Navalny – El talón de Aquiles Putin

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Alexei Navalny se mostró desafiante mientras en juicio esperaba su inevitable sentencia.  Se trata del último episodio de un enfrentamiento épico entre dos hombres por el futuro de una nación. Uno es el hombre en el banquillo de los acusados, el principal líder de la oposición de Rusia, y ahora una figura mundial – comparada por algunos con Nelson Mandela.

El otro es el presidente del país durante dos décadas, un ex coronel de la KGB que parece decidido a permanecer en el poder y aplastar una revuelta popular contra él. A primera vista, la lucha terminó con una victoria decisiva para Vladimir Putin – Navalny fue condenado a dos años y ocho meses de cárcel. No obstante, el Kremlin no ha podido hacer lo que más desea: romper a Navalny.

Su decisión de regresar y enfrentarse a la cárcel refuta la tesis de Putin sobre la política rusa, quien asegura que cualquiera que quiera expulsarlo de la presidencia es corrupto o demasiado débil para ser de confianza. No obstante, la postura de Navalny al regresar a Moscú ha callado de lleno a Putin.

Durante años, el Kremlin ha vacilado sobre qué hacer con Navalny, cuyos videos anticorrupción y revelaciones de investigación le han dado un alcance masivo. ¿Ignorar, encarcelar o utilizar otros métodos más oscuros? Los obvios no funcionaron, puesto que hizo caso omiso de las repetidas amenazas y detenciones. Es por ello que un exasperado Putin dio la orden de silenciarlo.


El verano pasado, un equipo encubierto de la agencia de espionaje SFS de Rusia envenenó a Navalny mientras estaba de gira por Siberia. Aplicaron el agente nervioso novichok, utilizado contra Sergei y Yulia Skripal en Salisbury, en las costuras internas de los calzoncillos de Navalny. Alexei Navalny sobrevivió gracias a una mezcla de suerte y tratamiento hospitalario oportuno. Incluso logró exponer a sus asesinos del SFS.

El Kremlin aparentemente calculó que Navalny no se atrevería a regresar a casa desde Berlín, donde se recuperó tras su envenenamiento. El 17 de enero, sin embargo, Navalny voló de regreso a Moscú, en un desafío directo a Putin. La detención a su llegada provocó protestas callejeras en toda Rusia, en 180 pueblos y ciudades, desde la ocupada Crimea hasta Vladivostok en el Pacífico. En Yakutsk, los manifestantes se reunieron a temperaturas de -50 ° C.

Decenas de miles de rusos se han unido en apoyo de Navalny, viendo en él la mejor perspectiva de cambio después de un período de deterioro del nivel de vida, represión cada vez más flagrante y robos de alto nivel. Este respaldo no es de ninguna manera universal, pero representa el desafío más serio para Putin, quien parece cada vez más desconectado y aislado.


“Navalny probablemente no es una persona santa”, dijo Vladislav, un ingeniero de sonido de club de 24 años, mientras protestaba en la Plaza Pushkin de Moscú. “Pero en comparación con lo que está sucediendo ahora, con lo que está sucediendo en las administraciones de las ciudades de todo el país, con el robo, sería mucho mejor si él estuviera a cargo”.

Navalny – El talón de <s>Aquiles</s> Putin
La represión policiaca terminó siendo contraproducente en materia mediática.


Las autoridades han respondido con porras y violencia a lo que dicen son reuniones “ilegales”, arrestando a más de 10,000 personas. Los centros de detención de Moscú están desbordados; con muy pocas celdas disponibles, los manifestantes están detenidos durante horas en furgonetas policiales congeladas. Se ha atacado a periodistas que intentan dar luz a la catastrófica situación en Rusia. Un destacado editor fue encarcelado durante 25 días solo por retuitear un meme.

En su discurso ante el tribunal, Navalny señaló lo absurdo del caso del Kremlin en su contra. (Se le acusa, entre otras violaciones, de demorarse en informar a los oficiales de libertad condicional que estaba en coma en Alemania). Navalny dijo que estaba tras las rejas debido al “odio y miedo de un hombre” – “Lo ofendí mortalmente al sobrevivir a un atentado contra mi vida que él orden”.

Abogado de formación, Navalny proviene de un mundo diferente al gris reino burocrático habitado por Putin y sus amigos de la KGB. El estado ruso tiene poderosas herramientas a su disposición: un gran aparato de seguridad leal; jueces y fiscales obedientes; y redes de televisión estatales brillantes que publican de manera confiable difamaciones y propaganda anti-Navalny.

Por otro lado, Navalny tiene sus propias armas. Una es el humor: una habilidad incomparable para burlarse de los corruptos gobernantes del país de una manera que los rusos comunes puedan entender. Nadie se mete en la piel de Putin como lo hace Navalny. La otra es la falta de miedo: una valentía de David contra Goliat. Navalny tiene una dimensión diferente a la de Putin. Confía en que la oposición rusa está históricamente destinada a ganar.

Diferentes expertos apuntan a que las últimas revueltas difieren de las protestas de 2011-12, provocadas por el fraude electoral. Las protestas recientes cuentan con todos los grupos sociales; incluso fuera de Moscú, la policía no puede hacer frente a los números. Sin embargo, los líderes de la oposición han detenido las protestas hasta la primavera, lo que les dará tiempo de reagruparse y concentrarse en las próximas elecciones.

