Ngozi Okonjo-Iweala en la OMC: Un acierto para el feminismo burgués

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A partir del pasado 1 de marzo de 2021 –tan sólo una semana antes de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer (8 de marzo)–, Ngozi Okonjo-Iweala se convirtió oficialmente en la primera mujer al frente de la Organización Mundial del Comercio (OMC), siendo además la primera persona proveniente de un país africano (Nigeria) en ostentar el cargo. Cabe mencionar que desde el año 2019 posee también la nacionalidad estadounidense, por lo que hablamos así de una mujer afroamericana.

Si bien este acontecimiento implicará un cambio para el régimen comercial internacional en un momento crucial para la organización que ha reflejado, con particular ímpetu, la crisis multilateral acrecentada por la pandemia de la COVID-19, la apuesta por la nueva líder es también un acierto para el feminismo, específicamente para el feminismo liberal –al que Nancy Fraser llama también “feminismo de la élite”–, lo que no necesariamente se traducirá en una aportación para la lucha por la igualdad de género, pues la simple incorporación de las mujeres a las estructuras formales y legales sistémicas fomenta la exclusión y la legitimación del patriarcalismo.

El análisis de este hito desde la perspectiva de género es de suma importancia, pero desafortunadamente ha quedado en segundo plano frente al enfoque en los problemas comerciales heredados por la nueva mandataria. En este entendido, el objetivo de este artículo es entender cómo y por qué este acontecimiento se suma al “feminismo liberal contrarrevolucionario que, de poco o nada, sirve en las luchas por la transformación radical del mundo” [1], a partir de las premisas de esta rama feminista.

Asimismo, se busca demostrar la tendencia de exclusión fomentada por el feminismo liberal, particularmente en la política internacional, y analizar los retos y las oportunidades para la nueva directora más allá del comercio. Previo a entrar en materia, es importante tener claro dos puntos importantes: 1) Como bien apunta Marianne H. Marchand, es un error relacionar al género exclusivamente con las mujeres debido a que éste es un concepto mucho más amplio que incluye también a los hombres, a las feminidades y a las masculinidades; y 2) es igualmente erróneo ignorar la diversidad entre las categorías del feminismo (tales como el feminismo cultural, el feminismo liberal, el feminismo marxista, etc.), las cuales son hasta cierto punto complementarias.

¿Por qué el feminismo liberal es el feminismo de la élite?

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En las Relaciones Internacionales pueden distinguirse diferentes corrientes teóricas del feminismo que de determinada manera reflejan las teorías dominantes de la disciplina. “Por ejemplo, desde la articulación de la segunda ola del feminismo de las décadas de 1960 y 1970 se distingue entre el feminismo liberal y el feminismo socialista.

Por feminismo liberal, a veces llamado feminismo burgués, se entiende un feminismo que está enfocado en la igualdad entre hombres y mujeres, aunque no cuestiona, entre tanto, al sistema capitalista ni a la democracia liberal. En el contexto de los estudios de desarrollo, se ha asociado al feminismo liberal al proceso de integrar a las mujeres en estructuras existentes, una práctica que ha sido llamada add women and stir (agregue mujeres y revuelva)”. [2]

El feminismo liberal forma parte del llamado feminismo domesticado o feminismo de la igualdad, el cual es criticado por su conservadurismo implícito, ya que “desde esta perspectiva sólo se puede conseguir convertir a las mujeres en hombres, ya que las estructuras socio−políticas han sido creadas por los hombres en pos de su propio beneficio y satisfacción de sus necesidades.

Aunque el movimiento político−liberal se caracteriza por la autonomía racional, el individualismo, la distinción entre los ámbitos público y privado, el universalismo y la imparcialidad, la igualación de la mujer con el hombre a la hora de incorporarse al entorno liberal es precaria, pues aunque la estructura legal no se vea afectada por el sexismo y la discriminación, las estructuras no formales inmiscuidas en la tradición y el patriarcalismo fomentan la exclusión, lo que explicaría que aún en los sistemas de igualdad formal más perfectos las mujeres no accedan a los cargos de mayor responsabilidad.” [3]

La denominación “feminismo burgués” o “de la élite” como sinónimo del feminismo liberal recalca la falta de interseccionalidad en la inserción de las mujeres en las estructuras existentes, pues hablamos de aquel que “plantea una rebeldía parcial y accesible a unas pocas mujeres bien acomodadas que ya se encuentran en posiciones de poder con anterioridad. Una rebeldía dentro de los esquemas permitidos que no pone en duda los sistemas de explotación elementales, como la división internacional del trabajo y la colonización del mercado a la vida cotidiana.” [4]

Así, por ejemplo, tenemos que la mayoría de las mujeres líderes con éxito en los puestos de liderazgo (55%) proceden de países desarrollados. [5] El caso de la Dra. Okonjo-Iweala no es la excepción pues aunque se ha presentado como una mujer africana que por su género y ascendencia representará a ciertos grupos vulnerables, la realidad recalca otro tipo de intereses ajenos a las demandas sociales. Incluso el propio perfil de la mandataria arroja señales del camino por venir bajo su dirigencia, si bien este no da nada por sentado, tampoco se puede pasar por desapercibido.

