¿Qué tiene de feminista la política exterior feminista de Canadá?

Share on facebook
Share on whatsapp
Share on twitter
Share on linkedin

Este es el segundo de una serie de tres artículos que pretenden explicar y analizar de manera crítica las políticas exteriores feministas de Suecia, Canadá y México.

En 2017, Canadá se convirtió en el segundo país en establecer una política exterior de corte feminista; la Feminist International Assistance Policy (FIAP) o, en español, Política de Asistencia Internacional Feminista se centra en la asistencia internacional que el gobierno canadiense brinda a otros países. De esta forma, la “FIAP adopta un enfoque explícitamente feminista de la política exterior y el desarrollo internacional de Canadá para abordar la igualdad entre los géneros y el empoderamiento de las mujeres y las niñas”[1].

Esta política se diseñó con el objetivo de “erradicar la pobreza y construir un mundo más pacífico, inclusivo y próspero”[2] y bajo la premisa de que la mejor manera de lograrlo es mediante “la promoción de la igualdad de género y el empoderamiento de mujeres y niñas”[3] dado que son poderosas agentes de cambio en sus sociedades. La FIAP abarca seis áreas principales, basadas en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), con acciones concretas cada una:

  1. Área de acción principal: equidad de género y empoderamiento de mujeres y niñas: como su nombre lo dice, es la acción principal dentro de la FIAP e incluye iniciativas para luchar contra la violencia sexual y de género, así como de empoderamiento;
  2. Dignidad humana (salud y nutrición, educación y acción humanitaria): Canadá busca que la dignidad humana sea un valor universal para todas las regiones. Esta área se refiere al acceso a servicios de agua potable, salud, nutrición y educación;
  3. Crecimiento que funcione para todos y todas: esta área incluye iniciativas para que las mujeres y niñas reciban apoyo para la recuperación de cultivos y también se busca aumentar su participación de la toma de decisiones en materia medioambiental;
  4. Gobierno inclusivo: esta área se refiere a los derechos humanos, a la democracia, a la participación política de las mujeres y a la conformación del Estado de derecho que permite fomentar y garantizar todo lo anterior;
  5. Paz y seguridad: el gobierno canadiense se comprometió a reducir las amenazas y a facilitar los procesos de paz en países afectados por los conflictos armados. Por esto, se busca que las mujeres participen en asuntos de paz y seguridad.

Críticas a la FIAP

Es importante mencionar que este documento, como se menciona previamente, solo se centra en la asistencia internacional que el gobierno canadiense brinda, por lo que, en un sentido político concreto, no es una política exterior completa al carecer de otros elementos teóricos necesarios en el diseño de la misma. En un sentido más enfocado al feminismo, este documento no cumple con una definición clara de lo que se entiende por feminismo ni por política exterior feminista, esto quiere decir que tampoco toma en cuenta la existencia de sistemas de opresión como el patriarcado, el colonialismo, entre otros.

Por otro lado, el elemento central de la FIAP, basado en un feminismo liberal, es el empoderamiento, un término que se volvió popular en la década de los 80´s, pero que, desde entonces, ha sido malinterpretado por la mayoría de gobiernos e instituciones internacionales. Según la académica Srilatha Batliwala, el empoderamiento es:

El término empoderamiento se refiere a una gama de actividades que van desde la autoafirmación individual hasta la resistencia colectiva, la protesta y la movilización para desafiar las relaciones de poder. Para los individuos y los grupos en los que la clase, la raza, la etnia y el género determinan su acceso a los recursos y al poder, el empoderamiento comienza cuando reconocen las fuerzas sistémicas que los oprimen, así como cuando actúan para cambiar !as relaciones de poder existentes. EI empoderamiento, por tanto, es un proceso orientado a cambiar la naturaleza y la dirección de !as fuerzas sistémicas, que marginan a la mujer y a otros sectores en desventajas en un contexto dado.

El gobierno canadiense toma al empoderamiento como “un tema de índole económica que puede separarse de la política”[4]; no obstante, como se observa en la definición anterior, el empoderamiento va más allá de los términos económicos, implica una consciencia que permite modificar las estructuras que establecen relaciones jerárquicas, entre otras opresiones.

Otra de las grandes críticas que se le hacen al gobierno canadiense es que en su FIAP se enfocan en gran medida en lograr la paz internacional; pese a ello, el gobierno canadiense sigue comercializando armas con gobiernos que no se caracterizan por garantizar derechos a mujeres y niñas, como Arabia Saudita. Además, este documento hace un borrado a las experiencias de mujeres racializadas, o “no occidentales”, “las mujeres “occidentales” están liberadas, mientras que las “orientales” están oprimidas y esperan su liberación. Esta construcción es falsa y peligrosa, pues borra el compromiso histórico y contemporáneo de las mujeres con la esfera pública y plantea a Canadá como un espacio feminista excepcional”[5].

El gobierno canadiense ha buscado ser un país referente en materia de políticas progresistas que buscan, entre otras cosas, la garantía de los derechos humanos de las personas, especialmente de niñas y mujeres; sin embargo, esta perspectiva “feminista” no se ha logrado al interior del país. “La violencia sexual y los abusos domésticos no sólo son experiencias comunes en Canadá, sino que no se toman en serio y hay una falta de infraestructura para combatirlos. El acceso al aborto es limitado, especialmente en las comunidades del Norte y en las provincias del Atlántico, a pesar de que el acceso está garantizado por la Ley de Salud de Canadá. Canadá mantiene leyes y políticas que hacen que las mujeres y los pueblos indígenas sean más vulnerables a experimentar la pobreza y la violencia”[6].

Como se estableció en el artículo anterior, para que una política exterior de este corte sea, verdaderamente, feminista es necesario que cumpla con una serie de elementos contenidos en las definiciones de PEF de algunas organizaciones encargadas de monitorear el despliegue y ejecución de la misma, en este caso, el Centre for Feminist Foreign Policy (CFFP) o, en español, Centro para la Política Exterior Feminista.

Las políticas exteriores feministas deben de pensarse fuera de los elementos tradicionales y realistas que normalmente conlleva una política exterior; es decir, deben centrarse en las experiencias de las mujeres y niñas, y otros grupos vulnerables, bajo una perspectiva interseccional, también debe de examinar sistemas de opresión como lo son el patriarcado, la colonización, el capitalismo, etc. Además, debe ir acompañada de una voluntad política que permita hacer un cambio real y de congruencia que se interponga a los intereses económicos y políticos.

Contrario a lo que se cree, la FIAP no cumple con muchos de los elementos establecidos para asumirla completamente feminista; existe la voluntad política en ciertas áreas, pero no existe un compromiso real con el cambio de estructuras, no hay congruencia entre la política interna y la política externa y los intereses económicos y políticos están por encima de lo que se promulga en la FIAP. Además, “la política se basa en construcciones esencialistas de hombres y mujeres, se centra en la igualdad de género sólo en la medida en que se concede a través de estructuras formales y legales”[7].

Como la escritora y poetisa india Rupi Kaur menciona, “no estoy interesada en un feminismo que piense que el simple hecho de colocar a las mujeres en la cima de sistemas opresivos es un progreso”, Justin Trudeau y el gobierno canadiense tampoco deberían de estarlo.

Recomendado

Digest Digital

Las opiniones expresadas en esta publicación son responsabilidad exclusiva de los autores y no reflejan necesariamente las de CEMERI.

CEMERI