Biden: ¿Miel sobre hojuelas o atole con el dedo?

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joe biden

Recordamos la política migratoria de la administración pasada y pensamos en una sola palabra: obediente. México se presentó como el fiel perro guardián del vecino del norte, recibiendo a los declarados no deseados del gobierno americano por ambas fronteras. ¿El hueso? Las tarifas arancelarias. Que ahora sí, que ahora no, que si no obedecemos nos suben las tarifas arancelarias. ¡Mejor nos portamos bien! Flojitos y cooperando dijo Andrés Manuel.

Bajo esta desastrosa negociación, la mano dura del líder republicano logró obtener una policía migratoria que en tan solo 45 días después del pacto logró disminuir en un 36.2% el flujo migratorio. ¿Y cómo no ser eficiente si el recién creado instrumento militar, constituido como Guardia Nacional fue designado para uso particular de los americanos? Si las palmaditas en la espalda que nos dio Trump cuando felicitó a AMLO por el despliegue de más de veintisiete mil elementos no fueron fáciles de conseguir.

Para tener este reconocimiento, tuvimos que “disuadir” a migrantes con la militarización de la frontera sur y al mismo tiempo aceptar a los solicitantes de asilo de Estados Unidos con el famoso programa “Quédate en México”. Este proyecto, que parece más un eslogan de promoción turística que un programa de acojo, se hizo fama por todo menos por apoyar a los migrantes. ¿Qué si cumplía con el objetivo? Claro que sí, permitía que los migrantes se quedaran en territorio mexicano mientras solucionaban los trámites administrativos de obtención de ciudadanía americana. Pero al parecer nadie mencionó que el gobierno mexicano tenía la responsabilidad de cuidar de ellos, ya que las autoridades americanas continuamente reportaban que a los solicitantes de asilo se les enviaba a algunas de las ciudades más peligrosas del territorio mexicano, exponiéndolas “innecesaria y previsiblemente” a riesgos de secuestro, violación y asaltos, entre otros.

 En este contexto la llegada de Joe Biden parece un auténtico salvavidas, pues desde que asumió la presidencia el 20 de enero de este año, comunicó que su administración se enfocaría en la situación migratoria, anunciando que se llevaría a cabo una reforma migratoria para apoyar a indocumentados a conseguir la residencia, dar a los “Dreamers” la ciudadanía y desincentivar la migración a través de una inversión de cuatro mil millones de dólares en Centroamérica.

De acuerdo con esta reforma constituida como U.S. Citizenship Act of 2021 o la Ley de Ciudadanía Estadounidense 2021, los migrantes podrían vivir y trabajar legalmente por un periodo de cinco años, posteriormente podrían aplicar para una residencia y permanecer legalmente tres años adicionales mientras se procesa el trámite administrativo para recibir la ciudadanía. Los 700,000 “Dreamers” (niños que entraron al territorio americano siendo infantes y ahora son jóvenes), podrían obtener su “green card” inmediatamente. Y finalmente, se combatirían los determinantes que incentivan las migraciones del Triángulo Norte. Para hacerlo, se planificó una inversión de cuatro mil millones de dólares que durante cuatro años serían invertidos en la región para evitar el desplazamiento hacia el norte.  

Pero antes de que continúen prendiendo velas y rezando para que pase la reforma, pregúntense ¿qué pasará con el programa “Quédate en México? ¿Por qué el gobierno americano anda muy calladito con este tema? ¿Si presumen su reforma en todos los medios de comunicación, por qué no presumen que México ya no tiene que hacer ese “trabajito”? ¿Será que nos están dando atole con el dedo?

Si bien hay algunos temas controversiales, como el hecho de que Biden necesita un hada madrina que tomaría la forma de diez republicanos que voten por la reforma para que esta no caiga en el filibusterismo (el equivalente al limbo); o que Obama intentó hacer una reforma similar y terminó siendo usado por los republicanos (por lo cual ahora recordamos su administración como la de mayores deportaciones en la historia de Estados Unidos); el gobierno americano anunció que recibirá nuevamente a los solicitantes de asilo que estaban obligados por el programa “Quédate en México” a permanecer en territorio mexicano.

Librados salimos y hasta el presidente se secó las gotas de sudor, que no por nada traía a Derechos Humanos atrás de él.  ¿Por qué esta noticia no ha tenido el impacto mediático que la Ley de Ciudadanía Estadounidense 2021? Porque Biden tiene la autoridad total para parar este programa instaurado bajo la era de Trump. En cambio, para que pase la reforma necesita negociar con el partido opositor y lograr lo que nunca, parar el filibusterismo.

¿Atole con el dedo? Quizás eso le darán los republicanos a Biden, pero mientras eso sucede, la fase uno del regreso a suelo americano de los solicitantes de asilo que fueron excluidos en territorio mexicano, ya inició.

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