México y el Tratado de Prohibición de Armas Nucleares (TPAN)

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Parece que fue ayer que me encontraba apoyando en la organización de la Segunda Conferencia sobre el Impacto Humanitario de las Armas Nucleares, celebrada los días 13 y 14 de febrero de 2012, en Nuevo Vallarta, Nayarit, México. En aquel entonces colaboraba en el área de desarme en la Dirección General para la Organización de las Naciones Unidas de la Cancillería mexicana. Fue toda una odisea la coordinación de los trabajos tras bambalinas alrededor del encuentro, pero conocer de cerca a grandes diplomáticos y diplomáticas mexicanas con gran vocación en materia de desarme ha sido una de las mejores experiencias de mi vida.

Pero más allá de la nostalgia y del inconmensurable aprendizaje, es importante destacar que, a la luz de la reciente entrada en vigor del Tratado de Prohibición de las Armas Nucleares (TPAN), el pasado 22 de enero de 2021, el papel de México ha sido consistentemente relevante por su tradición pacifista y desarmista. No obstante, salvo el artículo que escribió el embajador Jorge Lomónaco a inicios de febrero (Lomónaco 2021), uno de los principales negociadores mexicanos durante el proceso y experto en la materia, no se ha escrito mucho sobre la reciente contribución mexicana que ha sido fundamental a lo largo de muchos años.

Cuando en 1982, el embajador Alfonso García Robles recibió el Nobel de la Paz, no fue solo un reconocimiento a la destacable labor de este gran diplomático mexicano sino un reconocimiento a la política exterior mexicana. No era para menos. Tan solo el lograr que América Latina completa, una zona densamente poblada, fuese la primera zona libre de armas nucleares, fue una labor titánica y compleja, pero rindió sus frutos al multiplicarse los esfuerzos para que algunos otros continentes y países en el mundo siguieron el ejemplo de nuestra región. En aquel entonces muy pocos sabían sobre los esfuerzos de la diplomacia mexicana impulsando el desarme general y completo desde los primeros años de la Organización de las Naciones Unidas tal como lo detalla el embajador Miguel Marín Bosch en un recuento interesante de 1977 (Marín Bosch 1977).

México y el Tratado de Prohibición de Armas Nucleares (TPAN)
El embajador Alfonso García Robles firmando el Tratado de Tlatelolco
Imagen. OPANAL

Esa así que desde hace décadas y hasta la fecha, México ha sido un vigoroso promotor del desarme en todas sus formas y modalidades. Por señalar solo algunos ejemplos, México en la personalidad del embajador Antonio De Icaza, fue un ávido impulsor del desarme convencional al facilitar y negociar importantes instrumentos jurídicos en la materia como las diversas convenciones sobre prohibiciones o restricciones del empleo de ciertas armas convencionales y de la Convención de Ottawa para prohibir las minas terrestres antipersonal, coadyuvando así, al fortalecimiento del Derecho Internacional Humanitario. Sus memorias sobre su incansable labor las encontramos en su libro “La Alegría de Servir”, tan inspirador como fascinante. Asimismo, México fue uno de los principales arquitectos de la Convención de Oslo sobre Municiones en Racimo al formar parte del grupo núcleo que negoció dicho tratado y el primer país en Latinoamérica en ratificar la Convención. Cabe destacar que, durante el proceso de negociación del texto, el embajador Pablo Macedo, otro gran diplomático desarmista mexicano jugó un papel clave.

Como ya se ha mencionado, la vocación pacifista y legalista de México también ha sido ardua en materia de desarme nuclear. Las diferentes intervenciones de México en los principales foros multilaterales de desarme durante muchos años, se vio plasmada también en su importante papel en la elaboración y negociación del Tratado de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares (CTBT) en 1996. Si bien, dicho Tratado aun no entra en vigor, ya opera con un complejo, pero muy completo Sistema Internacional de Monitoreo (CTBTO Preparatory Comission 2021), con diferentes estaciones en diversas partes del mundo con el objetivo medular de impedir que se realicen cualquier tipo de detonaciones nucleares. El CTBT también forma parte esencial de la arquitectura de desarme nuclear junto con el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) que se abrió a la firma en 1968 y que entró en vigor en 1970. El TNP, que es el instrumento en la materia con el mayor número de adhesiones, básicamente reconoce a las potencias como Estados poseedores de armas nucleares, le prohíbe al resto de los países a tener capacidades nucleares con fines bélicos y se basa en tres pilares importantes: la no proliferación, los usos pacíficos de la energía nuclear y el desarme de quienes poseen capacidades nucleares. En 1975, se celebró en Ginebra la primera Conferencia de revisión del TNP y México tuvo una labor destacada al promover dos protocolos adicionales con el propósito de fortalecer el TNP y promover una mayor adhesión al mismo (Marín Bosch 1977, pp 146).