¿Quién es Ngozi Okonjo-Iweala?

Ngozi Okonjo-Iweala en la OMC: Un acierto para el feminismo burgués

La nueva directora de la OMC es hija del matemático y economista Chukwuka Ben Okonjo, monarca de la casa real Obahai de Ogwashi-Ukwu (2007-2019) y de la también profesora universitaria Kamene Okonjo. La posición social y el perfil intelectual de su familia le aseguraron una educación superior a la que rara vez tenían acceso las nigerianas nacidas antes de la independencia nacional en 1960, por lo que recibió instrucción escolar en colegios selectos y comenzó estudios preuniversitarios en la Escuela Internacional de Ibadán (ISI).

Posteriormente se formó como economista en la Universidad de Harvard, y realizó un doctorado en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) en el área de Economía y Desarrollo Regionales. Trabajó para el Grupo del Banco Mundial por 25 años (su último período fue 2007-2011) y fue ministra de Finanzas de su país. Su candidatura para la dirección de la OMC fue anunciada por el presidente de Nigeria, Muhammadu Buhari, en junio de 2020. [6]

Aunque sin duda este alto perfil suena prometedor, y no se puede ni debe demeritar el hecho de que tan preparada mujer haya sido elegida para colocarse al frente de uno de los bastiones institucionales más importantes del sistema neoliberal, tampoco se debe enaltecer su figura en detrimento de los movimientos sociales feministas que se han hecho escuchar desde diferentes rincones del mundo por activismo y por la suma de esfuerzos, pues no existe una correlación directa entre la elección la ex ministra financiera nigeriana y la lucha feminista.

Por ello, es de suma importancia estudiar y entender este cambio desde una perspectiva interseccional que incluya otras categorías además del género (como las socioeconómicas) que permitan vislumbrar el amplio espectro de intereses que la elección de Ngozi Okonjo-Iweala dejará fuera, particularmente porque es una réplica de la referida tendencia patriarcal de “agregue mujeres y revuelva” que fomenta la desigualdad de género en los altos cargos, una práctica excluyente de las propias mujeres por sus condiciones raciales, económicas, sociales, etc.

La desigualdad de género en los altos cargos

Ngozi Okonjo-Iweala en la OMC: Un acierto para el feminismo burgués

El sistema liberal que persiste desde la época de la posguerra, ha fomentado la exclusión de las mujeres en los altos cargos, especialmente en la esfera política. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la representación de las mujeres es insuficiente en todos los niveles de toma de decisiones del mundo. Por tanto, alcanzar la paridad de género en la política es aún lejano.

Actualmente, sólo en 22 países hay jefas de Estado o de gobierno, y 119 países nunca han sido presididos por mujeres; al 1º de enero de 2020, sólo el 21% de quienes ocuparon ministerios fueron mujeres, y apenas en 14 países los gabinetes de gobierno han alcanzado el 50% o más en la representación de las mujeres. A este ritmo, la igualdad de género en las más altas esferas de decisión no se logrará por otros 130 años. [7]

Cabe destacar que las cinco carteras ministeriales más comúnmente ocupadas por mujeres son aquellas consideradas “blandas”, basadas meramente en los roles de género prestablecidos por el patriarcado: familia, niñez, juventud, adultos mayores, discapacidad, asuntos sociales, medio ambiente, recursos naturales, energía, empleo, trabajo, formación vocacional, y asuntos de la mujer e igualdad de género.

En el contexto de la “nueva normalidad”, resultado de la COVID-19, las especialistas Maria V. Sokolova, Alisa DiCaprio y Nicole Bivens Collinson analizaron la estructura histórica de liderazgo de 30 grandes organizaciones internacionales (que abarcan la mayoría de las organizaciones y organismos especializados de la ONU) desde su creación y encontraron que en total sólo ha habido 33 mujeres en puestos de liderazgo de entre 291 dirigentes.

