Feminismo y poder

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En el artículo “¿Qué es y que busca la Teoría feminista en las Relaciones Internacionales?” se estableció que esta disciplina se ha construido bajo una perspectiva masculinizada y androcéntrica y que el feminismo ingresó en ella como teoría en la década de los ochenta para agregar nuevas categorías de análisis y reinterpretar conceptos vitales que habían sido construidos bajo la misma lógica patriarcal y eurocentrista.

Siguiendo con esta línea, es importante revisar, desde una perspectiva feminista, uno de los conceptos vitales para las Relaciones Internacionales, las Ciencias Políticas y otras disciplinas sociales: el poder. En la mayoría de las definiciones creadas hasta ahora, y centradas en una teoría realista y patriarcal, el poder se ha entendido como el poder sobre, es decir, “el poder político consiste en una relación entre los que lo ejercen y aquellos sobre los cuales es ejercido”[1].

Prueba de lo anterior, es la definición de uno de los máximos exponentes de la teoría realista clásica, Hans Morgenthau, quien establece que el poder es “el control del hombre sobre las mentes y acciones de otros hombres […] el poder político consiste en una relación entre los que lo ejercen y aquellos sobre los cuales es ejercido”[2]. Por otra parte, Max Weber, sociólogo, menciona que el poder es “la probabilidad de imponer la propia voluntad, dentro de una relación social, aun contra toda resistencia y cualquiera que sea el fundamento de esa probabilidad”[3].

Para la teoría feminista en las RRII, este tipo de definiciones son problemáticas dado que están basadas en el entendimiento de poder como dominación y cuya existencia depende de las jerarquías de poder, ya que suponen la existencia de quienes ejercen poder (dominante) y sobre quienes lo ejercen (dominado).

Interpretación feminista del poder

La teoría política feminista ha interpretado el poder en tres sentidos, el poder como: recurso, dominación (poder sobre) y empoderamiento (poder para), entendiendo que el poder sobre es “la habilidad de un individuo o un grupo de limitar las opciones de otro en virtud de un conjunto de factores culturales, sociales, institucionales y estructurales”[4] y el poder para como “la capacidad de un individuo o colectivo de perseguir una serie de fines, a menudo a pesar de su situación de subordinación”[5]; estos acercamientos podrían relacionarse con una teoría liberal del feminismo.

Aunado a lo anterior, hay otra perspectiva o corriente feminista dentro de la política que entiende que el poder proviene de la estructura de dominación, por lo cual no es algo atribuible al individuo o al colectivo sino al sistema que lo sostiene[6]; es decir, los sistemas de opresión; este acercamiento correspondería a otras corrientes feministas como la radical, la marxista, la socialista, entre otros.[7]

Aunque, hay diversas interpretaciones de lo que se podría entender por poder y diversas formas de estudiarlo, es importante mencionar que para el feminismo el poder tendría que provenir de la colectividad y no de la institución; es decir, “una agencia política que crea contrapoder y enfrenta al poder constituido e institucionalizado”[8]. Además, este contrapoder tendría que estar frente a los sistemas de opresión y debería ejercer una “contracultura, que funde una nueva cultura, la de la equivalencia humana”[9].

Mujeres y poder

En la actualidad, y entendiendo el poder como recurso, hay una confusión importante entorno a lo que se entiende por mujeres en el poder y mujeres con poder. Diversos actores como Naciones Unidas o Estados, tales como Suecia o Canadá, han señalado en repetidas ocasiones la importancia del aumento de mujeres en puestos importantes de la política internacional o nacional; si bien es clara la relevancia, es necesario profundizar en ello.

En el ámbito estatal, al 1ª de enero de 2021, había un total de 9 Jefas de Estado ( 5.9%) y 13 Jefas de Gobierno (6.7%) en países como: Alemania, Bangladesh, Barbados, Dinamarca, Eslovaquia, Estonia, Etiopía, Finlandia, Gabón, Georgia, Grecia, Islandia, Lituania, Nepal, Noruega, Nueva Zelandia, Perú, República de Moldova, Serbia, Singapur, Togo y Trinidad de Tobago.[10]

En términos de representación a nivel internacional en órganos relevantes, de todas estas mujeres, únicamente Angela Merkel (Alemania) pertenece al G-7, grupo de países con peso político, económico y militar, y ni una de ellas pertenece a organizaciones importantes a nivel mundial como el Consejo de Seguridad con sus miembros permanentes.

Feminismo y poder

Desde una perspectiva realista y colonial, se asegura la existencia de potencias mundiales, que se denominan así gracias a su capacidad económica, militar y de influencia en el ámbito multilateral; en este sentido, se puede asegurar que  Merkel es la única mujer que lidera una potencia mundial, los otros Estados se consideran pequeños y sin tanta capacidad en estos tres ámbitos.[11] De esta forma, aunque estas mujeres estén en posición de poder, no se asegura que tengan poder y mucho menos en el concierto internacional, ya que siguen relegadas a Estados “pequeños” que no tienen influencia o decisión en el ámbito internacional.

Este es un ejemplo de la importancia y la necesidad de una definición de poder basada en elementos feministas, ya que “las formas tradicionales de entender el poder en las relaciones internacionales resultan insuficientes para desentrañar la complejidad de la política mundial”[12].

Conclusión

Finalmente, se podrían establecer varios debates sobre si el término de poder tiene cabida dentro del feminismo, pero no tenerlo sería algo útopico dado que aún vivimos bajo las mismas dinámicas que los sistemas de opresión generan, tales como el capitalismo o el mismo patriarcado. Sin embargo, es necesario que, como feministas, construyamos una definición de poder bajo una noción que tome en cuenta elementos del movimiento y teoría feminista, como la colectividad y la erradicación de dichos sistemas y que vaya más allá de las ideas tradicionales de poder como dominación; es necesario que entendamos al poder bajo una noción más humana.

Hasta ahora, las estudiantes y acádemicas hemos usado estos conceptos androcentricos y patriarcales en nuestras investigaciones y análisis, “en parte por la formación tradicional de las autoras y en parte por el intento de legitimar la filosofía del feminismo en la academia”[13]; sin embargo, como feministas dentro de las RRII, tenemos pendiente la tarea de reinterpretar estos conceptos desde una perspectiva feminista para tratar de entender el mundo desde una nueva perspectiva.

“No se trata de que las mujeres simplemente quiten el poder de las manos de los hombres, ya que eso no cambiaría nada del mundo. Se trata precisamente de distribuir esa noción de poder”

Simone de Beauvoir
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