El Polvorín que Representan Rusia y Ucrania

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En la actualidad, la frontera entre Rusia y Ucrania abarca aproximadamente 2295 kilómetros, de los cuales 1974 kilómetros son terrestres y 321 son marítimos. Pero recientemente, la frontera también está prácticamente delimitada por 150 mil soldados rusos y un aparato militar significativamente preocupante, de acuerdo con el último informe de la Unión Europea sobre la situación en dicha zona. Un movimiento que expresa la importancia vital de este espacio para el gobierno ruso y que implica, para todo el mundo, un posible cúmulo de pólvora que en cualquier momento podría explotar. Hoy en día, la situación entre Ucrania y Rusia puede ser el conflicto más peligroso de este año o incluso de la década. Por las implicaciones que una escalación podría representar para la paz mundial.

Pero, antes que nada, es importante recordar que este conflicto no es nuevo y sus orígenes se remontan más allá de la anexión de Crimea en 2014. De hecho, la llamada “cuestión ucraniana” (mencionada así en los medios rusos) significa para Moscú un vehículo para reforzar su estrategia geopolítica a largo plazo. En otras palabras, el hecho de que Rusia parezca forzar la tensión con Ucrania no es un acontecimiento aislado, obedece a su guía de supervivencia ingeniosamente articulada por el actual presidente Vladímir Putin.

Cuando la Unión Soviética cayó, la Federación Rusa perdió el 24% de su territorio, la mitad de su población y el 41% de su Producto Interno Bruto (PIB). Un claro atentado contra la relevancia que históricamente había tenido Moscú durante la Guerra Fría. De tal calibre que pocas naciones se habrían recuperado de un golpe así. Sin mencionar la pérdida de Kiev (en Ucrania), la llamada “verdadera capital” donde el pueblo Rus se originó.

A pesar de lo anterior, Rusia ha logrado consolidar su imagen nuevamente ante un mundo atónito e híper crítico en algunos momentos. El prestigio de los rusos (y temor hasta cierto punto) ha crecido porque ellos han sabido utilizar sus “limitados” recursos económicos y militares de manera eficiente. De forma que han podido llevar a cabo la agenda pragmática de Putin para reposicionar a Rusia como una potencia mundial a pesar de sus limitaciones. Dicha agenda tiene tres objetivos permanentes:

1) la preservación de estatus como potencia global;
2) la primacía en el espacio postsoviético y disuasión de la expansión de la OTAN; y
3) la utilización de varias herramientas tal y como la coerción militar.

Por lo que se entienden las medidas coercitivas militares que Rusia ha aplicado a Ucrania, como una manera de asegurar sus objetivos principales. A través del aseguramiento de sus fronteras geográficas y de ganar reconocimiento mundial como una potencia relevante en asuntos internacionales delicados. Además de distraer a la opinión pública de las crecientes manifestaciones civiles en contra del actual régimen. Como Moscú no ha podido disuadir dichas protestas a nivel interno, el hecho de contar con un enemigo foráneo sin duda facilita la labor de dirigir los reflectores a otros asuntos menos cercanos al Kremlin.

Con el gobierno de Ucrania colocado entre la espada y la pared, las potencias europeas se encuentran todavía renuentes de responder asertivamente. Esto debido a la alarma que han generado los movimientos recientes de Rusia. Si bien, no es evidente que una invasión a gran escala sería llevada a cabo, sí existe un grado de preocupación importante por el aumento de tensión entre ambos países. El hecho de que el Kremlin haya decidido mover reservas de tropas y tanques de lugares tan lejanos como Siberia, garantiza el nivel de gasto que están dispuestos a perder para dibujar su trinchera. Esto además de su influencia en los actos que llevaron a la pérdida de trece mil vidas humanas desde que el conflicto estalló con la anexión de Crimea. A pesar de que el intercambio de artillería más potente fue hace poco más de cuatro años, las relaciones han estado lejos de calmarse totalmente. De hecho, esta vez no ha bastado con tanques y artillería, sino que también movilizaron aviones caza Su-30 y bombarderos Su-34 . Instrumentos militares en una cantidad sin precedentes en el conflicto y que no están pensados únicamente para un eventual enfrentamiento con la fuerza aérea ucraniana (que es más pequeña), sino con los refuerzos aéreos que un posible apoyo europeo o estadounidense harían llegar.

La clave para comprender la gravedad del asunto está entonces en las capacidades materiales que Rusia presume al borde de su frontera. Su intención no es ni única ni principalmente una incursión en Ucrania. De hecho, tal vez nunca fue su objetivo desde un inicio. En cambio, parece que su propósito es ejercer presión a la OTAN para detener los ejercicios militares que han estado llevando a cabo. Más aún, debido a que Estados Unidos (su archirrival histórico en discurso) ha decidido involucrarse en la política y financiamiento de la OTAN más que en la previa administración presidencial.

Porque el Kremlin sabe que, si Ucrania logra conseguir el respaldo de la Unión Europea (y por ende, de la OTAN), sus fronteras se verán en peligro inminente. Por un lado, por la potencia militar de los países de Occidente, de hecho Estados Unidos ya ha colocado dos portaaviones formidables en el mar Negro en colaboración con la marina turca. Y por el otro, porque dentro de la batalla de las ideas, la cosmovisión política rusa parte de un precepto centrista que está en contra de la configuración neoliberal-capitalista de países occidentales. Esta última, es una visión de vida anhelada por la gente que sigue sintiéndose oprimida por el yugo del régimen. Prueba de ello son las protestas rusas a favor de la liberación de Navalny (opositor político de Putin). Sin embargo, el 42% de los protestantes, nunca se había manifestado anteriormente y esto no se debe a un apoyo político a Navalny per se, sino a un rechazo social generalizado a las restricciones del gobierno ruso contra la libertad de expresión e incluso el uso del internet.

Si escala el conflicto entre Rusia y Ucrania, significaría un grave peligro para la estabilidad regional y mundial. Porque la serie de repercusiones que traería no solo atentaría contra la integridad territorial de Ucrania o el “orgullo” militar ruso. Sino que pondría en jaque el status quo político de Rusia a nivel doméstico. El Kremlin no estará dispuesto a perder su posición de poder en casa y podría estar dispuesto a desarrollar una guerra tan grande que no deje espacio a los medios de cubrir cualquier otro escándalo.

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