercute inevitablemente. El mundo entero está increíblemente interconectado, y las alteraciones que el ser humano produce en el medioambiente nos están retornando en forma de enfermedades.

Sin embargo, también existen otros factores que intervienen en la proliferación de enfermedades, y las características de las mismas varían según países y poblaciones.  

El 90% de las enfermedades crónicas guardan una estrecha relación con el estilo de vida, el agua, la contaminación, el estrés, la exposición a antibióticos y el medioambiente. Por ejemplo, el director de la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer de Lyon afirma que, en los últimos veinte años, se ha duplicado la incidencia de cáncer en Francia. Mientras tanto, en países como la India, la incidencia continúa manteniéndose relativamente baja.

De esta forma, numerosos estudios demuestran que, aquellas poblaciones más expuestas a una amplia diversidad de microorganismos, presentan una mayor defensa inmunológica ante el contagio y manifestación de enfermedades.

La biodiversidad de los territorios, nuestra mejor protección ante el Coronavirus

Investigaciones basadas en el impacto sobre la flora intestinal de personas migrantes desde zonas rurales y tribus originarias hacia grandes núcleos urbanos, muestran que los habitantes de estas grandes ciudades, donde los patrones culturales y hábitos de consumo se alejan de la tierra y adquieren un estilo de vida más “artificial”, presentan una flora bacteriana mucho menos diversa que aquellos residentes en zonas rurales.

A pesar de lo que pudiéramos pensar, la tasa de mortalidad asociada al Covid19 en países con un sistema sanitario robusto y con mayores medidas de salubridad, como son Estados Unidos, Italia, Reino Unido, Francia o España, es mucho mayor que en países en vías de desarrollo. Investigaciones recientes han estudiado la correlación de este hecho con la exposición a una mayor diversidad micro bacteriana.

Ha quedado demostrado que la diversidad de microorganismos fortalece nuestro sistema inmunitario y nos sirve como escudo frente a infecciones externas. Pero esta exposición bacteriana no proviene únicamente de los alimentos y del agua que ingerimos, sino de la totalidad de microorganismos existentes en el ecosistema.

Introducción a la inmunobiología

En las últimas décadas, la incidencia de enfermedades alérgicas y autoinmunes se está acelerando de manera desorbitada, con especial énfasis en los países occidentales. Muchos estudios han tratado de descubrir las causas de esta tendencia, y apuntan a aspectos como la predisposición genética, el desequilibrio del sistema inmunitario y los factores ambientales. 

La inmunobiología es la ciencia que se basa en el estudio, diagnóstico y tratamiento de las enfermedades asociadas con el sistema inmunitario y, por tanto, con los órganos internos que regulan la respuesta del organismo ante la presencia de agentes patógenos externos (bacterias, virus, parásitos, toxinas, etc.).

La biodiversidad de los territorios, nuestra mejor protección ante el Coronavirus

Con la modernización, llevamos experimentando cambios importantes en Occidente que han provocado un gran impacto en todos los ámbitos de la vida: la migración hacia las zonas urbanas, el acceso a agua potable, el aumento de medidas sanitarias, las campañas de vacunación, los controles de producción alimentaria, etc. Todo ello ha hecho que, además, hayamos perdido el contacto con la gran diversidad de microorganismos con los que solíamos convivir.

En este sentido, Strachan propuso en 1989 la “hipótesis de la higiene”, que sostiene que el incremento de enfermedades crónicas asociadas a un desequilibrio inmunitario podría deberse a la disminución de la exposición a microorganismos. Esta hipótesis implica que los efectos de la modernización han acabado con nuestra diversidad micro bacteriana, y la desaparición de estos organismos en el medioambiente hace que ya no contemos con sus efectos beneficiosos sobre nuestro sistema inmune, lo que hace que seamos más propensos a padecer enfermedades y trastornos autoinmunes en las sociedades occidentales. 

Aunque esta idea de la higiene es cuestionable, no cabe duda de que esconde una gran verdad: la biodiversidad nos protege y nos fortalece.

Preservar la biodiversidad es nuestra mejor protección

Como afirma Marie Monique Robin, ha quedado demostrado que la diversidad nos protege: “El mejor antídoto contra la próxima pandemia es preservar la biodiversidad”.

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Cuando se desequilibran los ecosistemas, el mundo entero enferma. Cada uno de nuestros actos de consumo conlleva consecuencias ambientales en otras partes del mundo. De igual forma que el polvo del desierto viaja por el atlántico hasta provocar catástrofes en las costas de Florida y llega hasta los árboles del Amazonas, el uso de aceite de palma en Europa contribuye a la deforestación en Indonesia.

Es por ello que resulta necesario hacer referencia a un concepto en auge: “One Health”, que insta sobre la necesidad urgente de adoptar una visión global sobre una salud del planeta en su conjunto.

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[1] Robin, Marie Monique: La fabrique des pandémies. 2021. La Découverte.
[2] Enfermedades provocadas por patógenos que se transmiten de la fauna al ser humano. El ébola es la primera gran enfermedad zoonótica, trasmitida por parte de los primates que, a raíz de las actividades de deforestación en África en 1976, se vieron obligados a abandonar su hábitat. A partir de entonces, comenzó a comercializarse su carne, que resultó en una nueva enfermedad para el ser humano.


1. Marie Monique Robin: “La fábrica de las pandemias” (2021), “El mundo según Monsanto: De la Dioxina a los OGM” (2008).
2. Enfermedades provocadas por patógenos que se transmiten de la fauna al ser humano. El ébola es la primera gran enfermedad zoonótica, trasmitida por parte de los primates que, a raíz de las actividades de deforestación en África en 1976, se vieron obligados a abandonar su hábitat. A raíz de entonces comenzó a comercializarse su carne, que resultó en una nueva enfermedad para el ser humano.
3. Soberanía Alimentaria, Biodiversidad y Culturas.
4. US National Library of Medicine (National Institutes of Health).
5. David P. Strachan: “La hipótesis de la higiene (excesiva)”. 1989.

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