¿Qué tiene de feminista la Política Exterior Feminista de Suecia?

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Este es el primero de una serie de tres artículos que pretenden explicar y analizar de manera crítica las políticas exteriores feministas de Suecia, Canadá y México.

El movimiento feminista ha tenido avances y logros importantes, tanto nacionalmente como internacionalmente; sin embargo, las mujeres aún tenemos que luchar por vivir en condiciones dignas y por derechos que nos pertenecen. Como respuesta a lo anterior, algunos gobiernos han adoptado las demandas de dicho movimiento y han modificado sus políticas para garantizar que las mujeres y niñas del mundo tengan una vida digna, con acceso pleno a sus derechos humanos; un ejemplo de lo anterior son las políticas exteriores feministas.

Según el Centre for Feminist Foreign Policy (CFFP) o, en español, Centro para la Política Exterior Feminista, la política exterior feminista puede definirse como:

Un marco político centrado en el bienestar de los marginados que invoca a procesos de autorreflexión en relación con los sistemas globales jerárquicos de la política exterior. La PEF da un paso fuera del enfoque de caja negra del pensamiento tradicional de la política exterior y su enfoque en la fuerza militar, la violencia y la dominación, ofreciendo un replanteamiento alternativo e interseccional de la seguridad desde el punto de vista de los más vulnerables. Se trata de un marco político multidimensional que tiene por objeto elevar las experiencias y la agencia de las mujeres y los grupos marginados para examinar las fuerzas destructivas del patriarcado, la colonización, la heteronormatividad, el capitalismo, el racismo, el imperialismo y el militarismo.[1]

A lo largo de la historia, Suecia se ha caracterizado por el establecimiento de políticas progresistas que promueven la igualdad de género y los derechos de niñas y mujeres al interior del país y alrededor del mundo. Atendiendo lo anterior y “en respuesta a la discriminación y la subordinación sistemática que todavía marcan la vida cotidiana de infinidad de mujeres y niñas de todo el mundo”[2], el gobierno de Suecia lanzó, en 2014, la primera política exterior feminista del mundo.

El objetivo de esta política era “modificar las estructuras y mejorar la visibilidad de mujeres y niñas”; además, buscaba terminar la discriminación y desigualdad de género en todos los contextos. De esta forma, el Servicio Exterior sueco buscaría la consolidación de tres elementos principales: derechos, representación y recursos. Todo lo anterior, bajo una perspectiva de interseccionalidad que respetara las realidades y contextos de cada niña y mujer. La política exterior feminista de Suecia se basó en el Plan de Acción (2015 – 2018) que contenía seis áreas principales:

  1. Derechos humanos de todas las mujeres y las niñas;
  2. Mujeres y niñas libres de violencia mental, física y sexual;
  3. Participación de mujeres y niñas en la prevención y resolución de conflictos, y el restablecimiento de la paz;
  4. Participación política e influencia de mujeres y niñas en todas las áreas de la sociedad;
  5. Derechos y empoderamiento económico de mujeres y niñas;
  6. Salud y derechos sexuales y reproductivos.

Aunque el lanzamiento de esta política exterior tiene buenas intenciones para lograr la igualdad de género y el acceso de todas las niñas y mujeres a sus derechos humanos, agregar el sufijo “feminista” no es algo que deba tomarse a la ligera y tenemos la obligación de preguntarnos si la política exterior feminista de Suecia en verdad es feminista.

El gobierno sueco ha acertado y avanzado en algunas de las áreas en las que se enfoca esta política exterior. Por ejemplo, “la inclusión de la salud y los derechos sexuales y reproductivos en la resolución sobre el matrimonio infantil, precoz y forzado”[5] o, en 2014, atendiendo a la lucha para erradicar el colonialismo e imperialismo, Suecia se convirtió en el primer país de la Unión Europea en reconocer a Palestina como Estado[6].

No obstante, un elemento importante de las políticas exteriores de corte feminista, y del propio feminismo en sí, es la lucha por la erradicación del sistema patriarcal; la existencia de este sistema no se menciona en ninguno de los documentos oficiales de Suecia ni de dicha política, por lo tanto, tampoco busca su erradicación.[8] Además, retomando la definición anterior, una política exterior feminista debe buscar un planteamiento alternativo a la violencia y a la fuerza militar, pero el gobierno sueco ha decidido mantener una política de exportación de armas a Estados en conflicto y cuyos gobiernos violan los derechos de las niñas y mujeres, como Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos, Jordania,  entre otros.[9]

Como conclusión, se puede afirmar que la política exterior feminista de Suecia, en efecto, tiene importantes elementos del movimiento y teoría feminista, además pone a las mujeres, niñas y grupos vulnerables en el centro del análisis y de la ejecución de la política exterior feminista; “la política exterior feminista de Suecia es una continuación de los compromisos nacionales, las promesas de los tratados internacionales y su pertenencia a organismos internacionales y transnacionales”[10]. Sin embargo, tiene vacíos significativos en cuanto a la definición de conceptos necesarios para establecer un verdadero enfoque feminista, como el empoderamiento, el patriarcado o el mismo feminismo y existe una falta de coherencia entre las acciones y el discurso del gobierno sueco.

Sin duda, como el gobierno sueco lo menciona, “el cambio es posible”, pero para esto, es necesaria la adopción de ciertas actitudes estatales que permitan que una política exterior sea completamente feminista; por ejemplo: una voluntad política que permita reformar todas las instituciones de un gobierno y hacer el cambio tangible y real, congruencia que vaya más allá de los intereses económicos y políticos del sector público y privado y también es necesaria una interseccionalidad real que tome en cuenta la realidad que las mujeres y niñas viven alrededor del mundo y que, atendiendo a un feminismo decolonial, no imponga formas de vida a otras culturas y tradiciones. Además de que, como se mencionó previamente, es necesario que se definen y se apliquen correctamente los conceptos feministas.

“Desde un punto de vista feminista, la igualdad entre los géneros no se logra incluyendo a las mujeres en las estructuras, valores y normas existentes. Requiere cambios fundamentales en la estructura; y la creación de nuevas estructuras”.

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