Origen soviético

Navalny, nacido en 1976, pertenece a una generación que creció en la URSS pero que no fue definida por ella. Su padre, comunista, era oficial de las fuerzas de misiles soviéticas; Navalny pasó sus primeros años en bases militares. Su abuela luchó en la gran guerra patriótica, como los rusos llaman a la segunda guerra mundial, y escribió su nombre en el muro del liberado Reichstag de Berlín.

La actitud de la familia hacia el poder soviético era ambigua. Su madre tenía una copia en casa de “El archipiélago Gulag” de Aleksandr Solzhenitsyn; su tía abuela fue reprimida y enviada a la ciudad minera de Vorkuta al norte del círculo polar ártico. Al mismo tiempo, la abuela de Navalny admiraba a Stalin y lo describía como “nuestro todo”, debido a su papel en la derrota del nazismo.

Es tentador comparar a Navalny con los disidentes e intelectuales de la década de 1970 que lucharon contra Leonid Brezhnev y el estancamiento soviético. Pero en lugar de samizdat, intercambiado a mano y leído en las cocinas, Navalny tiene redes sociales. Su último video sobre el palacio secreto de Putin en el Mar Negro ha acumulado más de 110 millones de visitas.

Enfrentamiento con Putin

 
“Representa una perspectiva de cambio mucho más seria que cualquier otra cosa que hayamos visto en el siglo XXI”, sugiere David Clark, exasesor especial del difunto secretario de Relaciones Exteriores, Robin Cook. “Es un populista de derecha con inclinaciones nacionalistas. Eso es precisamente lo que lo hace tan peligroso para el Kremlin. No es fácil descartarlo como un títere occidental. Navalny es un fenómeno auténticamente ruso”.

Los partidarios de Navalny no están de acuerdo con la etiqueta nacionalista. Hay quienes describen la política de Navalny como de “centro izquierda” y aseveran que los intentos del régimen de presentarlo como un extremista radical son meros actos difamatorios.

Durante diferentes mítines, Navalny ha dejado ver un discurso demócrata proeuropa, aunque no ha renunciado del todo a su retórica antiinmigrante. Ha pedido elecciones justas y transparentes, un poder judicial independiente y medios de comunicación libres. Así como un salario mínimo para todos los ciudadanos rusos.


Su mayor demanda es el fin de la corrupción estatal desenfrenada que ha visto al séquito de Putin acumular miles de millones de empresas estratégicas.  En 2013 se postuló para la alcaldía de Moscú, ganando, a pesar de la manipulación habitual de las papeletas por parte de las autoridades, al menos el 27% de los votos. Por ello no es de sorprender que el Kremlin esté claramente decidido a mantener a Navalny encerrado más allá de las elecciones a la Duma en septiembre.

Fue envenenado el año pasado mientras hacía campaña a favor de la “votación inteligente”, instando a los rusos a respaldar a los candidatos que se oponen al partido gobernante Rusia Unida. Esto asustó a la administración de Putin, al igual que las protestas de al lado en Bielorrusia.

Hasta hace poco, el presidente de Rusia se negó a usar el nombre de Navalny, prefiriendo llamarlo “ese caballero” o “el paciente de Berlín”.
Paradójicamente, es el comportamiento paranoico del Kremlin hacia Navalny lo que lo ha convertido en un nombre familiar. Otros líderes de la oposición han sido expulsados del país (el ex oligarca Mikhail Khodorkovsky, ahora en Londres; el campeón mundial de ajedrez Garry Kasparov, que está en Croacia). O han sido asesinados: el destino de Boris Nemtsov, asesinado a tiros fuera del Kremlin en 2015. Navalny es el último hombre en pie.


¿Estará a salvo en la cárcel? Nadie lo sabe. Posiblemente, el mismo Putin no lo haya decidido aún. Navalny es muy consciente de las posibilidades y señaló que ahora está en manos de personas a las que les gusta untar todo con armas químicas. Por el momento, el mundo está observando de cerca. El presidente estadounidense Joe Biden y otros líderes occidentales han exigido la liberación de Navalny.

El destino de Navalny depende de si puede persuadir a suficientes rusos para que superen su miedo y sigan protestando, frente a las porras y las celdas de la prisión.

“Las puertas de hierro se cierran de golpe detrás de mí con un ruido metálico ensordecedor, pero me siento como un hombre libre”, publicó la semana pasada. “Pueden aferrarse al poder solo confiando en nuestro miedo. Pero nosotros, habiendo superado el miedo, podemos liberar a nuestra patria de un puñado de ladrones ocupantes”.

Wikipedia (2020). Servicio Federal de Seguridad. Consultado en https://es.wikipedia.org/wiki/Servicio_Federal_de_Seguridad.

Harding, Luke (2020). ‘A chain of stupidity’: the Skripal case and the decline of Russia’s spy agencies. Consultado en https://www.theguardian.com/world/2020/jun/23/skripal-salisbury-poisoning-decline-of-russia-spy-agencies-gru.

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Roth, Adrew (2021).’The problem is Putin’: protesters throng Russia’s streets to support jailed Navalny. Consultado en https://www.theguardian.com/world/2021/jan/23/the-problem-is-putin-protesters-throng-the-streets-to-support-navalny

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Nunley, Christian (2021). Biden says U.S. will not hesitate to raise the cost on Russia, calls for Navalny’s immediate release. Consultado en https://www.cnbc.com/2021/02/04/biden-says-us-will-not-hesitate-to-raise-the-cost-on-russia.html

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