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Análisis

Paloma Reyes

El patrimonio cultural en el turismo internacional

- La dinámica del turismo mundial integra nuevas concepciones para la creación de productos turísticos alternativos a la oferta turística hegemónica. El turismo cultural contempla ofrecer una experiencia capaz de hacer que el visitante pueda satisfacer su percepción sobre el lugar antes de conocerlo...

La dinámica del turismo mundial integra nuevas concepciones para la creación de productos turísticos alternativos a la oferta turística hegemónica. El turismo cultural contempla ofrecer una experiencia capaz de hacer que el visitante pueda satisfacer su percepción sobre el lugar antes de conocerlo. Además, es posible tener un contacto único con los valores tradicionales e historia locales, haciendo de esta opción, una posibilidad de vivir como residentes.

¿Qué es el patrimonio cultural?

En el discurso tradicional, el patrimonio es sinónimo de historia y cultura. Las comunidades locales encabezan el proceso de reconocimiento y vinculación de ambos conceptos con el patrimonio. El uso político es el más común, ya que en este recae la memoria colectiva sobre el territorio de interés. En cambio, cuando se habla de un uso distinto, es con la intención de su preservación, mucho más allá de su valor identitario.

Una definición clara sobre patrimonio es que está “constituido por todos aquellos elementos y manifestaciones tangibles o intangibles producidas por las sociedades, resultado de un proceso histórico en donde la reproducción de las ideas y del material se constituyen en factores que identifican y diferencian a ese país o región.”

Diversos autores ponen en la mesa la siguiente pregunta: ¿Todo puede ser considerado como patrimonio? En los últimos 30 años, aparecieron diferentes propuestas respecto al patrimonio, mismas que se integraron a corrientes de pensamiento con una visión estratégica universal. Es decir, estas corrientes surgen como una perspectiva alterna en torno al estudio, donde el dinamismo de las comunidades locales interviene para que sus políticas de conservación de los bienes patrimoniales, se adecúen a la evolución del propio concepto.

La continua transformación de las relaciones internacionales en el plano social, político y económico, ha apoyado a que, en el proceso de escenificación de la cultura, surjan múltiples interpretaciones con la opinión de disciplinas como la Antropología, la Historia, la Arqueología, La Filosofía, el Arte, entre otras. Lo anterior va a influir en tres aspectos centrales: el uso, el consumo y la interpretación del patrimonio.

El concepto moderno de patrimonio incluye manifestaciones de la cultura popular, es decir, de elementos indígenas, regionales, populares, urbanos, comunidades tradicionales, lenguas indígenas, artesanías, artes populares, indumentaria, conocimientos y valores característicos de una cultura.

Turismo de cultura

El turismo de cultura es una de las ramas más importantes de este sector económico. Su componente simbólico se vende como una experiencia auténtica y única para los visitantes, que se crea a partir de una percepción individual arraigado al sentimiento de cultura local. Durante este proceso, ocurre una reinterpretación del espacio y territorio en el que los consumidores son el principal objetivo de la demanda comercial, pues son los que tienen el primer contacto con la experiencia. Además, la influencia de la cultura hace que los turistas lleguen al destino con una doble percepción de su visita. Por un lado, la expectativa de llegada sobre lo que pueden encontrar y la realidad del lugar.

Comúnmente se ha usado al patrimonio como sinónimo de cultura. De acuerdo con la Secretaría de Turismo de México, se considera patrimonio cultural al espacio territorial que cuente con monumentos (obras arquitectónicas, esculturas, pinturas); conjuntos (grupo de construcciones aisladas o reunidas con valor universal) o lugares.

De acuerdo con los autores Ritchuie y Zins (1990), existen 12 elementos culturales que atraen a los turistas a este tipo de destinos: las artesanías, el idioma, las tradiciones, la gastronomía, el arte, la música, la historia de la región, los tipos de trabajo de los residentes locales, la religión, los sistemas educativos, la vestimenta y las actividades de tiempo libre.

La incorporación del patrimonio cultural a la actividad turística cumple con tres elementos: ser atractivos, ser aptos y estar disponibles. Los atractivos que motivan el viaje de los turistas radican en la creación de un producto turístico distintivo a los destinos tradicionales como los de sol y playa, que justifique el desplazamiento de las personas.

El turismo, la cultura y el patrimonio se complementan entre sí de acuerdo a la relación entre el entorno físico, social, económico, ambiental, histórico y político ad hoc al lugar en específico donde se practica el turismo cultural. El patrimonio se transforma en producto turístico, definiéndose hegemónicamente como el “sello” local de un país.

Algunos de los beneficios económicos de los destinos culturales son la generación de empleos, la conservación de los espacios declarados como patrimonios, la generación de presupuesto para el mejoramiento del paisaje y espacio, etcétera. La inversión dedicada a la infraestructura cultural se destina principalmente al mantenimiento de la región. Por ejemplo, la facilitación al acceso a los destinos, es decir, el mejoramiento de las vías terrestres como las carreteras y vías principales, así como la instalación de señalamientos claros de llegada al lugar.

La preservación de la calidad como zona de interés turística cultural depende de ser un recurso estratégico para la necesidad del mercado. El beneficio económico es un tema complejo por determinar quiénes son los que más ganan, si la comunidad local que ofrece el servicio turístico, o la dinámica del capital que se beneficia del turismo mundial.

Los visitantes son parte de la cadena exitosa del turismo mundial. En ellos se mide la satisfacción del destino y la rentabilidad de la actividad turística, que se define a partir de la imagen preconfigurada de los consumidores en conformidad al destino patrimonial que se pretende visitar.