En 2010, Como resultado de la Conferencia de Estados Parte del TNP, los países manifestaron su profunda preocupación por las catastróficas consecuencias humanitarias por cualquier uso de armas nucleares. En consecuencia, en la resolución 67/56, facilitada por México y otros países, la Asamblea General de las Naciones Unidas decidió establecer “un grupo de trabajo de composición abierta que elabore propuestas para hacer avanzar las negociaciones multilaterales de desarme nuclear”. En seguimiento al momentum, Noruega, México y Austria, celebraron sendas conferencias entre 2013 y 2014 sobre el Impacto Humanitario de las Armas Nucleares, donde la participación de la sociedad civil tuvo un papel relevante. No se omite señalar que la conceptualización de la prohibición de las armas nucleares con base en la prevención de las consecuencias humanitarias en el informe de la segunda conferencia de Nayarit en febrero de 2014, fue una contribución sustantiva de México.

México y el Tratado de Prohibición de Armas Nucleares (TPAN)
Diplomacia mexicana. Imagen periódico Excélsior

Como lo mencionó el embajador Lomónaco en su artículo de febrero pasado, un pequeño número de países (denominado Grupo Núcleo), entre los que se encontraba México, fueron los facilitadores que enfrentaron los altibajos de las negociaciones para lograr adeptos y simpatías al proyecto que culminó en la adopción del Tratado en 2017. Ahora con la entrada en vigor del TPAN, el andamiaje jurídico sobre desarme se refuerza y se complementa.

Si bien, es realista entender que falta mucho para lograr un mundo libre de armas nucleares, la adopción de este instrumento jurídico es un gran paso en esa dirección. La mejor contribución del TPAN es la estigmatización formal de estas armas funestas inclusive en países donde existe capacidad nuclear y pone de relieve la importancia de concientizar a la comunidad internacional sobre los riesgos de una explosión nuclear ya sea “por accidente, por error de cálculo o de forma deliberada” y su impacto negativo y desproporcionado a toda la humanidad sin excepción.

Los corolarios de las explosiones de las bombas en Hiroshima y Nagasaki en 1945, los accidentes nucleares tanto en Chernobil (1986) y Fukushima (2011), así como las pruebas nucleares realizadas en lugares como el Pacífico Sur durante la Guerra Fría, nos recuerdan que los efectos nocivos en las personas y las afectaciones en el medioambiente de una eventual detonación nuclear sobrepasaría la capacidad en todos los sentidos, de cualquier país u organización, inclusive con una amplia colaboración, para contener el desastre tanto por su amplitud y consecuencias a corto, mediano y largo plazo. Por ello, para evitar una tragedia de alcances incalculables, es mejor evitar el desastre ahora. Las armas nucleares son, por su naturaleza, inhumanas e indiscriminatorias, pero gracias a los esfuerzos la sociedad civil y de países como México, ahora también son ilegales.

Actualmente, y de conformidad con las disposiciones del TPAN, se contempla la realización de la primera conferencia de Estados Parte, en enero de 2022 en Viena, Austria. Seguramente la participación de México será crucial, sobre todo en la fundamental labor de muchas diplomáticas y expertas mexicanas, cuya experiencia y capacidad está más que probada. Tuve el privilegio de conocer a muchas de ellas y estoy seguro de que, gracias a su maestría, México continuará desplegando con vehemencia y prestigio su política exterior en beneficio de la humanidad.

México y el Tratado de Prohibición de Armas Nucleares (TPAN)
Reunión en el marco de la Escuela de Verano sobre Desarme y No Proliferación para Diplomáticos en América latina 2014, organizado por la Cancillería mexicana
Imagen @TJAQUEZH (28 Sept 2018)

La tradición pacifista y desarmista de México promovida a través de su diplomacia ha sido, es y será, una contribución significativa para la paz y la seguridad internacionales. Esto debería reconocerse y difundirse en mayor medida, sobre todo por quienes han estado en la trinchera de las complejas negociaciones como tributo a los esfuerzos colectivos de tantas personas, sobre todo mujeres, involucradas por su vocación y lealtad a los principios de política exterior y su país. Fue un privilegio haber sido testigo de ello en Nayarit, en aquel febrero de 2014.

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