Tensiones en Eurasia ¿Una nueva política de la zanahoria y el garrote?

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Las recientes tensiones en Eurasia no sólo colocan a la Federación Rusa y la Republica Popular China como protagonistas sino que demuestran el aumento de su capacidad para presionar por la reincorporación de territorios. Mientras que Moscú enfoca sus recursos en las reivindicaciones territoriales de Europa Occidental, Beijín está fortaleciendo los instrumentos de seguridad interna para hacer lo propio en el Mar Meridional de China.

Viejos fantasmas, nuevos retos

La dinámica de reapropiación territorial, vista como algo superado del siglo XX, está resurgiendo sobre proyectos políticos altamente nacionalistas, autoritarios y centralistas. La continua disputa fronteriza ha tomado argumentos en torno al cuestionamiento de viejos acuerdos, la vinculación con determinadas etnias o los derechos históricos sobre regiones geográficas; sin embargo, en la mayoría de los casos, implican intereses de carácter geopolítico como la salida o control mares y el acceso a materias primas.

El caos político que se generó en la Unión Europea por la movilización de 150,000 tropas rusas a su frontera con Ucrania, estuvo marcado por la incertidumbre en torno a las medidas discutidas como fueron: el establecimiento del ultimátum de retiro de tropas, las expulsiones diplomáticas y la posibilidad de sanciones económicas. El “hielo político” que se formó por la espera de la respuesta rusa y la poca claridad de solución tanto de los ministros de Relaciones Exteriores de la UE como del Consejo de Seguridad, son una evidencia de que la gobernanza global y regional sigue sin estar preparada para este tipo de crisis.

Tensiones en Eurasia ¿Una nueva política de la zanahoria y el garrote?
Fuente: Global Trade Review

El potencial de escalada militar, no vista desde la Guerra Fría, debe llevar al cuestionamiento de la Unión Europa y Naciones Unidas respecto a su capacidad real de enfrentar estos actos unilaterales de reivindicación territorial. Recordando que la falta de prevención y disuasión efectiva, frente a estos actos, es lo que terminó con Sociedad de Naciones o mecanismos regionales como lo fue el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca y permitieron la consecución de conflictos armados. 

¿Garrote y Zanahoria?

Tradicionalmente la política de la zanahoria y el garrote ha sido atribuida como una estrategia proveniente de la política exterior estadounidense en regiones como Asia Central o América Latina. Esta estrategia consiste en otorgar beneficios o castigos, de tal forma que se logren obtener y se mantengan las condiciones idóneas para los intereses de un determinado Estado.

Por un lado, podemos observar la generación de “zanahorias” mediante los incentivos de desarrollo y alternativas sociopolíticas que construyen a través de macroproyectos como One Belt One Road o la Unión Euroasiática. La discursiva de prosperidad y beneficios mutuos promueven sus propias instituciones financieras y de cooperación para generar compromisos que más tarde involucran temas más críticos de seguridad.

Pese a que estos proyectos no han mostrado una integración aparente funcionan en paralelo para atraer y profundizar la interdependencia de las economías de los Estados de la región euroasiática. Además, son los instrumentos con el que estos dos países pueden legitimarse, definirse como una alternativa viable a occidente y proyectarse sobre las áreas periféricas de otras regiones.

Por su parte, los “garrotes” consisten en el incremento de inversión y demostraciones de fuerza estatal como los que China está realizando en la costa suroeste de Taiwán, el mar de China Meridional y en toda la región del Himalaya. Mientras que, en el caso ruso, consistiría en el hostigamiento contante que suponen las movilizaciones y ejercicios militares en sus fronteras con Europa Oriental y el Mar del Norte.

Tensiones en Eurasia ¿Una nueva política de la zanahoria y el garrote?
Fuente: Reuters / Charles Platiau

El hecho de que cada uno de ellos no derive en un conflicto armado tiene que ver con cuatro circunstancias fundamentales: el incremento de la interdependencia económica global, que hace que los costos superen los beneficios de un conflicto armado; la funcionalidad de mantener las tensiones para sostener sus proyectos nacionalista; que sus “garrotes” no están lo suficientemente desarrollados para hacer frente a una coalición occidental; y el inherente punto de llegar al principio de la destrucción mutua asegurada con las demás potencias nucleares.

Por las razones anteriores, cada una de estas tensiones en Eurasia tiene pocas posibilidades de escalar y desencadenas un conflicto armado y por tanto deben verse como una estrategia de política internacional que responde al interés de proyección y reconfiguración de los polos de poder por parte de estas dos naciones. Estamos presenciando un viejo principio que ahora se articula y materializa, desde las agendas de China y Rusia, para hacer frente al status quo occidental y en general a la capacidad de la gobernanza global.

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