Entre las 33 mujeres líderes identificadas sólo 5 fueron nombradas antes del año 2000. Además, 15 organizaciones, es decir, la mitad de la muestra, nunca han tenido una mujer al frente. [8] Okonjo-Iweala se suma a aquellas mujeres privilegiadas que han tenido la oportunidad de ocupar puestos destinados para los hombres, lo que no implicará un cambio real para las estructuras que legitiman la desigualdad de género, pero sí podría incidir de manera negativa en los esfuerzos feministas anti sistémicos.

Los retos y las oportunidades para Ngozi Okonjo-Iweala más allá del comercio

Ngozi Okonjo-Iweala en la OMC: Un acierto para el feminismo burgués

Desde el comienzo de su mandato, la líder afroamericana se enfrenta a una serie de dificultades dentro y fuera de la OMC, entre ellas la imposibilidad de concluir la Ronda de Doha y de llevar a cabo reformas internas en rubros clave, como la pesca, en un contexto de crisis multilateral exacerbada por el proteccionismo, la guerra comercial y la crisis sanitaria. En conjunto, dar solución a estos problemas será una labor titánica.

Más allá del comercio, la llegada de la nueva directora promete un impacto positivo para los esfuerzos feministas liberales pues su papel representa un parteaguas para la inclusión de las mujeres en los altos cargos, particularmente en el ámbito comercial; sin embargo, esto no garantizará un aumento realmente significativo en las cifras de mujeres ni que sus posibles sucesoras o nuevas colegas provengan de contextos diferentes a los privilegiados y excluyentes que posee la mayoría de las líderes en el mundo, mucho menos es garantía de que se representarán los intereses de todas las mujeres del mundo.   

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Por otro lado, el desempeño de Ngozi Okonjo-Iweala al frente de la OMC podría tener un impacto negativo generalizado para el feminismo pues se corre el riesgo de que los posibles fracasos bajo su mando en los próximos cuatro años sean adjudicados a su condición de ser una mujer, una crítica que no se les hizo a los directores anteriores a pesar de su incapacidad para responder a los problemas que ahora hereda la nueva mandataria.

El eco de este riesgo podría resonar en los esfuerzos de los movimientos feministas más radicales que, a comparación del feminismo liberal, luchan por un verdadero cambio sistémico. Los posibles pasos en falso de la líder representan una oportunidad para desprestigiar de manera totalitaria al papel de liderazgo de las mujeres, lo que agudizará las dificultades para quienes nacen bajo el impenetrable techo de cristal que les impide abrirse camino en las esferas de poder, por reducir la problemática al espectro liberal. Aunque este hecho le podría abrir la puerta a otros esfuerzos más radicales, la sobreposición de los objetivos feministas a la agenda comercial del liberalismo individualista patriarcal resulta imposible.

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[1] Almeida Noboa, D. (2020, noviembre 11). Kamala Harris y el feminismo liberal contrarrevolucionario. CRISIS. Consulta marzo 25, 2021, en: https://www.revistacrisis.com/debate-feminismo/kamala-harris-y-el-feminismo-liberal-contrarrevolucionario

[2] Marchand, Marianne H. (2013) “Género y Relaciones Internacionales: Una mirada feminista ‘postcolonial’ desde América Latina”. En: Legler, Thomas; Santa Cruz, Arturo; Zamudio, Laura (eds.), Introducción a las Relaciones Internacionales: América Latina y la Política Global, Oxford: Oxford University Press, pp. 62-73. http://web.isanet.org/Web/Conferences/FLACSO-ISA%20BuenosAires%202014/Archive/d1467358-94fe-4d45-890d-7e183836524b.pdf

[3] Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. (2008). Teoría feminista, política y derecho. gob.mx. https://www.te.gob.mx/genero/media/pdf/bb7021802d6c658.pdf

[4] Almeida Noboa, óp. cit.

[5] Sokolova, Maria V., et al. (2020). Is it time for women leaders in international organizations? Trade Experettes, Consulta: 3 de marzo de 2021, en: https://www.tradeexperettes.org/corona/is-it-time-for-women-leaders-in-international-organizations.

[6] Barcelona Center for International Affairs. (2021, febrero 19). Ngozi Okonjo-Iweala. CIDOB. Consulta: marzo 25, 2021, en: https://www.cidob.org/biografias_lideres_politicos/africa/nigeria/ngozi_okonjo_iweala

[7] ONU Mujeres. (2021). Hechos y cifras: Liderazgo y participación política de las mujeres. Organización de las Naciones Unidad, Consulta: 3 de marzo de 2021, en: https://www.unwomen.org/es/what-we-do/leadership-and-political-participation/facts-and-figures#_edn1

[8] Sokolova, Maria V., et al., óp. Cit.

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