Mundo islámico: más allá de las estigmatizaciones

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musulmanes orando

El noveno mes del calendario islámico se inició el 13 de abril.  Cerca del 25% de la población mundial participa del sagrado mes del ramadan; los musulmanes de cada rincón del mundo ayunan desde que sale la primera luz del amanecer hasta la oscuridad de la noche, cuando se ‘rompe’ el ayuno justo al momento de escuchar el llamado a la oración (Adhan en árabe; ezan, en turco).  

Este año es diferente, el ‘iftar’ (comida nocturna) y el ‘sahur’ (la comida del amanecer) son recibidas dentro de un mundo que afronta la pandemia del COVİD-19. Ya quedaron atrás esos años en donde se solían ver las calles llenas de celebraciones cada noche, reuniones (casi) diarias junto a los familiares y visitas a las mezquitas para rezar. Por el momento esas tradiciones han quedado en el recuerdo, aún hay un virus que amenaza con quedarse por mucho tiempo. Sin embargo, el virus no es la única amenaza con la que tiene que lidiar el mundo musulmán.

Cuando Estados Unidos decidió atacar a Irak, después del atentado del 11 de septiembre, no solo inicio un periodo de caos para la mayoría de los países de dicha región, sino también marcó un antes y después en como la identidad musulmana seria vista ante los ojos del mundo. Claro está que Estados Unidos y las demás potencias europeas buscaban imponerse como líderes de la democracia y héroes internacionales, relegando a los musulmanes como un grupo de fanáticos religiosos, de terroristas radicales que necesitaban urgentemente de la civilización occidental. Y al final lograron su cometido.

Recuerdo cuando Dáesh alcanzo su apogeo máximo en el 2015, el bombardeo de noticias sobre los acontecimientos en Irak y Siria generó en mí curiosidad, y al mismo tiempo miedo.  Es importante este punto, ¿Qué tan determinante pueden ser los medios de comunicación en la formación de cómo vemos al islam?.  La Televisión y redes sociales son las plataformas perfectas para la expansión de la islamofobia en la actualidad. Indudablemente su poder de influenciar es grande, pero al final la forma de como vemos a los musulmanes depende primero de nuestro interés, y segundo del grado de tolerancia hacia gente que cree y tiene un modo de vida diferente.   

El mundo islámico va más allá de lo que creemos saber, los musulmanes no son esas estigmatizaciones que por décadas se han adherido al pensamiento colectivo. Esos prejuicios e ignorancia se muestran en las generalizaciones erróneas; no causa sorpresa (pero si es lamentable), cuando se confunden a los árabes como netamente musulmanes, cuando irónicamente cerca del 80% de la población musulmana no es árabe: Por ejemplo, Indonesia, ubicado en Asia, es el país con más creyentes musulmanes en el mundo. En el Líbano, Irak y Egipto, países mayoritariamente árabes, se puede apreciar la pluralidad de religiones, permitiendo así que se pueda hablar de árabes cristianos coexistiendo con árabes musulmanes.  Así mismo Irán es muy a menudo confundido como un país árabe, quizás en gran parte por su cercanía geográfica o tal vez por la mala costumbre que existe en la sociedad de ‘etiquetar’ al otro. La República Islámica de Irán no es árabe, de hecho, tiene muchas más similitudes culturales y lingüísticas con Afganistán o Tayikistán que con los países árabes.

Dentro de los anteriores ejemplos me gustaría enfatizar un elemento interesante, poco conocido y tergiversado por los grupos terroristas: la rica coexistencia religiosa presenta en los países musulmanes. Dáesh no mostraba piedad hacia los no musulmanes, usando incluso el sagrado Corán para legitimar sus actos en la misma tierra que ha albergado a cristianos, musulmanes y judíos durante siglos.  

Aunque parezca increíble para muchos incrédulos del mundo islámico, bajo el islam ha sido posible la convivencia pacífica entre las religiones abrahámicas.  Líbano constituye un caso particular, de acuerdo con su constitución el presidente debe ser elegido entre los cristianos maronitas, el primer ministro entre los musulmanes sunitas y el presidente de la Asamblea entre los musulmanes chiitas.

La convivencia entre musulmanes y no musulmanes en el mundo islámico ha sido tomada en cuenta por Turquía cuando a esta se le atribuye los eventos de 1915 por parte de Armenia.  Para Turquía durante la época otomana, los gobernantes otomanos fueron tolerantes a otras religiones. Los no musulmanes fueron categorizados en el sistema denominado ‘Millet’ (nación en turco), donde gozaban de derechos y podían hacer uso de un poder limitado; así, turcos, armenios, griegos y kurdos vivieron juntos por más de 600 años. Hasta la actualidad se pueden encontrar diversas minorías a lo largo del territorio turco. Basándome en mi experiencia personal, durante mis visitas a ciudades turcas como Estambul, Mardin y Urfa he sido testigo del inigualable mosaico religioso del cual poco se conoce. Kurdos Yazidies, Cristianos Asirios, judíos sefarditas, viviendo en una sociedad mayoritariamente musulmana.  La heredera del imperio otomano mantiene en la actualidad un rol más activo en la defensa de la identidad musulmana, con la llegada al poder del partido conservador Justicia y Desarrollo (AKP por sus siglas en turco) ha vuelto a mirar a sus vecinos musulmanes en su búsqueda de consolidarse como líder regional.

El Ramadán es recibido también por los uigures en China, minoría musulmana que sistemáticamente continúa estando bajo represión del gobierno chino. Los uigures son un pueblo de origen túrquico que vive en la Región Autónoma de Sinkinag y que en los últimos años han sido el centro de atención debido las graves condiciones de vida a las que son sometidos. Se ha comprobado la existencia de campos de ‘reeducación’ donde los miembros de esta minoría son detenidos para supuestamente tomar un programa vocacional y de esa forma poder ‘combatir sus pensamientos extremistas y el terrorismo’.

El debate generado por la problemática Uygur ha dejado en evidencia la ineficiente organización e integración en el mundo islámico. Occidente ha alzado su voz frente a este claro abuso de China, por ejemplo, Estados Unidos ha acusado a China de perpetrar un genocidio contra los uygures. La unión europea ha incluido también a los uygures en su agenda, imponiendo sanciones a funcionarios y organismos chinos por violar los derechos humanos de dicha minoría. ¿Y dónde están los líderes de los estados musulmanes? Callados.  

Uno de los peores crímenes del siglo XXI esta ocurriendo justo en este momento y el gran ausente en esta lucha contra China es el propio mundo islámico. Los estados que llamaban a la solidaridad y unión islámica continúan brillando por su ausencia y tal parece que continuarán de esa forma.

Pese a los discursos que llaman a la unión y alianza en el mundo islámico, una verdadera cooperación estratégica no ha sido posible hasta la actualidad. Eso da como resultado que la voz de la comunidad no sea escuchada, es decir, carecen de influencia a nivel de internacional.

La islamofobia continúa alimentándose de las estigmatizaciones y prejuicios hacia el islam. En cada ataque terrorista que ocurra en algún país occidental siempre el señalado será un musulmán. Para evitar que este continúe siendo normalizado, es necesario fortalecer puentes de comunicación ya construidos entre occidente y el mundo islámico. Y, por otro lado, considero urgentemente necesario un replanteamiento en los intereses verdaderos de las alianzas musulmanas en el mundo: priorizar la defensa de la identidad musulmana o continuar anteponiendo intereses económicos como lo están haciendo ante China.

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