A nivel internacional, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) evalúa la capacidad patrimonial natural y cultural de los países a través de la Convención sobre la Protección del Patrimonio Cultural y Natural de la Humanidad. En ella se busca que los países cuenten con políticas públicas relacionadas a la protección del patrimonio y la adquisición de derechos y responsabilidades tanto para las autoridades, la comunidad local y los turistas.

Al mismo tiempo, la UNESCO tiene la facultad de declarar una espacialidad identitaria de un país como Patrimonio Cultural de la Humanidad, que le otorga un nombramiento como destino cultural excepcional con mayor valor comercial. Al término del 2021, México tiene 35 registros en esta categoría, entre los que destacan:

  1. Centro histórico de México y Xochimilco (1987)
  2. Ciudad prehispánica de Teotihuacán (1987)
  3. Sian Ka’an (1987)
  4. Zona de monumentos históricos de Querétaro (1996)
  5. Islas y áreas protegidas del Golfo de California (2005)
  6. Campus central de Ciudad Universitaria, de la Universidad Nacional Autónoma de México (2007)
  7. Reserva de la Biosfera de la Mariposa Monarca (2008)
  8. Valle de Tehuacán-Cuicatlán – Hábitat originario de Mesoamérica (2018)

Implicaciones negativas del turismo de cultura

No todo resulta positivo para el turismo cultural. Si se mira desde una balanza, los beneficios que arroja la actividad turística, tienen un coste simétrico a los impactos socioambientales. Los impactos negativos pueden ir desde la explotación masiva del producto turístico, el incremento en la urbanización de las comunidades locales, la especulación inmobiliaria, etcétera.

La academia, por su parte, es insuficiente. Existe poca investigación al respecto, enfocada en la evidencia científica y de campo acerca de los daños y la alteración del patrimonio cultural. Aun así, el respaldo científico con el que se cuenta proviene de los informes oficiales de la UNESCO y otras instituciones internacionales como la Organización Mundial de Turismo. Entre otras soluciones, estos documentos concluyen en clasificar los impactos negativos al patrimonio cultural en tres categorías:

  1. En zonas y monumentos arqueológicos, arquitectónicos, poblaciones y comunidades tradicionales
  2. En las artesanías y artes populares
  3. En las lenguas, conocimientos, festividades, costumbres y valores tradicionales

Cuando se utilizan recursos naturales locales como atractivo turístico y medio de explotación económico, la comunidad de origen se vuelve receptora de los propios desechos que origina, ya sea contaminación acuática, visual, de suelo, olores, u otras. Los impactos medioambientales provocan que se descuiden los valores, la identidad y normas tradicionales del lugar, debido a los niveles de crecimiento del turismo con la llegada masiva de turistas.

El deterioro patrimonial se puede presentar con o sin visitantes. En ese caso, una medida de prevención de los gobiernos es la de fomentar la cultura de conservación, en la que se especifique entre otros puntos, que el cuidado del patrimonio natural y cultural debe ser una prioridad comunitaria y de interés general.

Conclusiones

La acumulación del capital busca nuevas espacialidades para su aprovechamiento y explotación masiva. En este caso, el patrimonio cultural es uno de los recursos modernos del turismo mundial para obtener más ganancia. Durante este proceso desigual, se dota de nuevo significado al espacio denominado como patrimonio de la humanidad, basándose en los valores del capital, apropiándose de la cultura local con el fin de seguir explotando el lugar.

A pesar de que la práctica del turismo cultural sea una oferta turística demanda, los costes humanos y naturales también son altos. La vulnerabilidad de este turismo (tangible e intangible) se presenta en forma de pérdida identitaria cultural y natural, sobre la representatividad histórica, única y local, ya que se utiliza al patrimonio como justificación para su comercialización y consumo global.

Fuentes

    Coronel, F. (2018). El Patrimonio Cultural como motor de turismo. Entorno Turístico. https://www.entornoturistico.com/el-patrimonio-cultural-motor-de-turismo/

    Espinoza, C. G. (s.f.). El turismo, factor de aprovechamiento y conservación del patrimonio cultural de la humanidad (Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, Ed.). https://repository.uaeh.edu.mx/bitstream/bitstream/handle/123456789/11824/turismo.pdf?sequence=1&isAllowed=y

    Fernández, G., & Ramos, A. G. (2002). TURISMO, PATRIMONIO CULTURAL Y DESARROLLO SUSTENTABLE. Caminhos de Geografia. http://sgpwe.izt.uam.mx/files/users/uami/mcheca/GEOPATRIMONIO/LECTURA6D.pdf

    Pardo, C. H. (s.f.). PANORAMA MUNDIAL DEL TURISMO CULTURAL. Cuadernos PATRIMONIO CULTURAL Y TURISMO, 18, 14–31. https://www.cultura.gob.mx/turismocultural/cuadernos/pdf18/articulo1.pdf

    Ramos, Á. M. L. (2018). Propuesta de acciones para la gestión turística del patrimonio cultural de la Universidad de La Habana: necesaria y viable. Revista Estudios Del Desarrollo Social: Cuba y América Latina, 7(2). https://www.redalyc.org/journal/5523/552362576012/html/

    Santana, A. (1998). Patrimonio cultural y turismo: reflexiones y dudas de un anfitrión. Revista Ciencia y Mar, 6, 37–41. https://www.uco.es/~gt1tomam/master/gestion/santana.pdf

    UNESCO World Heritage Centre. (s.f.). Centro del Patrimonio Mundial. UNESCO World Heritage Centre. Retrieved May 2, 2022, from https://whc.unesco.org/es/list/?iso=mx&search=&


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Reyes, Paloma. “El patrimonio cultural en el turismo internacional.” CEMERI, 8 sept. 2022, https://cemeri.org/art/a-patrimonio-cultural-turismo-internacional-ev.