China, Estados Unidos y la trampa de Tucídides

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La rivalidad global entre China y Estados Unidos ha tomado tal protagonismo en el escenario internacional que puede decirse que una de las principales problemáticas de las relaciones internacionales y de la política exterior son las relaciones entre estas dos potencias. Se trata de una competencia multifacética y compleja puesto que ambos países, usualmente, no son ni aliados ni rivales.

Por una parte, el gobierno estadounidense percibe a la China continental como una potencia ascendente que aspira a disputar la supremacía mundial. No obstante, no lo considera como un adversario, sino como un competidor en diversas áreas –tal como lo es en el frente económico y tecnológico o, de mayor importancia, en el campo de la influencia internacional– y como socio en otras –por ejemplo en la esfera comercial, siendo el socio número uno del gigante americano y viceversa. A pesar de esto, existen desasosiegos perennes en relación al manejo de la democracia en el gobierno de Pekín y, sin lugar a dudas, referente a las acusaciones de constantes atropellos a los derechos humanos.

Al mismo tiempo, se observa una China imparable que se acerca paulatinamente a Estados Unidos que parecía prácticamente inamovible de su lugar de potencia hegemónica. Al parecer, China no está dispuesta a reducir sus ambiciones y tiene un objetivo claro: desplazar a Washington de su preponderancia en el Pacífico. El gigante asiatico ha alcanzado en los últimos años el reconocimiento de ser una potencia mundial “emergente” o “en ascenso”; llegando a posicionarse como el principal socio en materia económica de la mayor parte de países del mundo, incluyendo numerosos aliados tradicionales e históricos de los Estados Unidos.

Las relaciones chino – estadounidenses presentan características que son posibles de entrelazar con numerosos paralelos históricos. Uno de ellos es la histórica Guerra del Peloponeso, en esta, Tucídides (460 a.C. – 395 a.C.), un soldado ateniense y cronista de la Antigua Atenas, Grecia; participó en tal magno evento relatando posteriormente en una obra memorable redactada en el 400 a.C. bajo el título de Historia de la guerra del Peloponeso (trad. en 2015). Esta guerra se ha justificado bajo la noción de su “inevitabilidad” debido al ascenso paulatino de Atenas, la cual fue inculcando de esta forma un temor creciente en Esparta. Por tanto, la causa verdadera del conflicto la constituye el hecho de que los atenienses, al hacerse poderosos e inspirar miedo a los espartanos, obligaron a éstos a desatar la guerra.

El concepto o teoría conocido como la “Trampa de Tucídides” fue creado por el politólogo estadounidense Graham Allison en el año 2015, con el objetivo de analizar las relaciones de competencia entre los Estados Unidos y China (Allison, 2017). Sin embargo, es necesario recordar que se trata de una vasta teoría que explica la relación entre una potencia hegemónica en declive y otra potencia en ascenso. Según este planteamiento, la tensión entre ambas potencias podría conducir a una guerra de corte mundial en la que la gran potencia, o bien venza y asegure su primacía, o bien pierda y sea reemplazada por la potencia en ascenso. Una extrapolación de tal situación a nuestra actualidad estaría simbolizada por una nueva Atenas representada por China, la cual desafía al poder en declive de la nueva Esparta, los Estados Unidos.

Como explicó Tucídides acerca de que “la realidad objetiva del impacto de un poder en ascenso sobre un poder gobernante es un problema suficiente” (trad. en 2015). Pero al respecto, en el mundo real, estos hechos objetivos se perciben subjetivamente, magnificando las percepciones erróneas y multiplicando los errores de cálculo. Cuando un competidor sabe cuál es el motivo real del otro, cada acción se interpreta de manera que confirme ese sesgo, es decir, de una u otra manera, los pasos en el análisis de esta competencia son primero en la identificación mutua de los competidores, luego conocer y evaluar cada forma de actuar dentro del plano internacional y finalmente determinar las estrategias de cómo operaran en defensa o búsqueda de sus objetivos.

Además, es posible identificar una serie de capas de intereses centrales por parte de China comenzando con la supervivencia del régimen. En primer lugar, respecto a los casos de Taiwán y Singapur, podemos observar la formación temprana en marxismo que todavía influye en la visión del mundo de Xi Jinping, pues el Partido Comunista de China se ha reencontrado con Marx. Pero el marxismo de Estado del primer mandatario es un intento unificar a la población detrás de una ideología nacionalista, y no de inspirar la lucha de clases en un contexto en el que China se transformó en una potencia global. Recordemos que China se puso de pie bajo Mao Zedong, se enriqueció bajo Deng Xiaoping y se está volviendo paulatinamente poderosa bajo Xi Jinping. Posteriormente, en Silicon Valley se dirigió la atención mundial a la esfera de la alta tecnología como el nuevo frente de batalla de la competencia entre Estados Unidos y China, invitándonos a considerar las ramificaciones de una guerra tecnológica en toda regla como una especie de lucha para asegurar las alturas dominantes de las nuevas tecnologías que lleguen a impulsar o a destruir las economías del siglo XXI. De igual forma, en Yakarta se analizó cómo la rivalidad estratégica emergente afectará de sobremanera al sudeste asiático, fundamentalmente a los países en desarrollo. 

En medio de este debate, hay que tener en mente que los líderes de China han concluido sombríamente que sus propias sospechas de larga data se han confirmado: la guerra comercial se considera simplemente un instrumento más en una campaña integral para contener a China. Acrecentando, las métricas objetivas sobre el aumento de un Estado en relación con otro, un factor importante en el análisis es la percepción subjetiva. Por lo tanto, a medida que se reúne los criterios de medición del poder nacional y los mejores datos históricos relevantes para estas métricas, también estamos explorando formas de evaluar cómo los cambios objetivos se reflejan en las percepciones subjetivas del poder. Asimismo, la hipótesis de la trampa de Tucídides no hace ningún reclamo sobre un momento en el que es más probable que ocurra la guerra. La dinámica Tucídideana está presente durante el ascenso, en el punto de paridad y después de que una potencia ha superado a otra.

Finalmente, la variable en este estudio es un cambio rápido en el equilibrio de poder (una correlación de fuerzas) entre un poder gobernante importante y un rival en ascenso que podría desplazar por el hecho de que puede estar en una zona geográfica o en un dominio particular. En suma, es ineludible que se trata de una relación profundamente compleja. De hecho, aún habiendo otros casos que permiten establecer un paralelismo con la Guerra del Peloponeso y la dinámica de enfrentamiento entre dos potencias, lo cierto es que la competencia entre ambos Estados presenta características singulares a tal grado que no tiene precedentes históricos, por lo que es difícil saber si la economía más grande y la democracia continua más antigua, como es la de Estados Unidos, pueda coexistir felizmente con la segunda economía más grande y la civilización continua más antigua, como la es la de China. Por lo que debemos estar al tanto de los debates que genera esta compleja relación y, a la vez, contribuir a clarificarlo de una u otra forma.

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Allison, G. (2017). Destined for War: Can America and China Escape Thucydides’s Trap? Boston, New York: Houghton Mifflin Harcourt.

Tucídides. (400 a.C. trad. en 2015). Historia de la guerra del Peloponeso. Barcelona: Juventud.

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Con cerca de 4 millones de refugiados sirios a lo largo de su territorio, Turquía actualmente es el país con más refugiados en todo el mundo. A pesar de que a lo largo de su historia ha enfrentado otros movimientos migratorios, la crisis de refugiados sirios supone un desafío social y económico de gran escala.

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